
Y la verdad es que la misión de las Fuerzas Armadas españolas en Irak estuvo amparada por tres resoluciones de Naciones Unidas –la 1441 de 2002, la 1483 de 2003 y la 1511 de 2003- como reconoce el propio José Bono.
La misión de las Fuerzas Armadas españolas estaba, en consecuencia, plenamente amparada por Naciones Unidas, al contrario que la Operación Golfo Pérsico a la que el Gobierno de Felipe González envió una fragata sin el aval de la ONU. Y muy diferente que los bombardeos de la Alianza Atlántica contra Servia en la crisis de Kosovo. Operación que mandó otro socialista español, Javier Solana, al frente entonces de la Secretaría General de la OTAN, y que tampoco tuvieron la pertinente autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Sería por tanto exigible a los amnésicos socialistas españoles no sólo un poco más de rigor, sino sobre todo un poco menos de hipocresía.
Aznar dice la verdad cuando afirma que nuestros soldados en Irak no fueron a una misión de combate, sino humanitaria en una primera fase y de estabilización y seguridad con posterioridad. Así, lo reconoce el Real Decreto al que nos hemos referido cuando afirma que "la primera operación de Ayuda humanitaria fue autorizada mediante acuerdo del Consejo de ministros de 21 de marzo de 2003, que autorizó el despliegue en Unm Qasar del buque Castilla y diversas unidades de apoyo". Se trata precisamente del mismo buque que acudirá ahora a Haití en misión humanitaria con casi 500 efectivos a bordo. La segunda misión fue el despliegue de la brigada multinacional Plus Ultra en la zona central de Irak, en una misión de estabilización y seguridad absolutamente equivalente en su naturaleza y desarrollo a la que hoy desempeñan, con mayor número de efectivos, los soldados españoles en Afganistán.
Los españoles pueden estar muy orgullosos del papel desempeñado por las Fuerzas Armadas españolas en Irak, como de todas las misiones en las que han participado, contribuyendo a que ese país pudiera alcanzar algún día la paz y la libertad que anhela su pueblo. El Partido Popular no tiene nada de que avergonzarse de un Gobierno que actuó de acuerdo con la legalidad internacional, defendiendo como únicos principios la democracia y la libertad y a favor de los legítimos intereses de España. Los únicos que deberían avergonzarse son quienes protagonizaron una de las retiradas más humillantes de nuestra historia militar y dañaron con ello gravemente el prestigio de España frente a nuestros principales socios y aliados.
