por José Carlos Rodríguez

Richard Perle acumula una larga experiencia política, de la que ha pasado dos décadas, de 1960 a 1980, como miembro de la oficina del Senado de los Estados Unidos. Se doctoró en Política por la Universidad de Princeton y con la llegada de Ronald Reagan al poder en 1981 pasó a ser adjunto al Secretario de Estado para la política exterior de seguridad, cargo que ocupó hasta 1987. En el año 2001 se convirtió en jefe de la Oficina de Política de Defensa, a lo que estuvo dedicado hasta 2003. Además de colaborar habitualmente con los principales diarios estadounidenses, es coautor del libro An end to evil y ha escrito una novela titulada Hard line.
Este jueves dio una conferencia sobre “la guerra, el terror y la democracia” invitado por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, dentro del ciclo La Revolución de la Libertad. A continuación reproducimos la entrevista que ha mantenido Libertad Digital con él:
¿se siente cómodo con el calificativo de “neoconservador”?
Bueno, no es el único que me han puesto. No hay mucho que yo pueda hacer al respecto. Pero entre las ideas que los neoconservadores definirían como propias están aquellas con las que que me sentiría completamente cómodo. La caracterización de lo que son los neoconservadores hecha por otros es impropia, por no decir que es pura invención. Pienso en el neoconservadurismo más bien como el liberalismo clásico, con un énfasis en la libertad individual, el uso de todas las capacidades de las democracias para proteger y extender la democracia en el mundo, mercados abiertos, toda la panoplia de libertades de prensa, expresión, de organización, etc.
Cómo han llegado a ser demonizadas esas ideas gracias al calificativo de neoconservadurismo es un misterio. Creo que tiene algo que ver con el aumento del poder de los Estados Unidos, el resentimiento por la existencia de ese poder, y la búsqueda de explicación de la política exterior de los Estados Unidos, aparte de la obvia.
El Ruso se está convirtiendo en un régimen autoritario. Por otro lado la política exterior estadounidense está basada en la extensión de la democracia y de las libertades. ¿Cuál será la política de los Estados Unidos sobre la reciente evolución rusa?
Tras la primera reunión con Putin, el Presidente Bush, que acababa de llegar al Despacho Oval, creía que había establecido un acuerdo con él. En un comentario famoso dijo que el acuerdo estaba cerrado. Le dije en una ocasión que debería replanteárselo y creo que no se lo está replanteando. La situación se está deteriorando, hay más presión sobre la prensa, hay más centralización del poder, y es una tendencia preocupante.
Por otro lado, Putin da la impresión de ser un hombre que busca que Rusia adquiera respeto internacional por lo que es posible aplicar cierta presión y creo que empezaremos a ver algo de presión real. Ya la hemos visto algo en los dos últimos encuentros entre los dos Presidentes, pues cuando se enfrentan a la prensa la mayoría de las preguntas se refieren al deterioramiento de la cultura civil y de la democracia en Rusia.
Putin se da cuenta de ello y pretende manipular la situación. Intentará mantener el poder expandido que ya ha conseguido, mientras pone la mejor cara de lo que es, en realidad, una concentración de poder de lo más inapropiado.
¿Qué opinión tiene de la decisión del Gobierno español de abandonar Irak y de animar a otros Estados a hacer lo mismo?
Yo tengo dos reacciones al respecto. La primera se refiere a la sustancia de la decisión, y la segunda a la forma en que el gobierno español se condujo en este asunto. En primer lugar, fue decepcionante que un acto de terrorismo pueda llevar a una nación digna a retirarse. Incluso los oponentes a la guerra deberían haberse sentido muy incómodos con la idea de que la nación española podría huir tras haber sido atacada. La reacción de otros países habría sido exactamente la contraria: “no nos echarán”. Si la guerra hubiera sido el motivo de los atentados. Pero no es obvio que ese fuera el motivo. No es obvio hoy que el motivo para los atentados en Madrid fuera la participación en la coalición internacional, dada la implicación de numerosos marroquíes en ellos y teniendo en cuenta que no está claro que tengan algún tipo de interés en Irak. De modo que fue un abandono del orgullo de la nación española. El modo en que se hizo fue amateur, y lo dejaré ahí. Era un gobierno joven, pero hay formas, dentro de la política diplomática, cuando has formado parte de una alianza con otros países, que son justas con tus compañeros de alianza. Y la forma adecuada de hacerlo hubiera sido realizando una consulta apropiada a los estadounidenses, a los británicos, a los polacos, a los daneses, a otros... Incluso si la decisión hubiera sido la de retirarse, se podría haber hecho de un modo que resultara respetuoso con los intereses políticos y las preocupaciones de tus amigos y aliados. Y estoy seguro de que a España le gustaría ser tratada de ese modo si la situación fuera la contraria. Así que se ha producido un daño a la reputación española. Todos los gobiernos son respetuosos, incluso después de un cambio en las urnas, de los compromisos adquiridos. Ello no quiere decir que las cosas no se puedan cambiar, pero hay formas de hacerlo.
