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El desliz en el juicio que arruinó la vida de Elizabeth Velasco y el hijo fallecido de 'el Cordobés'

El día de su 80 cumpleaños recordamos aquella historia del hijo de una norteamericana.

El día de su 80 cumpleaños recordamos aquella historia del hijo de una norteamericana.
El hijo de El Cordobés, y su madre Aline | ABC

Mujeriego fue Manuel Benítez el Cordobés desde que se convirtiera en figura del toreo, hace de esto medio siglo. Y mientras pudo, hasta que Martina lo puso firme, ya años después de casado, fue sumando amores de urgencia allí donde se encontrara. No hay nada más que recordarlo en días de corrida, cuando a su habitación de hotel subían admiradoras a manta, que lo besaban minutos antes de que él se dirigiera a la plaza. Luego, alguna de ellas volvía para compartir la intimidad con el torero. Y así, muchas tardes de gloria. Este miércoles, 4 de mayo, cumple ochenta años; amarga efeméride tras romper con su esposa y saberse ya que es el padre de Manuel Díaz. Otras aventuras con mujeres supo afrontarlas sin mayores problemas.

Quien fuera su fotógrafo más asiduo, José Rubio, me confesó poseer un montón de negativos con las conquistas más duraderas del torero. Material gráfico que continuó inédito, ya fallecido el reportero; que de haberse publicado constituiría un nutrido documento del más "ligón" de los toreros; tenorio que incluso superaba a Luis Miguel Dominguín en número de romances. Sólo que el padre de Miguel Bosé le ganaba a Benítez en categoría de las damas que se llevaba al catre, en tanto éste discriminaba menos y no le importaba que fueran camareras de su hotel o chicas de servicio. No se conocen estrellas del cine o la canción que le robaran el corazón, como sí sucedía con aquél.

Voy a rememorar una historia sentimental que protagonizó este Cordobés senior con una norteamericana, hija de sevillanos, nacida en Florida, modelo de profesión, llamada Elizabeth Velasco, quien vino a España por primera vez en el verano de 1968. Quería conocer Andalucía e hizo una parada en Córdoba, alojándose en un hotel que había adquirido Manuel Benítez. Morena, de llamativas curvas y seductora mirada, pronto cayó en las redes del torero, entonces en el cénit de su popularidad. Mantuvieron una prolongada relación sentimental según me contó la interesada en las entrevistas que le hice. Viajaba con su madre y ambas debieron confabularse para imaginar que el millonario diestro podría sacarlas de la modestia en que vivían en Miami. En ese largo periodo de tiempo residieron en la capital cordobesa, en un piso que les había proporcionado el matador.

Elizabeth me contaba que lo acompañaba muchas veces allí donde toreaba. La pasión que vivían hizo pensar a la atractiva norteamericana que algún día podrían ser marido y mujer. Pero el Cordobés no pensaba por entonces ni remotamente pasar por la vicaría. Alternaba con cualquier admiradora que cayera en sus brazos y a Elizabeth la tenía como mantenida en Córdoba. Se la llevaba a sus fincas: "Villalobillos", "Saetilla"… Y ella volvía luego al piso. Y así hasta que se quedó embarazada.

El niño nació el 28 de septiembre de 1969 y la madre le puso por nombre Manuel. El torero conoció al crío, pero poco a poco se fue desentendiendo de la madre, quien acabaría marchándose a los Estados Unidos. Aunque volvió varias veces con la pretensión de reanudar sus relaciones con Benítez, quien ya estaba enamorado de Martina Fraysse, con quien acabaría casándose en 1975. No se desanimó la tenaz Elizabeth Velasco, que erre que erre retornaría, ya en 1982, donde puso en marcha un plan para conseguir que su hijo Manuel fuera reconocido por el Cordobés. Y logró gracias a su empeño que en un anunciado Festival Popular de la Canción Española que iba a celebrarse en Lepe (Huelva) fuera admitido como participante su mentado hijo Manuel. Que no tenía ni la más remota idea de cantar. Pero al director y presentador del delirante evento, Lauren Postigo, le vino de perlas aquel inesperado concursante. Que el primer día fue eliminado. Fui testigo de las trapisondas de Lauren para que al día siguiente, el de la final, que retransmitía en directo Televisión Española, actuara Manuel Benítez junior, que así se anunció, aunque fuera de concurso.

