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Ofensiva contra la COPE

Esclavos

El ataque de Montilla contra la COPE, seguido de los de El Periódico y de El País contra Federico Jiménez Losantos, César Vidal y Nacho Villa responde a varias causas.
 
En primer lugar, hay un irremediable instinto fascista en muchos catalanistas, y muy en particular en los catalanistas de izquierda. Se nota hasta en la escenografía de los mítines. Si a ese instinto se añade el guerracivilismo propio de una izquierda que, como la española, todavía no ha hecho su particular transición, no extraña, aunque deba escandalizar, un ataque como este. Detrás están quienes han pactado con la banda etarra y quienes ya una vez atentaron contra Federico Jiménez Losantos. Hay algo muy profundo que ya está al parecer irremediablemente degradado en la vida pública española. Este es un paso más en el camino del desastre.
 
Hay además una parte de cálculo. El progresismo oficial, el nacionalista y el socialista, sabe que sus seguidores, individualmente, son gente timorata, nada proclive a arriesgarse a pensar por sí misma ni a tomar posiciones independientes. Ante la escasa popularidad del Estatut de Rodríguez Zapatero, los editorialistas de El Pais trazan la “línea roja” que sus lectores no deben cruzar. Ya están avisados de lo que les ocurrirá si se atreven a discrepar abiertamente.
 
También han tanteado al resto de las fuerzas políticas. Prácticamente todas han respondido con la sumisión que era de esperar. Muy pocas voces, y esas individuales, se han alzado o se han solidarizado con la COPE y con las tres personas puestas en el punto de mira. Resulta decepcionante, la verdad, que en la cabeza del Partido Popular no haya habido una reacción fulminante en defensa de la libertad de expresión. La gente sabe que durante muchos meses, quienes han dado la cara por la derecha en España han sido estos tres nombres. Pero siguen faltando reflejos. Además de lo revelador que resulta y de las pistas que esta actitud ha dado a los socialistas y a los nacionalistas, también se pueden perder votos.
 
El ataque responde finalmente, como ha sugerido Alberto Recarte, a una mentalidad de fondo. Se plasma en el Estatut, que no por casualidad es la pieza maestra del proyecto de Rodríguez Zapatero. No sólo hay que desmantelar la España que hemos conocido y con la que nos identificamos. También hay que proceder a un nuevo reparto del poder, con una sociedad intervenida y maniatada. De hecho, el principal obstáculo en la construcción de esa sociedad de esclavos es España, la palabra, la nación, el simple hecho de sentirse español.
 
Cuando haya roto definitivamente la columna vertebral a la identidad española, todo lo demás será coser y cantar. Lo tienen clarísimo. Y actúan en consecuencia.