¿Está pensando el Gobierno de los Estados Unidos en reformar el Tratado de No Proliferación de armamento nuclear para prohibir a ciertas naciones que produzcan material nuclear?
Bien, el Tratado de No Proliferación (TNP) es una medida limitada. Y está basado en un programa de principios de los 50’ olvidado hace mucho tiempo, llamado el programa atómico por la paz. Y la idea era que, dado que el material nuclear puede servir tanto para la producción de energía como para producir bombas, los Estados Unidos, que entonces eran los líderes de la energía nuclear, compartiría parte de esa tecnología con países que la utilizarían para propósitos pacíficos. Y el TNP se creó a partir de ahí.
Este es un concepto ideal en una comunidad de democracias, en las que puedes contar pues son abiertas, tienen una prensa libre, y cuentan con el generalizado deseo de la gente de no construir armas. No funciona tan bien cuando los regímenes tienen dictadores como los de Irán o Corea del Norte, u otros, en los que no puedes confiar que mantengan los compromisos que adquieren.
Lo que nos estamos planteando ahora es que, si bien es cierto que el TNP no prohíbe el enriquecimiento de material nuclear como tal, sí prohíbe la producción de armas nucleares. Y si no confías en los compromisos adquiridos por un gobierno, incluso si ha firmado el Tratado de no proliferación, y te preguntas qué te puede asegurar que ese gobierno mantendrá sus compromisos, se hacen necesarias algunas limitaciones añadidas.
El terrorismo islámico parece ser la amenaza más importante para la paz global. ¿Cuáles son las claves para luchar eficazmente contra el terrorismo islámico?
Lo primero que hay que hacer es entenderlo. Y entender el complejo haz de motivaciones que llevan a una persona joven a convertirse en un terrorista suicida. Y las motivaciones, por ejemplo, de Ben Laden para reclutar terroristas suicidas, que no son las mismas, ni mucho menos. Por lo que se refiere a los líderes, tenemos que enfrentarnos a un hecho muy desagradable y es que sus motivaciones son profunda e intensamente ideológicas. Y no se van a erradicar de forma fácil, ya que su intensidad es como la del nacional socialismo o el comunismo. Tienen una visión, una visión utópica si quiere, de un mundo en el que todos subscriben la Sharía o ley islámica y querámoslo o no todos vivimos bajo esta norma.
Lógicamente, esto no es aceptable para la mayoría de la gente, incluyendo la mayoría de los musulmanes, que no están dispuestos a abrazar formas especialmente estrictas de represión; piense en las mujeres, por ejemplo. De modo que tiene que ser tratado como lo que es, un movimiento ideológico profundo e intenso, que ha adoptado la violencia, y la violencia extrema, como un medio. Y ellos se ven a sí mismos en guerra contra los infieles. Es una guerra santa.
Hay dos cosas esenciales para derrotarlos. La primera de ellas, y hemos empezado por ahí, consiste en privarles de santuarios. Del cobijo y el apoyo de Estados. Si cuentas con una oficina con un sistema de comunicaciones y un territorio en el que operar, e instalaciones en las que puedas albergar a quienes reclutas de todo el mundo y traes a tu base de operaciones. Si puedes acumular dinero e información dispersa, y realizar labores de inteligencia y todo lo que es necesario para una empresa de estas dimensiones, puedes llevar a término ataques de cierta escala.
Si estás escondido en una cueva en algún lugar, porque estás siendo perseguido dentro de un territorio al que te has visto forzado a esconderte. Si no puedes comunicarte de forma electrónica porque tus comunicaciones podrían estar interceptadas y resulta difícil acceder a las fuentes de financiación, entonces el ámbito de actuación se reduce dramáticamente. El cambio en la política de los Estados Unidos de perseguir a los terroristas a perseguir a los Estados, que se efectuó con el 11 de septiembre, es muy importante y hará el problema mucho más manejable. En segundo lugar, necesitamos hacer todo lo que esté en nuestras manos para movilizar a la gran mayoría de musulmanes que no se ve en una guerra santa con Occidente. Y a menudo han estado demasiado callados, por estar intimidados. Necesitan que les apoyen. También es su lucha, y en muchos sentidos es mucho más su lucha que la nuestra, porque nosotros no permitiremos a los terroristas alcanzar sus fines en nuestras sociedades, pero ellos podrían tener éxito en conseguir sus fines en sociedades cuya población es mayoritariamente, y en algunos casos exclusivamente, musulmana. Así que es una batalla que los musulmanes tienen que luchar por sí mismos.
Ahora que ha muerto Yasser Arafat, parece haber renovadas oportunidades de paz en Oriente Medio. ¿Cuáles deberían ser las condiciones para una paz permanente en la zona?
