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Columna publicada el 12-09-2001
La visión cristiano-progre de la historia reciente, 5
Miseria del anticlericalismo
La tesis de Laín, defendida también por Peces-Barba y otros, no se limita a ver la clave de nuestras desdichas en la mutua hostilidad entre catolicismo y modernidad, sino que culpa esencialmente al primero. "Un catolicismo tradicionalista –resume Sotelo– que se enfrenta a cualquier intento de modernidad, lo que lleva a que los modernizadores españoles sean cada vez más anticatólicos". El catolicismo, pues, sería culpable incluso del anticlericalismo, feroz sin duda y autor de crímenes, pero provocado por la absoluta cerrazón y bruticie católica. Sería el culpable final, por tanto, de las guerras civiles. Y de la escasa relevancia de la ciencia española y de otras muchas cosas.
Creo que esta versión padece dos errores de enfoque. El primero, ya visto brevemente, es ignorar la diferencia entre el siglo XIX, donde tendría cierto sentido, en principio, esa oposición católico-modernizadora, y el siglo XX, en que dicha oposición se diluye al pasar a primer plano la revolución social, sorprendentemente relegada por Laín y otros. El segundo error es considerar provocado el anticlericalismo y provocadora a la Iglesia.
Para abordar este último desenfoque debemos volver a los hechos. Las ideas modernizantes entraron en España, por desgracia, con la invasión francesa, es decir, las acompañó la imposición extranjera a sangre y fuego, que ya de por sí las hacía repelentes para muchos. Pero además también se reprodujeron aquí las fechorías jacobinas de Francia: los "derechos del hombre" sirvieron de bandera para el genocidio, el terror y el saqueo. España no era un país sin tradición ni cultura, y los invasores tuvieron amplia ocasión de destruir o robar un inmenso patrimonio artístico y monumental, bibliotecas, etc., ultrajando de paso el sentir religioso casi unánime en el país. Nos escandaliza el fanatismo destructivo de los talibanes, pero los “talibanes jacobinos”, como recordaba Arrabal hace poco, fueron harto peores. Si no descartamos arbitrariamente esto, como suele hacerse, entenderemos que la mayoría del clero y del pueblo viesen en las propuestas modernizadoras la excusa para todo tipo de crímenes, pues así había ocurrido realmente. El anticlericalismo no nace, pues, como una réplica a la cerrazón católica, según pretenden los católicos "progresistas", sino que la barbarie anticlerical provocó el rechazo católico.
Luego, la semilla jacobina prendió en el sector del liberalismo llamado exaltado o progresista, de historial espeluznante en el siglo XIX, hasta culminar en la I República, que estuvo a punto de acabar con España como nación, y del que recordaremos algunas cosas sabidas, pero un tanto olvidadas.

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