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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

¡Que se vayan!

Javier Pradera, su orinal Miguel Ángel Aguilar, Alfonso Guerra y muchos más han celebrado con entusiasmo el 25º aniversario de la victoria del PSOE en las elecciones de octubre del 82. No estoy totalmente convencido de que tanto culto a la personalidad de Felipe González entusiasme a su zapaterito gubernamental. Pero también es cierto que Z no ha suscitado unanimidad en torno a su persona y su política, y hasta ha provocado el nacimiento de dos nuevos partidos, o fetos de partido. Sea como fuere, cuanto más disputen y se muerdan las pantorrillas, mejor. Lo importante es que pierdan las próximas elecciones. ¡Que se vayan!

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No insistiré sobre la imbécil y reaccionaria propaganda que afirma que Felipe González "transformó" España. ¿Qué pasa, que Adolfo Suárez y José María Aznar no hicieron nada? De hecho, hasta habría que preguntarse si José Luis Rodríguez no ha "transformado" también España; pero en este caso para mal, para romperla.
 
Yo, que no espero nada de nadie, lo cual es lo que más se aproxima a la objetividad, diré que González tuvo el mérito de expulsar el marxismo de los estatutos y el programa del PSOE, siguiendo el ejemplo de su maestro Willy Brant. Tuvo el mérito, después de dudarlo, y con mucha confusión de por medio, de mantenernos en la OTAN, empresa que acometió en principio Leopoldo Calvo Sotelo, durante su breve paso por la jefatura del Gobierno. Y tuvo el mérito de hacer participar, desde luego muy simbólicamente, a las tropas españolas en el primer acto de la guerra de Irak.
 
Por cierto: a los que despotrican contra Aznar y hasta le tratan de asesino por haber participado, muy simbólicamente también, en el segundo acto de la misma guerra debería caérseles la cara de vergüenza. Cuando se trataba de González, era una lucha por la democracia; cuando se trataba de Aznar, un crimen contra la Humanidad. Pues no. Pero, claro, siguen considerándose los antropófagos de la verdad y los dueños de la razón dialéctica.
 
Cabe preguntarse, al ver tantos himnos a la genialidad de Felipe González, que "transformó" España, por qué éste no se presenta a unas elecciones, como candidato a la Presidencia del Gobierno o como candidato a lo que sea. Pues por la sencilla y nauseabunda razón de que está en "libertad condicional", ya que el pacto (iba a escribir "secreto", pero es un secreto a voces) con el Rey y sus consejeros era el siguiente: no sería procesado, no iría a la cárcel, pero, a cambio, no ejercería el menor cargo de responsabilidad política. No sería presidente del Gobierno, ni ministro de nada, ni secretario de Estado para el Turismo, vamos.
 
Dicho pacto explica por qué, pese a sus hinchas, González no ha vuelto a ser candidato a nada. Sin duda que Su Majestad, cuando está en Damasco, pongamos, para declarar oficialmente que "España apoya la política de paz de Siria en Oriente Próximo" (¡!), prefiere que no haya ex presidentes del Gobierno en la cárcel.
 
Estos señores y sus orinales que nos dicen que González fue el mejor, el Benefactor de la Patria, el Führer de los descamisados, el fundador de la democracia española, olvidan o fingen olvidar que, debido a los asesinatos del GAL, a los negocios y el dinero sucios, a la corrupción estatal, en una palabra, la libertad del buen señor –que se enteró de todo "por la prensa"– pende de un hilo, de que si salen a relucir los "papeles del Cesid" irá a la cárcel. Vistas las cosas así, o sea, teniendo en cuenta la realidad, la propaganda a favor de González no tiene el menor sentido: es como si quisieran que fuera elegido triunfalmente un muerto. Porque Felipe González es un muerto político.
 
A menos, a menos que sepan que el Rey, cada vez más amigo de hacer favores a los sociatas, sus consejeros y vete a saber quién más hayan logrado destruir todas las pruebas del Cesid y logrado así blanquear a González. Entonces podría presentarse a las próximas elecciones contra Rajoy, pero también contra Zapatero y, subsidiariamente, contra Fernando Savater y Rosa Díez.
 
Zapatero.Si esto fuera posible, arrasaría, o cuando menos es muy probable que lo hiciera. Cualquiera es mejor que Zapatero, hasta Rajoy. Pero no creo que pudiera evitarse totalmente el escándalo, pues no todos los medios están en manos de Prisa.
 
Con todo, tengo mis dudas. Porque, habida cuenta de la nostalgia, del apego al pasado, a la leyenda embustera de ese pasado, de nuestros progres, sin ideas ni proyecto de futuro, puede que esta histérica celebración de la victoria de Felipe González en 1982 no sea más que eso, un entierro. Aunque implícitamente se note, siempre en el terreno de la nostalgia, este lamento: "¡Qué bueno fue González, y qué malo es Zapatero!".
 
En este sentido, me divirtió muchísimo que Javier Pradera, que dedicó buena parte de su vida militante a despotricar contra los "socialtraidores", se haga ahora el bardo del PSOE, de su historia, y afirme que éste es y fue el único partido democrático español, y exalte la figura de sus dirigentes, la de Francisco Largo Caballero como la de Juan Negrín. Bueno, tratándose de Negrín, es lógico: éste fue un hombre de Moscú durante nuestra guerra civil, y si se arrepintió fue después, en Londres.
 
Estaba escribiendo esta crónica cuando conocí el fallo discutible y discutido sobre los atentados de Atocha. Ya sabíamos que nuestra Justicia sufre una enfermedad crónica, que es presa de la "partidocracia" y carece de independencia. El hecho de que sean los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, quienes quiten y pongan reyes, o sea, nombren a magistrados, jueces y fiscales, está visto que no garantiza la susodicha independencia.
 
Pero yo no soy jurista, ni he estudiado Derecho, y no voy a proponer soluciones mágicas, ni siquiera realistas. Ahora bien, en cuestiones de prensa y política me siento tan capacitado como cualquiera, y digo que el editorial de El País de este primero de noviembre, que no lleva firma pero está tan mal escrito que bien pudiera haberlo redactado el académico Cebrián, no sólo rezuma un odio pavoroso, sino que considera que los culpables de dichos atentados, los terroristas asesinos, somos nosotros, o sea el PP, El Mundo, la COPE y Libertad Digital, y que el Tribunal nos ha, felizmente, condenado a muerte.
 
¡Que se vayan!

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