
Nueve años después de su muerte, llorada en toda España por millones de admiradores, comienza a partir de este 17 de junio una serie televisiva de tres capítulos, Lina. La mujer espectacular, que aborda la vida artística y personal de la popularísima actriz cómica madrileña Lina Morgan. Una producción de Movistar+, lo que quiere decirse que quienes quieran acceder a ella tendrán que hacerlo previo pago. Como no la hemos visto aún, nos preguntamos si se abordarán allí los verdaderos amores que tuvo, el rumor de que era lesbiana, y el intríngulis de su gran fortuna que, al parecer, según uno de sus dos herederos, no era tanto como creyeron la gente y los periodistas que llegaron a cifrarla, de una manera poco investigada y algo gratuita: entre cuarenta millones y un mínimo de diez. Así, quienes la formularon, pretendían acertar con escaso rigor.
Procurando divagar lo mínimo, voy a citar la relación de sus amores, como escribí para una agencia, sin firmar una serie de tres capítulos, que luego publicó la revista Semana sólo en dos. ¿Por qué mutilaron una de ellas? Sencillamente porque Lina Morgan se opuso. Ella y un mediocre actor que oficiaba de relaciones públicas se personaron en la redacción del semanario, asegurando que de no eliminar varios pasajes de esos tres capítulos biográficos emprenderían acciones legales. La dirección de Semana se plegó a los deseos de Lina Morgan, quien no quería que parte de su vida amorosa se divulgara.

El primero de sus novios fue el actor, entonces también cantante y bailarín Manolo Zarzo, sevillano, que compartía reparto en la juvenil compañía Los Chavalillos de España. Eran los primeros años 50 y Lina vivió con él su primera ilusión amorosa, que acabó abruptamente cuando ella fue contratada en otras formaciones artísticas.
Su segundo pretendiente se llamaba José Luis y era hijo de los dueños de una importante cadena de electrodomésticos, cuya central estaba situada en la madrileña Gran Vía. Los padres de ese novio de Lina le cerraron la puerta, obligándole a cortar tal relación que hubiera, quizás, desembocada en matrimonio: "Hijo, esa corista no te conviene. No es de nuestra misma clase social". Y el muchacho accedió a los designios paternos.
Conforme Lina Morgan iba subiendo de escalafón artísticos en el género de la revista musical, compartió otras parejas. La más sólida junto a un acreditado empresario taurino, el vasco José Martínez Uranga, de la familia de los "Choperitas", que estaba casado y con hijos. Lina presenciaba en localidad privilegiada algunos de los festejos que programaba su amante, quien le había propuesto irse a vivir a América, a lo que ella se negó diciéndole que su educación católica se lo impedía. Lo que no le impidió estar a su lado un buen tiempo. Eso sí, ni con él ni con ningún otro convivió bajo un mismo techo. Le tenía cariño ella, llevando una fotografía del empresario en su cartera, quien falleció en 2023, ya cuando su idilio con la artista estaba olvidado por él.
Lina formó un dúo cómico muy afortunado con Juanito Navarro, que duró varios años, tiempo en el que se hicieron muy populares y ganando unos cuantos millones de pesetas. Con Juanito, Lina no tuvo relaciones íntimas. Un día decidió separarse artísticamente de él para estrenar espectáculos propios con la empresa de Matías Colsada, principio de su espectacular carrera, que la convirtió en famosa y millonaria, hasta incluso comprarle al citado su teatro de La Latina, en Madrid, por una importantísima cantidad: ciento veintisiete millones de pesetas.

Lina iba a todas partes con su entrañable hermano José Luis, que moriría en un sanatorio de Guadalajara víctima del Sida. Los confundían algunos reporteros como novios. Una tapadera porque, a espaldas, procurando que nadie lo supiera, la estrella había tenido romances con un jugador del Atlético de Madrid, internacional, también con un tenor llamado Emilio, hijo de un cantante catalán de ópera muy conocido. De esos amores, la prensa del corazón no se enteraba.
