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El amor secreto (y que no pudo ser) de Concha Velasco

Cumple estos días 78 años y va a estrenar una comedia de su hijo Manuel.

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El amor secreto (y que no pudo ser) de Concha Velasco
Concha Velasco | Cordon Press

De una persona tan querida, tan admirada, como Concha Velasco, es difícil para el periodista encontrar alguna arista nueva de su extraordinaria personalidad que no se conozca, salvo para anunciar alguna buena nueva. Intentaremos desentrañar un pasaje sentimental de su pasado, que no sea del conocimiento del gran público, cuando esta inmensa actriz y queridísima mujer llega a los setenta y ocho años, que cumple este miércoles, 29 de noviembre. Una vallisoletana, recia, sencilla y sincera, que ha llegado a lo más alto del teatro. En diciembre estará en Barcelona representando Reina Juana, por última vez: un monólogo de hora y media que le escribió Ernesto Caballero, con el que ha recorrido un montón de escenarios durante dos años, desde su estreno en abril de 2016. Las últimas horas de una desgraciada mujer, hija de los Reyes Católicos, enclaustrada en Tordesillas, ignorada por su hijo, Carlos I de España y V de Alemania, a la que tomaron por loca. Y no era tal. Pide en su celda, antes de morir, ver a su confesor, Francisco de Borja, a quien relata sus cuitas, la más dolorosa estar separada de sus hijos. Ni que decir tiene que Concha Velasco se involucró desde el primer momento en la psicología de tan controvertido personaje histórico, al punto de afectarle en su vida particular.

Concha Velasco llega pronto al teatro, tras realizar media hora de ejercicio físico. Durante treinta minutos, después, se concentra y no deja que a su camarín llegue nadie a romper ese silencio, que le permite sentirse dueña del personaje que va a interpretar, tan duro, tan impenetrable a veces. Y eso lo hace ella que en otras funciones no le importaba recibir a compañeros, amigos o incluso desconocidos. La recepción de ellos la deja para cuando concluye la representación y aunque extenuada, considera que ya ha cumplido con su papel. Y vuelve a ser ella misma.

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Concha Velasco | Archivo

Hay una anécdota divertida de quien lleva tanto tiempo en los escenarios y se ha pasado miles de horas de su vida en ellos, en su camerino. Y es que una vez, no hace muchas temporadas, estando en el Bellas Artes madrileño, fue a salir a la calle, a las dos de la madrugada… ¡y las puertas estaban cerradas! No había ni un alma que pudiera franquearle la salida. Pasó verdadera angustia. Para no sentirse acomplejada se lo contó un día a Mary Carrillo (con quien representó Buenas noches, madre) y la veterana actriz le confió que también a ella le pasó otra noche lo mismo en el teatro Zorrilla, de Valladolid.

Pasa uno revista a la biografía sentimental de Concha Velasco y salen los nombres de siempre, los que conocen sus admiradores: el director de cine José Luis Sáenz de Heredia, el actor Juan Diego, el infortunado Paco Marsó…. Tres hombres importantes en su vida. Pero hubo uno más, el cuarto. Con quien quiso casarse. Pero no le fue posible. Se enamoró de él a poco de conocerlo. De buena facha, tranquilo, muy agradable, excelente profesional tras las cámaras, hizo muy feliz a Concha Velasco. Pero F.A. estaba casado, con hijos, y no quiso romper su matrimonio. Concha lo comprendió. Quedaron muy amigos después de una intensa, aunque no muy larga, relación amorosa. Concha, como tantas veces, aceptó su adverso destino. Y siguió luchando, rehízo su vida, tuvo su segundo hijo. El primero, Manuel, ha escrito una comedia pensando en su madre. Concha Velasco la va a estrenar en marzo. Será una manera de cambiar de registro después de su dramático quehacer con Reina Juana. Está en un momento espléndido, sin pensar en los sacrificios que lleva a cuestas tantos años como actriz. De amores, no quiere saber nada. Vive sola y no echa de menos a ningún hombre. ¡Felicidades, querida Concha, en tu cumpleaños!

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