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Columna publicada el 21-01-2004
Son torpes como pocos. Se les ve venir desde lejos. Ya han aparecido en escena los encargados de desbrozar el terreno a José Luis Rodríguez Zapatero. Los elegidos han sido Ramón Jáuregui y Javier Rojo, quienes, dejándose llevar por unos supuestos nuevos vientos del Partido Nacionalista Vasco, han comenzado a suavizar el mensaje político de los socialistas vascos.
A Jáuregui le ha faltado tiempo para comentar "muy positivamente" las primeras declaraciones del sustituto de Javier Arzallus. Para este socialista, caracterizado por ser una veleta de la política, y que ha jugado con fuego en muchas ocasiones, en las primeras palabras de Josu Jon Imaz se perciben matices importantes de un cambio de talante. Añade que "las personas no cambian las políticas", pero que hay nuevos aires en el líder nacionalista.
Y a Rojo no se le ocurre otra cosa que decir que, si el PSOE gana el 14 de marzo, habrá un "giro distinto" a las relaciones con los nacionalistas; para concluir, ante el asombro general, diciendo que la clave es que ya no existe Batasuna. En fin, pocos comentarios a tanta estupidez.
Estos dirigentes socialistas, perdidos para el sentido común de la política vasca desde hace tiempo, buscan cualquier excusa para recoger las velas de la valentía. Han recurrido a lo de siempre: a la demagogia más burda y barata. Ramón Jáuregui dice que hay que dejar la letra grande y fijarse en la letra pequeña. Según él, ésta es la forma de salir de los bloques y trincheras. Sinceramente, no es fácil entender cómo se puede perder así la cabeza.
Por su parte, Javier Rojo se ha olvidado de golpe y porrazo de las víctimas del terrorismo –muchas de ellas, del Partido Socialista–, que parece que ahora no le interesan lo más mínimo. Con esta actitud cobarde y pusilánime, van pidiendo perdón por las esquinas, como avergonzados de que muchos militantes socialistas hayan dado la vida y estén dando la cara por la democracia y la libertad en el País Vasco. Con una actitud deplorable, se sienten más cerca de los nacionalistas, que pasean tranquilamente por las calles del País Vasco, que de los socialistas que llevan años conviviendo con los escoltas. En fin, estos socialistas con estas actitudes se muestran como auténticos conversos del nacionalismo de Estella, y se han lanzado sin tapujos a preparar el camino a Zapatero. ¡Qué mensaje tan diferente al mensaje del PSE en la época de Nicolás Redondo Terreros!
Estamos ante la voladura de los puentes del sentido común en el socialismo español. Primero, han lanzado a Jáuregui y a Rojo como la avanzadilla de la nueva actitud de los socialistas: renegar sin escrúpulos de los principios constitucionales y renunciar sin pudor a su trayectoria. Después de escuchar a Jáuregui y Rojo, no hay que ser muy brillante para saber que el próximo que entrará en esa dinámica será el propio Rodríguez Zapatero. El Partido Socialista, en pleno derribo ideológico, se prepara para su próxima batalla del desastre: el País Vasco. Si nadie no lo remedia, no tardaremos mucho en verlo.

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