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Columna publicada el 14-07-2006
El Ejército español destinado en Afganistán está en guerra. Algo que, por cierto, tampoco puede extrañar a nadie, entre otras cosas porque un ejército no es una ONG, por mucho que el Gobierno Zapatero se empeñe en disfrazar una realidad que sólo existe en su imaginación.
Desde hace mucho tiempo Zapatero se ha envuelto en la bandera del pacifismo vacío y demagogo. Lo hizo con la guerra de Irak, utilizando toda la artillería mentirosa a su alcance. Nada más llegar a La Moncloa sacó por la puerta de atrás a las tropas españolas de Irak en un gesto de irresponsabilidad que incluso fue muy criticado desde dentro de su propio partido. Una "espantada" con enormes repercusiones internacionales de las que todavía no nos hemos repuesto; una "huida" que en definitiva ha provocado en el ejército español uno de los mayores ridículos de nuestra historia.
Ahora, dos años después, el ridículo continua y las mentiras también. El Ejército está desarrollando desde hace tiempo una labor encomiable en un lugar de alto riesgo en Afganistán, donde las acciones terroristas están a la orden del día. Algo normal para los militares. Pero con este Gobierno todo está fabricado al revés. Ahora resulta que ser militar, estar destinado en Afganistán y colaborar con la coalición internacional para luchar contra el terrorismo internacional es un pecado inconfesable que no se debe reconocer. Los militares españoles –por orden inflexible de Zapatero– tienen la obligación de esconderse. No puede reconocer su trabajo puesto que distorsionan esa imagen pacifista de un presidente trasnochado, cobarde y empeñado en sus intereses personales.
Desde hace meses el Ejército está en medio de una guerra. Y el Gobierno lo oculta incapaz de reconocer el valor, la profesionalidad y la seriedad de los militares españoles. Están escondidos y nadie les reconoce su valor y sus servicios. El pasado mes de agosto murieron 17 soldados, el Gobierno todavía no ha aclarado las causas de aquellas muertes. Después han sido frecuentes los ataques, certificados con partes oficiales, que el Gobierno ha ocultado. El pasado sábado moría un soldado en un ataque terrorista que en un principio pretendían llamar incidente. Y ahora nos enteramos que los helicópteros que fueron en su ayuda también fueron atacados. Además Zapatero ha pretendido celebrar un funeral casi a escondidas para el soldado muerto en acto de servicio.
En fin, estamos ante una nueva mentira del Gobierno. Una mentira tozuda, sistemática y constante. El Ejército está en guerra, los militares españoles en Afganistán se encuentran en permanente estado de emergencia y alerta; aunque Zapatero nos haga creer que están poniendo tiritas a los habitantes de la zona. El Ejército se encuentra defendiendo a los afganos del terrorismo internacional y, por lo tanto, vive inmerso en el peligro. Una cuestión que, por otra parte, es lo normal en el trabajo de los militares. ¿Alguien se imagina que un médico tenga que ocultar que opera? Pues no. Zapatero es cobarde, eso ya lo sabemos, pero que, al menos, no haga sentirse de la misma forma a los centenares de militares españoles que están cumpliendo con su deber en Afganistán, satisfechos de ser útiles a la sociedad.

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