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ETA como Hezbolá

El Líbano en el País Vasco

Lo ocurrido en el Líbano y el norte de Israel tiene, además de otras muchas enseñanzas, una para el futuro de nuestro propio país. Imaginemos la situación dentro de algunos años, cuando el proceso de desmantelamiento de España esté culminado. En lo que antiguamente eran las Provincias Vascongadas gobernará probablemente una coalición de socialistas, comunistas y nacionalistas de diversos pelajes. Es posible que no hayan conseguido integrar toda Navarra, tan sólo la zona norte, la más fácil de euskaldunizar en los próximos años. En el gobierno destacarán de forma muy prominente –como Hezbolá en el Líbano– los etarras de Batasuna. Como estarán armados hasta los dientes amparados en la legalidad que les ha permitido llegar al poder sin renegar de la violencia –como Hezbolá en el Líbano y Hamás en Gaza– impondrán el terror en "Euskal Herría" y probablemente intentarán exportarlo.

En resumen, en "Euskal Herría", país independiente, reinará el terror, aún más de lo que ya reina hoy en día. Y la rama etarra del gobierno nacional-socialista, bien implantada como un estado dentro de otro estado, lo utilizará para intentar satisfacer ambiciones territoriales no satisfechas.

Es verdad que a diferencia de Hezbolá, los etarras no cuentan con un Irán que les suministre armas. Ahora bien, ¿quién se atreve a afirmar que para entonces los etarras no mantengan una alianza con una república islámica que a su vez sostenga a grupos terroristas, como Irán mantiene a Hezbolá? Y eso sin contar con el apoyo que desde dentro de lo que quede de Europa podrán obtener los etarras de los grupos islamistas radicalizados, apoyados por una población musulmana que oscila entre la indiferencia, el miedo y la simpatía. Además de otros grupos nacionalistas, catalanes, irlandeses o gallegos.

Habrá quien diga que esto es un delirio apocalíptico. No es más que una extrapolación de lo que está ocurriendo hoy en Oriente Medio. Hace unos años, pocos hubieran imaginado que un grupo terrorista mantuviera en jaque durante semanas, como lo está haciendo, a uno de los mejores ejércitos del mundo. Si eso está pasando con Israel, ¿qué no podrá pasar en un país con un ejército mal equipado, sin rastro de orgullo nacional ni ganas de defenderse?

Entre la indiferencia de la población, el pavor de los gobernantes a tomar cualquier decisión que pueda poner en riesgo la tranquilidad pública –¡ah, la paz!– en la que viven los europeos y la disposición activa a colaborar con los genocidas manifestada por casi toda la clase intelectual y periodística europea, el guión de lo que nos espera está trazado de antemano.