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Catedrático en ecología, "No hay forma de evitar los incendios en Canarias"

El catedrático José Ramón Arévalo tumba el relato oficial sobre los incendios: el fuego es inevitable, la burocracia es lo que nos quema.

Jose Ramón Arévalo, catedrático en ecología | ULL

El debate sobre la gestión de nuestros montes ha vuelto a encenderse, y esta vez lo hace lejos de los despachos políticos y cerca de la ciencia y el sentido común. Hoy, en un encuentro organizado por Students for Liberty España, la voz cantante la llevó José Ramón Arévalo. No es un tertuliano. Hablamos de un catedrático de Ecología, licenciado y doctor en Ciencias, graduado en Economía y máster en Gestión Ambiental. Un perfil que combina la comprensión del medio natural con el pragmatismo económico.

El choque contra el relato oficial

Su diagnóstico sobre lo que ocurre en los pinares y cumbres de Canarias es tan directo como impopular para la Administración: "No hay forma de evitar los incendios".

Esta afirmación choca frontalmente con el discurso oficial que, verano tras verano, fía la supervivencia de nuestro patrimonio natural a campañas de concienciación y prohibiciones absolutas. Arévalo cambia el foco. Si el fuego en el ecosistema canario, especialmente durante los duros episodios estivales y las calimas, es un factor natural e inevitable, el verdadero peligro es la carga de combustible que se acumula en los barrancos y laderas.

El polvorín de la burocracia

La solución que plantea el catedrático no pasa por aumentar los presupuestos públicos en extinción cuando el daño ya está hecho, sino por aplicar pura lógica económica y de gestión antes de que salte la chispa. Solo nos podemos preparar para los momentos estivales. ¿Cómo? Dejando hacer a quienes conocen y viven del monte.

Actualmente, cualquier ciudadano o propietario de terrenos en Canarias que desee limpiar la maleza de su parcela se enfrenta a un muro de trabas administrativas. Los permisos tardan meses, las restricciones medioambientales paralizan las talas preventivas y el exceso de celo proteccionista acaba convirtiendo las medianías en un polvorín.

Arévalo señala el camino: quitar burocracia y facilitar la limpieza. Permitir que el sector primario, los ganaderos y los propietarios privados gestionen sus tierras sin la amenaza constante de una sanción. El ecologismo de despacho ha blindado tanto la naturaleza canaria que ha prohibido tocarla, olvidando que un monte abandonado por la mano del hombre es un monte condenado a arder.

La receta está sobre la mesa. Menos papeleo, más libertad para desbrozar y una gestión basada en la realidad del terreno. La alternativa es seguir viendo cómo, cada verano, la burocracia alimenta las llamas.

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