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Gaza: una bomba a punto de estallar

La situación a la que han llevado Hamás y la Autoridad Palestina a la Franja es dramática.

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La situación en Gaza siempre ha sido complicada a consecuencia, entre otros factores, del desvío de fondos procedentes de la ayuda humanitaria internacional por parte de Hamás para fortalecer su brazo armado. El grupo terrorista palestino que detenta el poder en la Franja mantiene sus amenazas contra Israel y tiene como prioridad aumentar su capacidad bélica de cara a un futuro conflicto.

Desde que en 2007 Hamás se convirtió en el único poder en Gaza, cada dos o tres años se ha producido una explosión de violencia a la que los israelíes han tenido que hacer frente por medios militares.

La guerra contra Israel es también una de las bazas que tiene en la mano Hamás para tratar de sofocar el malestar de la población gazatí, sometida a unas privaciones que se han agravado en las últimas semanas a causa, fundamentalmente, de decisiones de la Autoridad Palestina (AP).

¿Desembocará este estado de cosas en otro conflicto armado de Hamás con el Estado judío? Esa es la pregunta tratan de responder en este estudio los expertos del Britain Israel Comunication and Research Center (Bicom).

A pesar de los importantes esfuerzos de reconstrucción y algunas medidas de socorro por parte de Israel, en cooperación con diversos actores internacionales, la situación humanitaria en Gaza sigue siendo pésima, con pocas perspectivas de una mejora significativa a corto plazo. La mayor parte del agua está contaminada, solo hay electricidad cuatro horas diarias y el desempleo está por encima del 40%. Los altos mandos del Ejército israelí han advertido repetidamente al Gobierno y a los comités parlamentarios [de su país] de que la situación podría desembocar en una explosión.

La crisis no ha hecho más que agravarse desde que el pasado mes de abril la AP dejara de pagar la factura eléctrica al Estado israelí, que es el que proporciona el suministro eléctrico a Gaza. Además, la entidad liderada por Mahmud Abás redujo los salarios de los funcionarios de la Autoridad Palestina en la Franja un 30%. Unos empleados públicos, por cierto, que no tienen ocupación desde que Hamás se hizo con el poder en 2007.

Hamás está sufriendo, además, las consecuencias de la crisis diplomática que enfrenta a una serie de países árabes suníes liderados por Arabia Saudí con Qatar, emirato que financia a esta organización terrorista palestina junto a otros grupos yihadistas. Abás parece haberse unido a los países suníes en sus esfuerzos por congraciarse con la nueva Administración estadounidense, lo que ha incrementado la presión sobre Hamás en los ámbitos político y financiero.

La respuesta de Hamás a este estado de cosas podría ser el cuanto peor, mejor.

El veterano miembro del brazo armado [de Hamás] Yahia Sinwar ha sido elegido (…) para reemplazar a [Ismail] Haniyeh como líder de Hamás en Gaza. Sinwar, liberado de una prisión israelí en 2011 en el intercambio de prisioneros por el soldado Guilad Shalit, está centrado en preparar a Hamás para otro conflicto, y la inteligencia israelí informa de que Hamás ha recuperado su potencia militar de 2014. Según diversos informes, Hamás intensificó los esfuerzos para lanzar ataques desde la Margen Occidental y represalias tras el asesinato de su cabecilla Mazén Fuqaha el pasado mes de abril, que la organización atribuye a Israel.

La situación en Israel tampoco ayuda a que las aguas bajen tranquilas.

Desde que se convirtió en ministro israelí de Defensa, Avigdor Lieberman ha amenazado con derrocar a Hamás en un futuro conflicto. Los miembros del Gobierno israelí, de Netanyahu hacia abajo, sostienen que Israel no quiere una escalada, pero si se disparan cohetes desde Gaza, esto podría cambiar rápidamente. La creciente expectación electoral en Israel podría alentar el lenguaje duro, lo que facilitaría una potencial escalada.

La disyuntiva de Israel es complicada. Por un lado, el Estado judío no quiere que Gaza se hunda en el caos. Por otro, no puede aceptar que la ayuda que presta a los gazatíes sea utilizada por una organización terrorista como Hamás para fortalecerse y plantear un conflicto armado a corto plazo.

Todo dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos, tanto en el ámbito palestino como en el resto de la región. En este proceso, los expertos del Bicom entienden que Egipto tiene mucho que decir, por lo que el presidente Abdulfatah al Sisi parece llamado a desempeñar un papel esencial.

© Revista El Medio

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