Y llegó quien iba a ser el gran amor de Lina Morgan, a pesar de que tampoco con éste se atrevió a dar el paso definitivo para formar una familia y tener hijos. Porque la diva comentaba a sus íntimos el deseo de la maternidad. No quiso nunca dar ese paso, ni siquiera con este hombre que la perseguía a todas horas. Se trataba del productor cinematográfico Julián Esteban, socio de Luis Méndez en Lotus Films, empresa que contrató a Lina para siete películas, que fueron de las más populares de la estrella. Julián estaba casado, tenía hijos, pero encandilado por Lina le hizo un montón de regalos, entre ellos un abrigo de piel de lince y un automóvil último modelo. No querían que nadie los supiera enamorados. Los descubrí en una discoteca, y él vino hacia mí rogándome por todos los Santos que no publicara una fotografía que les había hecho mi compañero gráfico, ni que tampoco contara su historia sentimental. Lo complací. Y tiempo más tarde en un almuerzo, ocurrió lo mismo. Lina Morgan no llegó a agradecérmelo, y en otra ocasión se enfadó mucho conmigo, hasta que firmamos la pipa de la paz una mañana en un hotel de Bilbao, donde nos reencontramos ocasionalmente. Porque Lina Morgan era simpática, pero a veces desabrida, huraña cuando alguien se interesaba por su vida personal. Y sacaba entonces su mal genio. El público que tanto la quería y admiraba, millones de españoles, desconocía esos rasgos de su indomable carácter.
Lo de Julián Esteban acabó mal. Enfermó él, le pidió verla por última vez. Lina no quiso acudir al entierro de quien fue su desesperado amor. Y procuró olvidarlo. En adelante, ya no hubo otros hombres que llegaran al corazón de la estrella más cómica de España. Y entonces circuló entre chismes del mundo del espectáculo la especie de que Lina tenía alguna que otra amiga íntima. Algo que entonces nadie publicó. Ha sido ahora cuando algún medio ha insinuado esa posibilidad. Y así como no hubo jamás fotos comprometidas con ninguno de sus novios, mucho menos pudieron existir imágenes que demostraran esa otra opción sexual de Lina.
Más recientemente se ha deslizado en alguna publicación que a esos novios, amantes o ligues habría que sumar el nombre de José Sacristán, con quien formó pareja cinematográfica en varias ocasiones. El aludido confirmó que sí, que durante un corto tiempo salieron juntos y tuvieron sus momentos románticos, sin especificar si llegaron o no "a mayores".
Y hasta aquí llega la biografía sentimental de María de los Ángeles (Angelines) López Segovia, que esa era su identidad personal, camuflada la artística en el sobrenombre de Lina (derivación de su propio apelativo) y Morgan, que su hermano José Luis concibió para ella acordándose de la marca bancaria norteamericana, creyendo así que podría ella ser también millonaria. Acertó. Ocurre que acerca de su fortuna nunca pudo saberse, como sosteníamos al comienzo de este trabajo periodístico, la cantidad más o menos aproximada. Algo difícil, como puede suponerse. Sus cuentas bancarias no podían ser objeto de información pública. Lo que sí comentaban sus propias compañeras, era que Lina coleccionaba joyas de gran valor y abrigos de carísimas pieles. Se especulaba, sí, con lo que cobraba en sus últimas apariciones en televisión, por ejemplo en la serie Hostal Royal Manzanares: ciento noventa mil euros por capítulo. Y llegado el momento de desprenderse de su querido teatro de La Latina, pudo venderlo a una empresa inmobiliaria, que le ofrecía para construir pisos una elevada cantidad. Ella no aceptó esa oferta, pero sí la de un empresario teatral, conocido suyo, Jesús Cimarro, al frente de Pentation, o Focus-Penta, quien continuaría ofreciendo en aquel escenario revisteril una programación de variados géneros. Negocio redondo. Lina percibió siete millones y medio de euros. No obstante, llegó a llorar en la intimidad al desprenderse de "su" teatro.
