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Cuando 'Pirri' se casó con Sonia Bruno

Él, un as del Real Madrid, y ella, una popular actriz de cine. Era el año 1969.

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Él, un as del Real Madrid, y ella, una popular actriz de cine. Era el año 1969.
Sonia Bruno y Pirri | Imagen TV / Corbis

En la primavera de 1969 las revistas del corazón "se pusieron las botas" –nunca mejor dicho- con el reportaje de la boda de dos personajes muy populares: el futbolista del Real Madrid José Martínez Sánchez, más conocido por el apodo de Pirri, y la actriz cinematográfica Sonia Bruno. Si traemos hoy a colación a esta pareja es, entre el recuerdo y la anécdota, porque la que fuera una especie de musa del cine español de la década de los 60 cumple setenta años este último día del mes. Nació en Barcelona el 31 de julio de 1945, de origen vasco.

Era la época "ye-yé" y Sonia Bruno vino a representar en la pantalla el símbolo de una mujer distinta hasta entonces en la cinematografía española: independiente, emancipada, luciendo airosas y llamativas minifaldas, siempre con sus cabellos por lo común más bien cortos, con melenita y flequillo. No dudo que más de una vez, por exigencias del guión y por cambiar de aspecto, dispusiera a mano de más de una peluca, algo tan corriente entre las féminas. En realidad fue inscrita en el Registro Civil como María Antonia Oyamburu Bruno, pero a los quince años, a poco de comenzar a desfilar como maniquí y modelo publicitaria, se cambió oficialmente de nombre, trastocándolo en Sonia, al que añadió para su apelativo artístico su segundo apellido. Fue elegida Miss Barcelona y posteriormente Lady España.

En el cine debutó el año 1961 a las órdenes de Rovira Beleta, con un breve cometido en Los atracadores. De las veintiséis películas en las que intervino nos detendremos, siquiera por encima, en las más populares, comenzando por El juego de la oca, dirigida por Manuel Summers, que le reportó en 1965 el premio de interpretación del Círculo de Escritores Cinematográficos. Un año más tarde fue coprotagonista de una cinta que seguía en cierto modo la estela de las habituales comedias italianas: Mañana será otro día. Formaba pareja con Juan Luis Galiardo, en su presentación como galán. Dos seres abocados al desastre, con unas vidas sin rumbo, que vivían a salto de mata. Fue un filme taquillero y les sirvió de trampolín a la popularidad. Sobre todo a ella, dado que el actor gaditano estuvo unos años considerado en su profesión un tipo seriamente problemático. Así llegamos a 1967 cuando Sonia Bruno se encarama en la lista de las más prometedoras estrellas de nuestro Séptimo Arte como protagonista nada menos que de cinco títulos, entre ellos La boutique, filme no del todo logrado por su realizador Luis G. Berlanga; Oscuros sueños de agosto, junto a la veterana de Hollywood Viveca Lindfords, dirigidas por Miguel Picazo, y Novios 68, simpática comedieta de Pedro Lazaga.

Por esa época hasta debutó en un teatro cercano a la Gran Vía madrileña, aunque no tuviera demasiada repercusión en su carrera, que estuvo por completo dedicada a la pantalla. No fue una actriz de grandes recursos, pero creemos que respondió siempre con acierto a los papeles, más o menos superficiales, que le otorgaron. Sus películas eran de corte popular, sainetes modernos de su tiempo. Y ella cumplió, destacando, eso sí, con su fotogenia, su indudable atractivo. En esa misma línea continuaría en 1968 cuando añadió seis películas más a su filmografía, que ocupó únicamente la década de los 60, entre 1961 y 1969. Fue novia de Pedro Carrasco en la pantalla, captado éste para el cine sólo en virtud de sus éxitos pugilísticos, en El marino de los puños de oro, de Rafael Gil, filmando con Lazaga, el director que más películas hizo con ella, La chica de los anuncios, Las secretarias y Las amigas. Y ya en el último año de su vida cinematográfica, participó en tres películas. La postrera fue El táxi de los conflictos, con un leve cometido, donde tomaron parte gran número de actores muy conocidos, a beneficio del afamado y veteranísimo productor Benito Perojo, del que se dijo estaba al borde de la ruina económica.

Y un día se despidió del cine Sonia Bruno: por amor. Había conocido a Pirri en una fiesta celebrada en la sede del vespertino Pueblo. Los sentaron juntos y surgió el flechazo. A los pocos meses se casaron. Por todo Madrid circuló un tiempo después el bulo de que habían tenido un niño negro. Conseguí la exclusiva de un reportaje en casa de la pareja, que se negaba a dar explicaciones a la prensa. Nunca pudo saberse quién inventó aquella patraña. Lo cierto es que obtuve la primicia de que esperaban un hijo: para seis meses más tarde, abril de 1970. Tendrían tres vástagos. Y han sido siempre un matrimonio ejemplar.

Pirri fue un destacado centrocampista del Real Madrid, internacional en cuarenta y una ocasiones. Se retiró en 1982 tras dos temporadas en un equipo mexicano. Terminó la carrera de Medicina, incorporándose como facultativo en el club merengue, donde permaneció trece años, para pasar al cuerpo técnico, concluyendo como "mánager" de un modo poco afortunado. Su hijo Dani, que llevaba más de diez años como fisioterapeuta también en el Real Madrid, fue despedido a primeros de este mes. Y ha dicho: "A mi padre le pasó lo mismo que a mí, después de haberlo dado todo por esa Casa. La dignidad está por encima de todo".

El Real Madrid en julio del 67. Pirri es el segundo por la derecha, de pie. | C. Press

En cuanto a Sonia Bruno nunca tuvo nostalgia de sus años de popularidad en el cine. Pirri nunca le pidió que se retirara. Pero ella se dedicó por entero a su familia, al hogar, sin que añorara las fiestas y la continua vida social de su época de actriz. Cuando de vez en cuando se emiten sus películas por televisión, sobre todo en "Cine de barrio", no tiene curiosidad por volver a contemplarlas. Y además ha prohibido que las vean ni su marido, ni sus hijos ni sus nietos. Y aunque la han invitado en varias ocasiones a participar en tertulias televisivas cuando se emiten, siempre ha declinado su presencia. La actriz dejó de serlo hace cuarenta y seis años, exactamente, aunque el director Mariano Ozores le pronosticara antes de la boda: "Te arrepentirás porque a los seis meses tu matrimonio se irá al garete". Una predicción felizmente fallida. Sonia siempre fue un encanto de mujer, de trato simpático. Y Pirri, más serio y algo tímido, se comportó normalmente con los periodistas afable y educado. Me alegro de que continúen siendo una pareja ejemplar.

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