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Cultura de la muerte

Estos progres son la leche. Acaban de fundar una plataforma que se llama "Que me atienda Montes". Por supuesto, ninguno de los promotores de la plataforma irá nunca a que Montes le preste sus impagables servicios, porque están muy a gusto disfrutando de sus cánones digitales, de sus coches oficiales y de sus mamandurrias diversas, y una cosa es tirarse el moco y otra muy distinta pasar de las palabras a los hechos. Está muy bien eso de que seden a otro, pero que le seden a uno no mola un pescao.
 
Esos progres que preferirían vivir con toda la indignidad del mundo, con tal de disfrutar un minuto más de los millones conseguidos a base de chupar de la teta, no tienen ningún reparo en defender con toda la contundencia, con toda la firmeza, con todo el aplomo, el derecho del Dr. Montes... a sedar a los demás. Y a quien le toque, que se joda, que si vive en Leganés sólo puede ser un mindundi. Un progre que se precie no puede vivir sino en El Viso, en Aravaca o en La Moraleja. Y ya se cuidarán muy mucho de no destinar al Dr. Montes a los hospitales de lujo a los que acuden corriendo cada vez que se les parte una uña, no sea que alguien se confunda de historia clínica y les metan un chute de tranxilium.
 
Para estos progres, eso de que a un anciano de la periferia madrileña le apliquen una dosis mortal de sedantes está muy requetebién, exista o no exista el consentimiento de la familia, porque los ancianos en cuestión les importan un carajo. Y si son de la periferia, dos. ¡Y suerte tenemos de que no le pasen a la familia una factura por el coste de la jeringuilla, como hacen los progres chinos con la bala de los fusilados! Pero lo que nunca se le ocurre a ninguno de estos progres, mire usted por dónde, es reclamar que intervenga el Dr. Montes en los casos que afectan a quienes no hacen otra cosa que dar por retambufa a los demás. Desde planteamientos progresistas, por supuesto.
 
Tomemos, por ejemplo, a De Juana Chaos. ¿Qué hubiera costado que el Dr. Montes le atendiera, para aliviarle los sufrimientos de su ficticia huelga de hambre? ¿No decía el Gobierno que le excarcelaba por razones humanitarias? ¡Pues, en lugar de excarcelarle, haberle enviado al hospital de Leganés, hombre! ¡Seguro que en las urgencias se había acabado rápidamente con sus males! ¿Qué hay más humanitario que ayudar a bien morir a un progre militante y resolutivo como De Juana?
 
Pero ahí no hubo suerte, qué le vamos a hacer. A quien pasaportan para el otro barrio es a los ancianos que no hacen mal a nadie, pero a De Juana le envían a recuperarse dando paseítos por San Sebastián. ¿Qué tal si la próxima vez lo hacemos al revés, y a De Juana le mandamos a que le atienda el Dr. Montes y a los ancianos les enviamos a disfrutar de la Playa de la Concha con cargo al erario público?
 
O tomemos, por ejemplo, al héroe indiscutido de todos los progres que en el mundo son o han sido: Fidel Castro. ¿Para qué tanto sufrir, el pobre anciano? Llevamos meses con el tío que no levanta cabeza, pero de irse al otro barrio nada de nada. ¿Será que Fidel Castro no es suficientemente progresista, y por eso se aferra a la vida como una lapa? ¡Y estos progres nuestros, tan egoístas, reservándose al Dr. Montes para ellos solos! ¿Por qué no envían a su ídolo médico a hacer una excursioncita por La Habana?
 
Millones de cubanos se alegrarían de ver al pobre Fidel liberado de su triste destino de enfermo terminal. Ya están hartos de ver cómo el bondadoso comandante se consume... sin terminar de consumirse nunca.
 
¿O es que lo de la eutanasia se aplica al común de los mortales, pero a los dictadores progretas hay que conservarlos a cualquier precio, aunque sea en formol?
 
Perdonen que me tome a broma algo que es infinitamente serio. Ni siquiera en el caso de un asesino en masa como De Juana Chaos o de un tirano sanguinario como Fidel es lícito provocar la muerte de nadie. Cuánto menos de personas que no han hecho ningún mal a otros. Decía Goya que el sueño de la razón produce monstruos, y no conozco monstruos más siniestros que los que la progresía ha alumbrado en estos últimos años. Parece como si, desaparecidos los campos de concentración soviéticos, una parte de la izquierda europea añorara el olor a muerte. Y esa parte de la izquierda europea, la autodenominada progresía, es capaz de defender que se apliquen sedaciones terminales a personas que nunca solicitaron que se les aplicaran. Es capaz de defender que se descuarticen fetos humanos en trituradoras industriales. Es capaz de defender que se experimente con embriones. Es capaz de justificar los fenómenos terroristas, dependiendo de quién sea el verdugo.
 
Es capaz de defender el supuesto derecho a morir y es capaz de defender el supuesto derecho de matar. Pero no concibe que nadie defienda el derecho a vivir. Ellos han renunciado hace mucho a defenderlo.
 
¿Cuánto vale realmente una vida humana para un progre? A la vista de su última ocurrencia, de ese parto de los quemeatiendamontes, parece que la respuesta es: nada de nada. La progresía se ha transformado, carente ya de cualquier ideología, en una simple cultura de la muerte. De la muerte de los demás, claro está, porque todo progre que se precie prefiere vivir lo mejor posible.
 
 
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