La condición más importante sobre todas las demás es la aceptación por ambas partes de los derechos legítimos de una nación y de la otra. Y eso exige que los palestinos reconozcan que hay un Estado judío llamado Israel, y que no alberguen la ambición de su destrucción. Ya sea una pretensión articulada, como lo estaba en el Estatuto Palestino, ya sea de forma oculta, como era el caso incluso de Yasser Arafat, que decía cosas que implicaban que esa no era ya la tarea de los palestinos, pero que afirmaba que debía mantenerse en su Estatuto.
Para mí esta es la cuestión crucial. Porque yo creo que los israelitas en su inmensa mayoría (y en democracia lo que importa es lo que diga la mayoría) están dispuestos, incluso deseosos, de una coexistencia pacífica con un Estado Palestino. Están, no obstante, temerosos de que ese Estado palestino se convertiera en un instrumento para su destrucción, por lo que quieren garantías de seguridad. Por cierto que esa regla de la mayoría no tiene contrapartida en el lado palestino, donde lo que importaba era lo que decía Yasser Arafat y un grupo de gente que le rodeaba. Pero Israel es el único Estado moderno que ha sufrido un ataque en su contra por parte de varios países que en varias ocasiones abiertamente, y en cualquier caso de forma soterrada siempre, están dedicados a su destrucción. Ellos están lógicamente preocupados por su seguridad.
Y déjeme añadir una cuestión más. El movimiento hacia instituciones abiertas y a la democracia en el lado palestino es crítico. Porque creo que si los palestinos se expresan por medio del voto, por más que no les gusten los israelitas, y no importa el resentimiento que alberguen, no creo que quieran continuar en las condiciones actuales, que no son buenas tampoco para ellos. Creo que si fueran libres de elegir elegirían una reconciliación entre Estados.
"para muchas cosas estamos forzados a vivir sin las Naciones Unidas, porque las Naciones Unidas son incapaces de actuar "
¿Hay una Europa nueva y una vieja?
Bueno, eso fue una breve exposición de la diferencia entre los poderes de una Europa continental establecida, unos dirán que osificada, y los países liberados recientemente de la Europa del Este. Es fácil dar la libertad y la democracia por ganada cuando llega de un modo sencillo. Pero no ha llegado de forma fácil a los polacos, los checos, los húngaros y otros. Y su disposición a enrolarse en los esfuerzos transatlánticos para extender la libertad, tenía un cariz joven y creo que de ahí viene la designación de la nueva Europa. Hay un sentido más dinámico y abierto políticamente, y desde luego económicamente entre varios de los nuevos miembros de la Unión Europea. Me llama la atención cómo un simple comentario como ese haya tocado claramente la fibra equivocada.
¿Podríamos vivir sin las Naciones Unidas?
Bueno, para muchas cosas estamos forzados a vivir sin las Naciones Unidas, porque las Naciones Unidas son incapaces de actuar. Pero ¿Podríamos vivir sin el símbolo de las Naciones Unidas? Yo pienso que lo que la mayoría de la gente en el mundo desarrollado está pensando es en el concepto de Naciones Unidas en lugar de la realidad de la institución con base en Nueva York, Ginebra, Viena y otros sitios. Piensan en una institución global con valores humanos, que une a la gente y que ayuda a la consecución de la paz en el mundo. Y resulta muy difícil oponerse a ese concepto.
Pero las Naciones Unidas se han quedado ¡tan lejos! de conseguir esos objetivos. Y por un montón de razones; algunas vienen de las estructuras heredadas de la institución en sí misma, como el que se acoja a todo el abanico de naciones, incluidas las dictaduras más brutales. Por tanto nunca se va a convertir en el instrumento para las democracias liberales que a muchos de nosotros nos gustaría ver. También está construida sobre el concepto de primacía de la soberanía nacional, por lo que la ONU nunca tiene la justificación para intervenir en lo que se consideran asuntos internos de otras naciones, lo que significa que se queda en las fronteras cuando se están llevando a cabo cosas terribles, con muy raras excepciones.
La ONU se estableció tras la segunda Guerra Mundial, en gran parte con el recuerdo de agresiones de ejércitos nacionales traspasando las fronteras nacionales y en gran parte con el objetivo de evitar estas agresiones que, cabe decir, eran la mayor amenaza en el siglo XX. En el Siglo XXI la principal amenaza no es que los tanques traspasen las fronteras; estamos mucho más amenazados por el terrorismo, por ejemplo. Y los mecanismos de las Naciones Unidas hacen muy difícil al organismo tratar ese asunto; y de hecho la incapacidad de las Naciones Unidas de llegar a una definición de terrorismo es una indicación de lo difícil que resulta.
Y finalmente, las Naciones Unidas hacen cosas que sólo pueden calificarse de estrafalarias, como nombrar a un país sin respeto por los derechos humanos como presidente de la comisión de derechos humanos, o a regímenes como el de Sadam Husseín presidiendo la comisión de desarme. Mientras la estructura de la propia institución no se rija con criterios más elevados, que eviten que ocurran este tipo de cosas, tendrá una utilidad muy limitada.
