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¿Puede Podemos llegar al Poder?

Naturalmente que puede. Y vamos a explicarlo.

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Izquierda Unida acaba de ungir como sustituto de Cayo Lara a Alberto Garzón, un profesor de economía de 28 años cuyo programa político se reduce a un punto: ser como Pablo Iglesias II, o sea, III. En las pasadas elecciones europeas IU pasó de uno a seis escaños, consiguiendo un millón y medio de votos. Un cuarto de millón y cinco escaños más que Podemos, o sea, Pablemos, porque nunca un partido se ha presentado en las urnas con la cara del líder como bandera, al menos antes de ganar; al filo o tras la victoria lo hicieron muchos: Lenin, Mussolini, Hitler, Gadafi, Castro, los Kim o los Chávez, en cuya dictadura venezolana se doctoraron estos comunistas bolivarianos de la Complutense.

Pero si IU ha ganado los mismos escaños que ha obtenido Pablemos, y le supera en un cuarto de millón de votos, ¿por qué la renovación del viejo partido comunista pasa por crear un bis, un monederín, un errejoncillo y no un Pablo Iglesias del auténtico Partido Comunista? Se dirá que Iglesias, Monedero y Errejón también son comunistas, curtidos en la dictadura de Venezuela, que llegan a la política sin pasar –que sepamos- por el Partido Comunista. Pero esa falta, que Fidel Castro subsanó gracias al carné de su hermano Raúl, es un mero error de pasaporte en una Izquierda Unida que, aunque gane en votos a Pablemos, se considera sin legitimidad política al lado de las revoluciones comunistas de verdad. Y hace ya mucho tiempo que el PC en España dejó de ser eurocomunista o simplemente europeo. Su Iglesia ya no es Moscú, ni Pekín, ni Pyongyang sino La Habana o Caracas.

La clave es la legitimidad

Izquierda Unida está tan absolutamente corrompida como el resto de la casta política española –más, porque, amén de compartir los despojos del CGPJ, en Andalucía comparte con el PSOE poder y corrupción desde hace muchos años-, y precisamente porque el discurso de Podemos se basa en la crítica a la casta política, Izquierda Unida se rendirá sin lucha y aceptará el liderazgo de los nuevos comunistas. Igual que los comunistas cubanos fieles a Moscú y hostiles a los aventureros de Sierra Maestra acabaron prestando siglas y obediencia a los Castro, nuevos representantes del Kremlin en el Cuba, a sólo 80 millas de Estados Unidos.

Si Moscú o Pekín existieran aún como Meca del comunismo internacional, el paso siguiente de IU y Podemos sería unirse en un solo partido comunista. Pero como la referencia internacional es bolivariana, léase dispersa, y cada partido es un movimiento que busca el poder a partir de sus propias bases sociales o raciales –es decir, como se ha vuelto al guevarismo de los 70-, lo normal es que el PC, base de IU, se subsuma en Podemos, que es la nueva fuerza roja pero que para no debilitarse debe conservar el estilo emotivo y despeinado del 15M, que es, con el Che y el gorilato venezolano, su fuente de inspiración, la base de la que, según el primer estudio sobre el fenómeno Podemos (John Muller et al. "Deconstruyendo a Pablo Iglesias") partieron estos revolucionarios profesionales que, como los primeros leninistas, no vienen de la clase obrera, a la que detestan por su reformismo como el propio Lenin a los sindicatos socialdemócratas, sino de la pequeña burguesía intelectual. Como Trotski o Bujarin. Como Pol Pot. Como Nin, Gorkin y Maurín antes de Stalin; y como Alvaréz del Vayo, Araquistáin, Constancia de la Mora y Margarita Nelken, faros del largocaballerismo, después.

