Opinión
Noticias y opinión en la red
Crisis global

La resistencia

En California se está discutiendo si se reduce la semana escolar una jornada para contener el gasto, algo que ya está permitido en otros dieciséis estados. En la ciudad de Kansas han cerrado la mitad de los centros escolares. Las ciudades han cortado drásticamente los gastos en entretenimiento, lo que aquí llamamos arte y cultura, que los norteamericanos juzgan que debe estar, salvo casos especiales, en manos privadas. No sólo se reducen unos gastos que son, de por sí, más reducidos que los que mantienen los gobiernos y las administraciones europeas, en particular las españolas. También se toman medidas como las de bajar el salario mínimo –ajustándolo a la bajada de los precios–, a la espera de que eso reanime el mercado de trabajo.

Por otro lado, en Estados Unidos la rebelión contra las subidas de impuestos no se ha limitado a las organizaciones partidistas. El movimiento de los Tea Parties ha contribuido decisivamente a desgastar la reputación de Obama y ha colocado a los republicanos en la exigencia de una respuesta contundente ante la tendencia socialdemócrata e intervencionista de la administración Obama. La rebelión no se limita a eso. Una importante cadena de farmacias (Wallgreens) ha anunciado que a partir de abril, en el estado de Washington, no admitirá nuevos pacientes con recetas del programa federal Medicaid porque no le resultan rentables. 

En Europa y en España, tan intervenidas por los gobiernos y tan saturadas de política, nada de todo esto es posible, aunque en nuestro país el riesgo de desabastecimiento de productos sanitarios y farmacéuticos puede llegar a hacerse realidad si los gobiernos siguen intentado salvar el sistema sanitario a costa de la industria médica y farmacéutica, sin contemplar medidas de mayor calado y de más coste político. Veremos cómo se articula el freno en la contratación de personal y la congelación de la masa salarial de los empleados en sanidad que acaban de pactar PP y PSOE.

Medidas como las de Estados Unidos podrán no ser consideradas un ejemplo, pero señalan la presencia de una sociedad que no acepta con facilidad los gastos excesivos por parte del Estado, y que además está dispuesta a tomar la iniciativa para frenarlos. ¿Populismo? Sí, en parte, aunque cabe preguntarse lo que es más populista, si seguir prometiendo lo que se sabe que no se va a poder pagar, o intentar articular políticas que llevan a el frenar el gasto público.

La crisis económica que estamos viviendo no es un simple ajuste coyuntural de un sistema más o menos controlable, como lo había sido en los últimos años. Es un cambio global, que afecta a todos y de la que saldrán nuevas potencias, nuevas relaciones, un reparto nuevo de la prosperidad y el poder político. Resultan significativas las cifras de crecimiento: entre el 9 y el 15 por ciento anual, para las economías emergentes asiáticas, entre el 5 y el 6 por ciento para Estados Unidos y entre el 0 y el 1 por ciento de media para los países de la Unión Europea.

Está visto que en la Unión Europea seguimos meciéndonos en la dulce y pretérita ilusión socialdemócrata, ilusión que se ha hundido bajo nuestros pies. En España hemos querido incluso ir más lejos: restaurar formas de redistribución socialista en el momento en que se iniciaba el cambio. Seguiremos resistiendo, que es el auténtico eslogan de la revolución zapaterista.