Avanzada la segunda decena del nuevo siglo XXI sentíase cansada, dolorida, primero por la muerte años atrás de su querida hermana Julia, y luego la de su hermano José Luis. Sola y finalmente enferma. Había superado en el pasado una intervención quirúrgica de desprendimiento de retina. Pero el mal que la llevaría a la tumba fue un cáncer de laringe. Los médicos que la atendieron nada pudieron hacer por ella, quien sabiéndose muy enferma no lo dijo absolutamente a nadie de su entorno; actores que la querían no consiguieron verla en la clínica Rúber, porque ella así lo dispuso tajantemente, defendiendo su absoluto derecho a la intimidad. Sometida a dolorosos procesos de quimioterapia, radioterapia y traqueotomía, resultaron inútiles y sólo retrasaron el inevitable óbito que se produjo el 19 de agosto de 2015. Los únicos que estuvieron a su lado en ese duro trance hacia el más allá fueron su secretario y administrador, Daniel Pontes, y su chófer, Abelardo González. Para ellos fue la herencia que les dejó Lina Morgan.
¿En qué consistió? Elucubraciones fueron muchas. Abelardo no reveló la parte que le correspondía, el cincuenta por ciento de lo dejado por la artista. Pero Daniel Pontes sí que ha querido contar su verdad en esta serie que va a emitirse. Donde ha dicho lo que sigue, en su condición de heredero universal de Lina Morgan: que le correspondió el piso donde vivía ésta en la calle de Samaria, número 12, de doscientos noventa metros cuadrados, en el barrio del Niño Jesús, cercano al Parque del Retiro. Y dos millones de euros, de los que hubo de pagar un setenta por ciento a Hacienda al no ser heredero directo de la finada. Hubo de hacer frente también a cuantiosas facturas de la clínica donde la atendieron de su enfermedad. En consecuencia, según su testimonio, parece que no fue tanto lo que le correspondió del patrimonio de la actriz. No alude a cuantas joyas de gran valor, pieles, pinturas y otros objetos. Ni a inmuebles que pudieran haber pertenecido a su jefa, como también acciones bancarias que se presumía formaron parte de sus inversiones.

En cualquier caso, siempre respetando sus derechos civiles, el señor Pontes no parece hasta la fecha, desde que falleciera Lina Morgan hace nueve años, que se haya comportado como un nuevo rico, haciendo ostentación de esa herencia. Ha confesado que sigue habitando un piso modesto con sus hijas en Alcorcón, ciudad-dormitorio de Madrid, como se la conoce, a medio centenar de kilómetros de la capital.
Una vez se estrene la serie Lina. La mujer espectacular, podremos juzgar si lo expresado allí por los testimonios de muchos personajes, amigos que conocieron a Lina Morgan, aportan lo suficiente para discernir lo referente a su vida íntima, la riqueza que acumuló por tantos años de trabajo y si su herencia corresponde, al menos, en la mitad, a lo contado por su fiel administrador, quien por cierto ejerció antes como chófer, tanto de la madre de la artista, como al fallecer aquella pasó a serlo de Lina. La, para nosotros, inolvidable y sensacional actriz cómica, quien tanto hizo reir a los españoles con su siempre personaje habitual de la "tonta del bote", chica de pueblo, patizamba, que gesticulaba como si fuera una cateta, cuando luego resultaba ser al final de sus historias teatrales, una adorable, tierna mujer, que sólo pensaba en el bien de los demás. Ése era su personaje. Y luego, ya en la calle, Lina Morgan se transformaba en María de los Ángeles, millonaria en afectos, pesetas y euros, pero infeliz en lo concerniente a su vida amorosa.