Con la organización de Izquierda Unida, no hay duda de que Podemos ya puede ganar en las urnas al PSOE. Pero si a Podemos e IU se le añade la organización del PSOE, la Izquierda puede llegar al Poder, naturalmente que sí, el año que viene. Y para quedarse. Porque no estaríamos ante una alianza de izquierdas cuya base fuera el centro, el PSOE, sino ante un Frente Popular al estilo clásico de los años 30, cuya núcleo de poder real, no siempre visible ante la gente, y cuya organización sindical y territorial, intimidatoria si no violenta, fuera como la cubana de los CDR que ya han copiado los "círculos" de Podemos.

Cómo relegitimar una casta dirigente

¿Y está el PSOE en situación de disolverse y convertirse en la masa electoral que necesita para llegar al Poder la Izquierda revolucionaria? Léase el análisis de Victoria Prego hoy en El Mundo sobre los aspirantes a rescatar el partido del arroyo, o sea, de Rubalcaba: "Ni líder ni programa". Madina y Sánchez compiten en nulidad ideológica, en sumisión a "lo que diga la calle", o sea, lo que en las cadenas de Berlusconi y Lara, que luchan por tener en exclusiva a Pablo Iglesias, dice Pablemos que dice la calle. El único obstáculo para que Podemos-IU fagocite a los electores del PSOE son los propios dirigentes socialistas, los candidatos en menos de un año a las municipales y autonómicas, que con Podemos e IU –veremos qué hace UPyD- presagian un mapa de poder local y regional rojo hasta la médula, como no se veía desde los primeros 80, cuando el PSOE se quedó con todo.

Que Madina y Sánchez están por congraciarse con Podemos es tan evidente como en el caso de Alberto Garzón, el Pablo Iglesias de Izquierda Unida. Y de congraciarse a pactar hay medio paso, el otro medio es limpiar su origen de casta infecta, parias morales, hienas del Presupuesto, que sólo se les perdonará si Podemos los unge con las aguas del jordán revolucionario. De esa forma, los socialistas, como los de IU, matarían en realidad dos pájaros de un tiro: conservarían el cargo, serían perdonados por sus raíces corruptas y entrarían bajo palio en el nuevo pontificado rojo de Pablemos. Es decir, que seguirían teniendo una vida privilegiada merced al dinero público y se permitirían aún más irregularidades que ahora, porque la nueva legitimidad revolucionaria permite un uso totalmente ilimitado de la discrecionalidad. Vamos, que seguirían en el machito y además se dedicarían a perseguir y machacar a la Derecha, que tras el del hurto, es el mayor de sus placeres.

El separatismo, con la izquierda revolucionaria

La única posibilidad de supervivencia del PSOE sería que no se quedara recluido en su finca andaluza, esperando que escampe el podemismo, sino que, con un nuevo líder, se presentara como alternativa real al separatismo que este otoño va a poner abiertamente en jaque el régimen constitucional español de 1978. Pero no hay más que ver al PSC y al PSE para comprobar que la disolución ideológica sólo es comparable a la que, tras las elecciones municipales, se atisba en la patrimonial. Y el Todos Podemos, que sería el Podemos ampliado, el Frente Popular Revolucionario, se presentaría en las elecciones generales dentro de año y medio con un pacto en el bolsillo: el que, de hecho, ya han firmado socialistas y comunistas: permitir, mediante referéndum, la separación de Cataluña y el País Vasco, amén de Navarra.

Se consumaría así el proyecto de Segunda Transición denunciado por Mayor Oreja cuando Zapatero empezó, con el aval de la Corona, su estrategia de pactos con la ETA y el nacionalismo catalán. Nada ha hecho el PP que nos permita suponer, sin calumniarlo, que se opondrá al turbión revolucionario. Al contrario: el arriolismo montorista y rajoyano que hoy describe García Abadillo seguirá ahondando en una línea socialdemócrata de ruptura con sus bases sociales pero que les permita presentarse en las encuestas como un Gobierno, ya sin partido, moderado y de centro bastante progresista. Como el resto de España, va a progresar, muy adecuadamente, hasta el cementerio de la Complutense, Capilla Sixtina del Pabloiglesiato.

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