
En los últimos tiempos, la ofensiva del gobierno de Sánchez contra la Casa de Su Majestad el Rey no ha hecho más que ir en aumento, ya sea en forma de desplantes o graves errores de protocolo son sólo algunos de esos feos al Rey Felipe VI.
La lista es bastante extensa. Cómo no recordar el fallo de protocolo por parte del presidente en diciembre de 2022 en la inauguración del tren de alta velocidad a Murcia, en la que el presidente del Gobierno se adelantó, no solo dando la espalda al monarca sino también entrando primero al vagón.
Tampoco es posible olvidar las veces que Sánchez ha hecho esperar al Rey. En 2018 llegó una hora tarde al despacho que tenían juntos en Marivent y el día de la Fiesta Nacional de 2022, para evitar los abucheos del público, el presidente llegó tarde y el Rey tuvo que esperar en el interior de su vehículo a que llegara Sánchez.
Pero si hay un momento que lo eclipsa todo, este fue en 2018, en la recepción con motivo de la Fiesta Nacional. En el besamanos, Pedro Sánchez y Begoña Gómez, después de estrechar la mano a los Reyes, se colocaron a su lado como si fueran unos miembros más de la Familia Real y empezaron a saludar a los invitados. Fue Ana Pastor, presidenta del Congreso, la que advirtió con un gesto que no debían estar allí mientras que un miembro del equipo de Protocolo de Casa del Rey les avisaba de su error.
Últimamente llama la atención que esos desplantes no solo se limiten en el aspecto nacional, sino también en el plano internacional, sobre todo desde que José Manuel Albares es ministro de Asuntos Exteriores.
Aunque la Constitución deja claro las atribuciones del Rey en materia de relaciones intencionales en su artículo 97, es el presidente junto al ministro de Asuntos Exteriores, quien establece las líneas de trabajo y prioridades en materia internacional. Y por lo que vemos, las prioridades están muy claras...

La primera anomalía la tenemos cuando Felipe VI asiste, sin ningún miembro del consejo de ministros, a las tomas de posesión de Javier Milei en Argentina, a la de Luis Abinader en República Dominicana o de Bukele en El Salvador, donde fue acompañado de un secretario de Estado. Aunque sin duda fue el pasado mes de junio, cuando desde Moncloa decidieron que nadie acompañaría a Felipe VI en su gira a Estonia, Letonia y Lituania. Se dice, se cuenta y se rumorea que el ministro alegó no poder acudir por tener una importante reunión con un grupo editorial, cuando realmente (como contaron algunos medios) Albares estaba de barbacoa. Finalmente el gobierno no tuvo más remedio que mandar a la ministra de Defensa, Margarita Robles, como recurso de última hora.

Desde que José Manuel Albares es ministro de Asuntos Exteriores, las visitas de Estado a nuestro país, curiosamente donde los Reyes ejercen de anfitriones y que son las de mayor relevancia, se han reducido en los últimos años y tan solo ha habido tres: las visitas de Estado del presidente de Italia en 2021, del Emir de Catar en 2022 y la del presidente de Colombia, en 2023. En 2024, ninguna. ¿Curioso, verdad?
También es significativo que algunas ceremonias se están reduciendo notablemente o reformando para perder la solemnidad que les caracteriza, como por ejemplo que ya no se usen las carrozas históricas ni los caballos de Patrimonio Nacional para las ceremonias de entrega de las Cartas de Credenciales que los embajadores acreditados en nuestro país tienen que presentar ante el Rey.
La última anomalía se produjo hace poco y no sabemos si se trata de un cambio protocolario de última hora o no. En 2024, en la recepción anual al Cuerpo Diplomático acreditado en España el presidente del Gobierno y el ministro de Asuntos Exteriores recibieron a los Reyes, que son los últimos en llegar, mientras que en 2025 ha sido al revés, el presidente y el ministro no recibieron a los Reyes y se incorporaron después.
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