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Ingrid Garbo: de perito mercantil a la "vedette" más espectacular

Ingrind Garbo fue una de las mujeres más admiradas de la Transición y el cine del destape.

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Ingrind Garbo fue una de las mujeres más admiradas de la Transición y el cine del destape.
Cartel de uno de sus films | Archivo

Los gustos de los varones españoles quizás hayan podido variar un tanto en los últimos decenios, pero está comprobado que en épocas pasadas las mujeres más admiradas eran aquellas que exhibían un busto sobresaliente, lo que dio lugar a un chiste ya viejo, piropo al paso de una hembra de esas características que ahora podría suponerle una multa al dicente: "¡Guapa, eso es una delantera y no la de mi equipo...!". Por supuesto que a ello había que añadir una cintura un poco ceñida y llamativo trasero, sin olvidarnos de unas piernas de campeonato. Insisto, escribo del pasado. Y aquellas féminas donde más lucían sus encantos era en las revistas musicales y también en el cine, hasta superados los tiempos de la Transición, cuando en España estaba muy cotizada en la citada estética una rubia llamada Ingrid Garbo. Su muerte, sin embargo, acaecida hace año y medio no tuvo obituario alguno, que sepamos.

Pongamos, primero, en antecedentes a los lectores que no tengan remota idea de alguna de sus películas. Por ejemplo, No somos de piedra, que dirigió en 1968 Manuel Summers, con Alfredo Landa de protagonista. Recordaba el llorado actor pamplonica el escándalo que se formó a poco de estrenarse. En el Tívoli, de Barcelona, el empresario subió el precio de las butacas, a cincuenta pesetas. Decía que Ingrid Garbo, en su papel de chacha, "estaba de infarto", dadas las medidas de su espléndido cuerpo. Y la productora ganó una millonada: en un martes, día de la semana en el que la gente iba poco al cine, se recaudaron cien mil "pelas", que entonces era una cantidad importante en ese caso.

Ingrid Garijo Garbo daba impresión de ser una teutona. Y es que había nacido en Munich, el 14 de enero de 1939, en una familia de emigrantes, que se establecieron en Venezuela, huyendo de los nazis hasta radicarse en Madrid. La joven resulta que cursó la carrera de Peritaje Mercantil (¿habría que llamarla perita... en dulce?) pero combinó esos estudios con los de Arte Dramático en Caracas. Fue modelo publicitaria, rodó allí su primera película y tres más en México. Vino a España, se casó con un empresario, José María Flor-Baztarica Gasset y fueron padres de cuatro hijos. Uno de ellos, Onofre, contraería matrimonio con la que fuera cantante infantil, Blanca, del grupo La Pandilla. Esos embarazos de Ingrid Garbo pondrían en guardia a la productora Suevia Films, de Cesáreo González, con la que había firmado un contrato, que acabó dejándolo sin efecto.

Hay dos épocas en la filmografía de Ingrid Garbo. Una en la que rodó películas fuera de España anunciada como Chuchi Vidal; ella sabría por qué. Otra en la que ya fue Ingrid Garbow, para filmes de poca monta en Estados Unidos, medio eróticos, nombre que en España ya fue casi el mismo, pero sin la uve doble final. La mayoría de esas cintas tenían un evidente fondo sensual, pues claro estaba que la actriz se sometía a aparecer ante las cámaras medio desnuda, que es lo que la censura permitía, pero desde luego exhibiendo sus pechos sin disimulo. Y así se exhibió entre finales de la década de los 60 y buena parte de los 70 en Turistas y bribones, junto al recientemente desaparecido Arturo Fernández; Mi marido y sus complejos, Enseñar a un sinvergüenza, al lado de Carmen Sevilla y José Rubio; Las Ibéricas, con calzón deportivo, pues era una historia de fútbol femenino, que se adelantaba a los éxitos de la selección que ahora triunfa en nuestro país; El señorito y las seductoras, Simón, contamos contigo, que aludía en el título a una frase publicitaria animando a los españolitos a que practicáramos deporte...

En ninguna de sus películas Ingrid Garbo dejó de ser la insinuante señora de siempre, jugando en todo momento con las curvas de su anatomía. Eran años en los que no estaba muy de moda eso de que ellas acudieran a las clínicas para operarse de tamaña opulencia. El caso es que Ingrid Garbo ya quedó marcada en ese tipo de "roles" femeninos. Como también en tales años, entre una y otra película, apareció como "supervedette" en revistas musicales del empresario más espabilado del gremio, Matías Colsada, que solía elegir muy bien a sus pupilas. En 1967 Ingrid apareció junto a quien fue la reina de ese tipo de espectáculos antes y después de la postguerra, Celia Gámez: en Mami, llévame al colegio, y también en Me las llevo de calle y El divorcio no es negocio, junto a especialistas en ese tipo de teatro, Pedro Peña, Luis Cuenca y Quique Camoiras. Ingrid Garbo decidió retirarse en 1974. Tenía entonces treinta y cinco años y ya estaba harta de enseñar lo que en su familia no parecía agradar mucho. Así es que se dedicó a estar con sus hijos, educarlos, y más adelante aceptó un trabajo de supervisora de programas de Televisión Española, lo que la obligaba a radicarse un tiempo en Montecarlo, que es donde en enero, anualmente, se celebra un festival internacional de programas para la pequeña pantalla. Llegado 2005 se fue a vivir a Marbella. Ya no se supo de ella. Quien falleció a causa de una enfermedad cardiovascular, en Madrid, el 28 de noviembre de 2017.

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