Y dedicó una melodramática pieza a su supuesto progenitor, entre gemidos y exclamaciones para poder verlo y abrazarlo. Toda España pudo contemplar en aquella velada sabatina, un puro esperpento lacrimógeno trufado asimismo de risotadas por parte del respetable en aquellos jardines leperos. No le importó a Elizabeth el ridículo que hizo su hijo. Y puso en marcha ya su estrategia siguiente. Acudió a un abogado, le contó su caso y, al poco tiempo, iniciaron los trámites para demandar a Manuel Benítez Pérez como presunto padre del niño-cantante, que ya contaba trece años.

Llegó el día del juicio. Madre e hijo se frotaban las manos. Su abogado me había dicho que de no presentarse el Cordobés la cosa pintaba bien y el fallo judicial podría favorecerlos, con una sentencia que reconociera la paternidad del torero. No hizo falta que éste acudiera. Su abogado se encargó de poner en evidencia a la parte contraria. Había presentado como prueba un reportaje publicado en la revista Semana, firmado por mí. Y el pie de una de las fotografías decía que era la imagen de ese supuesto hijo de Benítez. Pie que me había dictado Elizabeth contemplando aquella diapositiva. Y resultó que no era Manuel quien aparecía fotografiado ¡sino Maribel, la hija de Benítez y Martina Fraysse! El juicio concluyó en ese mismo instante. Y Elizabeth Velasco y su hijo se fueron inmediatamente de España y ya no volví a saber de ellos nunca más.

Tampoco ningún medio periodístico se hizo eco del caso, cuyo desenlace cuento por primera vez. Chico se ha hecho eco de la trágica historia de ese muchacho, Manuel Benítez Velasco, que murió en penosas circunstancias. A Manuel Benítez el Cordobés intentaron otras veces denunciarlo por asuntos falderos, pero como me contaba su fotógrafo siempre supo salir airoso de esas situaciones. Sólo en el caso de María de los Ángeles y ahora el de Manuel Díaz ha podido probarse la paternidad del diestro.

Manuel Benítez Valero | FBI

A sus ochenta años tiene una biografía miles de veces contada. Nacido en Palma del Río el 4 de mayo de 1936, es el menor de una familia de cinco hermanos, que vivieron en una absoluta pobreza. Tres años tenía Manolo cuando murió su padre, que había luchado en el bando republicano; lo metieron en la cárcel de Málaga donde contrajo la tuberculosis, de la que salió poco antes de irse de este mundo, sin poder reunirse con su familia. La madre falleció tres años después. Hambre, miseria, lucha diaria para un desharrapado muchacho que hasta los veinte años anduvo viviendo de cuanto afanaba: naranjas, melones, alguna gallina… Visitó varias cárceles en sus correrías de capeas. Y luego, tras un tiempo como peón de albañil en Madrid, conocería a su primer apoderado, Rafael Sánchez Pipo, con el que tras infinidad de revolcones en plazas pueblerinas, de recibir auténticas palizas de novillos, pudo convertirse en un torero revolucionario, heterodoxo, que llenaba las plazas. A las pensiones y hostales donde iba en su primera época, cuando ya ganaba algún dinero, se llevaba un jamón serrano, que colgaba en una ventana, cortando lonchas como signo de que estaba en el camino de ser algún día millonario.

Lo que ocurrió a partir de aquella negruzca y lluviosa tarde de mayo de 1964 cuando se presentó como matador de toros en la Monumental de las Ventas y resultó herido de gravedad. Se retransmitió el festejo a toda España y doy fe que miles de comercios cerraron sus puertas para contemplar las faenas de aquel nuevo fenómeno. El que empezó a cobrar por corrida un kilo de billetes verdes, expresión que se hizo popular pero que respondía a la verdad: delante de un fotógrafo, mandó que le trajeran una báscula, tomó un millón de pesetas, en papel, y pesaba eso, un kilo. Su popularidad fue imparable. Protagonizó dos películas. Lo recibió en la Casa Blanca Robert Kennedy, París-Match le dedicó más de un reportaje. Y la periodista Oriana Fallaci, entre infinidad de colegas de importantes publicaciones, contaron una y otra vez su vida, sus correrías, sus triunfos y sus aventuras amorosas. Y así se convirtió en un mito viviente.

Hasta que a principios de este siglo, después de varias retiradas y reapariciones, decidió no volver ya nunca más a los ruedos. Llevaba en los últimos tiempos una vida tranquila en Córdoba con su mujer y sus cinco hijos hasta que, tras los últimos acontecimientos –su separación, la paternidad- contemplemos a un hombre vulnerable, preocupado, sin su acostumbrada faz sonriente, cuyo inmediato futuro sólo él puede atisbar.

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