
Es Alex González uno de los galanes de televisión que además de su biografía artística con éxitos notables, acumula otra de carácter personal, como acreditado seductor. Si contamos las novias conocidas que ha tenido, en una lista de conquistadores, este madrileño de cuarenta y tres años la encabezaría sin ninguna duda. No hay año que no cambie de pareja. Al respecto, ha declarado que en la actualidad se encuentra "muy enamorado y feliz". Frase tópica, por supuesto, y además, sin especificar quién es la causante de ese benéfico estado emocional. Tenemos la historia, corta, con quien lo relacionábamos meses atrás: una doctora, pero también se cuenta que no hace mucho lo encontraron besando ardientemente en la pista de una discoteca a cierta desconocida joven. Lo contamos así.
Quien creíamos era su posible último gran amor, Camila Rojido Asteggiante, es una doctora de medicina estética que trabaja en la clínica madrileña Martín del Yerro, sita en el paseo de la Habana, quien goza de una selecta clientela como experta en tratamientos de rellenos faciales. Camila sucedió a María Pedraza en el corazón de Alex González. Éste suele, si sus contratos se lo permiten, viajar con sus conquistas a algún lugar exótico. Y con la doctora Rojido se fue en las últimas Navidades y Año Nuevo a la República Dominicana, donde los fotografiaron muy contentos y sin que se quejaran por la presencia de los reporteros.
Esta pareja continuó su relación en los siguientes meses del presente 2024. Pero he aquí que aparecieron otras imágenes del galán con una tal Lorena Ramiro, ya decíamos muy acaramelados. De ella no se sabe nada, salvo que salía con el jugador internacional, del Barça, Pedri, una de las estrellas de la actual selección española en la Eurocopa.
Así es que a la hora de escribirles esta historia no sabemos en qué estado se encuentra su convivencia con la doctora Rojido. Esperemos que en este recién estrenado verano se les pueda, o no, ver en alguna playa. O bien Alex esconde a esa mujer que, pudiéndose ser Camila, es la que le ha proporcionado la felicidad actual de la que goza, como ha dicho en público.

¿Por qué la vida sentimental de Alex González es tan inestable, cuando tiene una edad para ir "sentando la cabeza"? A lo peor tiene su origen en el pasado familiar del excelente actor. Su madre era cantante y su padre, trabajador en la Compañía Telefónica en un departamento financiero. Se separaron siendo Alex, menor de edad, con una hermana que es compositora. De lo que se infiere que ese fracaso de sus progenitores puede haber influido psicológicamente en él para no tener prisa en casarse, o tal vez no hacerlo nunca, como enemigo de firmar papel alguno.
Atrás, el protagonista de El Príncipe, como Javier Morey, y de Vivir sin permiso con el personaje de Mario Mendoza, amén de otras series televisivas con las que se ha ganado a pulso buenas críticas y muy justa popularidad, ha sido muy a menudo habitual en la prensa rosa. Y si no, recuérdense sus romances con Chenoa, Adriana Ugarte, Hiba Abouk, muy renombradas actrices, cantante también la primera, o las menos conocidas Olivia Mann y Carmen Jordá. Con la antes mentada María Pedraza daba la sensación de que iba muy en serio, pero al cabo de poco tiempo, la dejó.
Alex González disfruta de constantes contratos. Su última serie, que viene promocionando desde semanas atrás, es Desde el mañana. Producción de la multinacional Disney, en un papel de policía y argumento entre surrealista y de ciencia-ficción. Marta Hazas ha coprotagonizado esa historia, formando una excelente pareja. Alex suele enamorarse de sus compañeras de reparto, pero en esta ocasión ya ha sido consciente de que Marta está felizmente casada y no era cuestión de molestar y perder el tiempo.
Al margen del cine y sobre todo la televisión que le han proporcionado notoriedad y un saludable futuro económico, Alex González ha invertido parte de su patrimonio en el mundo de la hostelería, con sus socios el chef Paco Roncero, el también galán Miguel Ángel Silvestre (otro que tal con sus ligues), y los futbolistas Griezmann y Marcos Llorente, propietarios de un restaurante madrileño, "Rhudo", muy frecuentado por una clientela que quiere estar "a la última" en ofertas gastronómicas. No es que vayan todos los días a vigilar el negocio, pero de vez en cuando alguno del quinteto se da una vuelta por el local, ante la complacencia del elemento femenino.