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Agresión a Aguirre

La semilla de la crispación y la violencia

Lo sucedido en la mañana del lunes a las puertas del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco es la demostración, para quien no se niegue a verla, de la diferente fe que poseen unos y otros en el Estado de Derecho. La agresión que ha sufrido Antonio Aguirre, miembro del Foro Ermua, en los exteriores del Tribunal el día en que Otegi e Ibarretxe se sentaban de nuevo en el banquillo certifica la incapacidad que padecen nacionalistas "moderados" y batasunos para creer en la libertad, la democracia y el respeto a quienes piensan de forma distinta. Esta agresión es un claro ejemplo de los extremos a los que son capaces de llegar quienes están obsesionados por destruir todo rastro de pluralidad y diversidad en la sociedad en la que viven.

Pero esto no ha sido todo lo que nos ha deparado este lunes. Por la mañana, el Fiscal General del Estado, en la emisora amiga de los socialistas, ha descalificado al Partido Popular diciendo que saca a los falangistas a las manifestaciones callejeras, en plena consonancia con las palabras de su jefe último, Polanco, la semana pasada. Por su parte, el ministro de Justicia reconocía en TVE que el proceso de rendición sigue en marcha, para añadir a continuación que la actitud del PP le daba mucho miedo, tal y como dijo Polanco en la junta de accionistas de PRISA. Y, por supuesto, como todos los lunes, Blanco dedicó su diatriba a insultar con su habitual trazo grueso al PP y a sus militantes... y a defender a PRISA del "boicot" de los populares. Parece que no existe personaje en el Gobierno o el PSOE que abra la boca sin aprovechar para rendirle pleitesía a don Jesús.

Nada sucede por casualidad. Todo esto es el resultado final de la crispación que se está fomentando desde el Gobierno. Son los efectos de una política que ha puesto en marcha el "todo vale", que ha dado luz verde a la agresión dialéctica contra el PP, una actitud que ha terminado derivando en la agresión física hacia aquellos que, aunque no formen parte de las filas populares, como es el caso de Antonio Aguirre, se atreven a discrepar con Zapatero y los suyos. Lo de este lunes es el resultado de la siembra de violencia verbal que ha llevado a cabo durante meses el Gobierno y el PSOE y cuyo único abono es la transmisión de un mensaje que contrapone una imaginaria maldad y un supuesto extremismo del Partido Popular frente a un mundo virtual y color de rosa en el que vive Zapatero.

Estamos donde estamos por culpa de un Gobierno incapaz de gobernar, incapaz para la gestión, arrinconado por sus propios errores y sectario hasta límites insospechados. El Ejecutivo de Zapatero está llevando a la sociedad española al límite del precipicio, en una carrera hacia la radicalidad de difícil explicación y de imposible justificación.