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Guerra santa, hambre santa

Ni una palabra dicen nuestros "progres" de la genocida actitud de los islamistas que, además de declarar santa la guerra que genera esa hambruna, niegan la existencia de la misma e impiden la ayuda humanitaria de los infieles occidentales.

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Denunciaba hace un par de días David Torres en El Mundo el escaso eco mediático que está teniendo la atroz hambruna que sufre Somalia comparado con la atención que las portadas de los periódicos están brindando a noticias como la ola de vandalismo que asola Londres, el desplome de la Bolsa o la inminente visita del Papa a Madrid. Su denuncia habría quedado en una metafórica y original aplicación al periodismo de la teoría especial de la relatividad si no fuera porque, en lugar de culpar de los periodistas de esa dispar atención, la atribuye al hecho de que "Somalia pilla muy lejos para el Vaticano, la OTAN, la ONU y la madre que los parió".

Y es que, en un párrafo anterior, en el que el periodista ya parecía más molesto con la visita del Papa que con la indiferencia hacia ese inmenso cementerio en el que, ciertamente, se está convirtiendo el país africano, Torres nos hablaba de "la noticia del enésimo peregrinaje papal a España, los gastos que va a generar el festejo, los ingresos que va a producir, las lecciones de moral que Benedicto XVI va a traer a millones de jóvenes orondos y satisfechos, mientras que un rincón perdido del planeta del que nadie quiere acordarse está a punto de quedarse sin jóvenes ni niños: un inmenso cementerio africano que no aparece en los telediarios frívolos del verano ni en los mapas celestiales de la caridad".

Para empezar, si hay un líder religioso que ha dado la voz de alarma y pedido ayuda internacional para Somalia es Benedicto XVI. La denostada Iglesia Católica lleva desde hace años brindando ayuda a ese país de inmensa mayoría islámica, donde sacerdotes, monjas y miembros laicos de organizaciones de denigrada "obediencia vaticana" como Cáritas no sólo han dedicado su vida, sino que la han perdido a manos de islamistas radicales que, no sólo han negado y siguen negando la espeluznante gravedad de la situación, sino que impiden que la ayuda humanitaria llegue a sus destinatarios.

Ha sido el grupo islamista Al Shabaab, vinculado a Al Qaeda y que controla el sur de Somalia y algunas zonas de Mogadiscio, el que ha rechazado la declaratoria de hambruna de Naciones Unidas y el que ha contribuido a generarla por su enloquecido y "santo" empeño de mantener puro ese "hogar del Islam". Es ese "clima de Jihad", tanto o más que el de sequía, el responsable de tan extrema situación de carestía. Prueba de ello, tal y como el GEES denunciaba hace un mes en nuestro periódico, es que, a diferencia de la Somalia islamista, otras regiones afectadas por la carestía de lluvias, al norte, y en Kenia y Etiopía, han resistido mejor, sin caer en la hambruna.

Pero, mira tú por dónde, ahora nos sale David Torres arremetiendo contra el Vaticano, la OTAN, la ONU y la madre que los parió. Más que llevar alimentos a los somalíes parecería que Torres quiera arrojar piedras contra los occidentales. Ni una palabra dice de la genocida actitud de los islamistas que, además de declarar santa la guerra que genera esa hambruna, parecerían estar dispuestos a declarar también santa al hambre misma si es el precio que hay que pagar con tal de mantener alejados a los infieles. Ni una palabra dice tampoco de los llamamientos del Papa a socorrer a Somalia; llamamientos que, antes que Torres, reiteraba hace unas semanas el cardenal Rouco Varela en Aranjuez, precisamente en un acto dedicado a la organización de la Jornada Mundial de la Juventud.

Torres prefiere, sin embargo, hacer demagogia con el "festejo", "sus gastos y sus ingresos", sin olvidar su despectiva referencia a "las lecciones de moral que Benedicto XVI va a traer a millones de jóvenes orondos".

No sé si todos esos jóvenes estarán orondos, pero, desde luego, son precisamente esas lecciones de moral cristiana las que han llevado a muchos católicos a Somalia y muchas otras partes del mundo a brindar ayuda a los más necesitados, sin importar su raza o su religión. Esas mismas lecciones de moral son las que han llevado al denostado Vaticano a abrir y sostener, sólo en África, 12.496 escuelas maternas, 33.263 escuelas primarias, 983 escuelas secundarias, 1.074 hospitales, 5.373 dispensarios, 186 leproserías, 753 casas para ancianos, enfermos crónicos y minusválidos, 979 orfanatos, 2012 jardines de infancia y más de 1200 instituciones de ayuda humanitaria. Y, desde luego, si esas denostadas lecciones de moral que el Papa nos viene a dar estuvieran bien aprendidas dudo mucho que se diera esa indiferencia mediática hacia la tragedia de Somalia que a David Torres tanto le parecía molestar.

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