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La desgraciada vida de la actriz Ashley Judd: violada tres veces, no quiso acostarse con Harvey Weinstein

La desgraciada vida de la actriz Ashley Judd: violada tres veces, no quiso acostarse con Harvey Weinstein, que la vetó en Hollywood

La desgraciada vida de la actriz Ashley Judd: violada tres veces, no quiso acostarse con Harvey Weinstein, que la vetó en Hollywood
Cordon Press

He aquí la historia de una actriz que en los años 90 gozaba del éxito en Hollywood y perdió ya en las décadas siguientes ese tren, para ser en la actualidad una frustrada intérprete, que subsiste con trabajos ya de poca proyección artística. Tampoco su vida personal fue afortunada. A los doce años sufrió una agresión sexual, fue más tarde violada en más de una ocasión, abortó, y ni siquiera su matrimonio le hizo olvidar esas desgracias, pues acabó en divorcio. No tuvo hijos.

Ashley Judd, cuyos apellidos reales son Tyler Ciminella, nació hace cincuenta y seis años en Los Ángeles. Su irrupción en el cine resultó esperanzadora, tras cosechar buenas críticas por su papel en "Kuffs", su debut. Donde su papel no era muy importante: desechó otro que le ofrecieron, de más relieve, al negarse a rodar desnuda algunas secuencias. Su crédito como futura estrella en la pantalla aumentó tras ser protagonista de "Ruby in Paradisi", en 1993. Década en la que intervino en otros filmes, no tan decisivos como el mentado aunque no por ello irrelevantes, caso del "thriller" "El coleccionista de diamantes" fechado en 1997, junto a Morgan Freeman, con quien volvería a emparejarse en otro del mismo género, "Toda la verdad" en 2002. Había también rodado en 1999 "Doble traición", al lado de Tommy Lee Jones. Otros títulos destacados: "Smoke" y "Heat", donde compartió honores estelares junto a Robert de Niro y Al Pacino. También resaltamos que, veinticinco años antes de que Ana de Armas se pusiera en la piel de Marilyn Monroe, Ashley Judd ya lo hizo en el serial televisivo "Norma Jean & Marilyn". Excepcionalmente, contrariando con ello su decisión de no mostrarse en la pantalla nunca en pelota picada, accedió en aparecer en la portada y páginas de "Playboy" sin ropa, tal y como Marilyn hizo en sus comienzos, cuando le preguntaron por qué estaba desnuda, y ella lo desmintió: "Encima yo solo llevé gotas de Chanel 5".

Su carrera fue desvaneciéndose. ¿Por qué su futuro inmediato se truncó con la llegada del nuevo siglo? Varias fueron las razones. Acaso su destino impredecible estuvo abocado a causas que Ahsley no pudo controlar. Si le ofrecían papeles donde tuviera que despelotarse, ella seguía su firme decisión de rechazarlo: "Mi madre trabajó mucho – decía – para que yo ahora aceptara algo que podría avergonzarla". Su madre era cantante de country, Naomí Judd, y la quería a pesar del trato que recibió desde que era niña. Contaría en sus memorias que le importaba más su carrera musical que ocuparse de ella y de su medio hermana Wynona. Puede, admitía, que esa deplorable conducta materna estuviera dictada por su condición de drogadicta.

Esa situación familiar hizo mella en el carácter de Ashley. Contó que fue violada tres veces, quedando embarazada una de ellas, lo que la llevó a quitarse de encima el bebé. El aborto también pudo causarle su consiguiente golpe de conciencia. Uno de sus violadores fue identificado por ella: se trataba de un paisano de Kentucky, residente en Tennessee. Creyó, de buena fe, al cabo de cierto tiempo, que entrevistándose con él, resolvería el problema interno que la atenazaba. Aquel reencuentro no le supuso alivio alguno.

En el año 2005 fue presa de continuos ataques mentales, que la llevaron a un hospital, donde fue atendida por un tiempo. Resolvió enfrentarse al recuerdo de sus constantes sombras del pasado ante un ordenador, contando su vida, y así quizás encontraría la paz que buscaba. Y en ese libro reveló sus desgracias, minuciosamente.

Como quiera que su carrera en el cine comenzaba a tambalearse pensó dedicarse a la política. A finales de los 90 su proyecto de presentarse a las elecciones el Senado de los EE.UU quedó en agua de borrajas, no encontrando apoyo entre los demócratas a los que pidió colaboración. Le dijeron que una estrella de Hollywood no debiera entrometerse en política.

Hacia 1997 ocurrió algo trascendental para ella, al ser acosada sexualmente por uno de los productores más importantes de la industria cinematográfica, Harvey Weinstein, aunque no se atrevió a denunciarlo por miedo a quedarse sin trabajo. Pasaron dieciocho años cuando en 2015 sí que lo hizo, pese a que tampoco consideró descubrir su identidad. En las páginas de la influyente revista "Variety" deslizó aquel encuentro pasado. Fue rodando "Besos que matan". Weinstein la citó en un hotel con la excusa de que hablarían del futuro de Ashley. Inocentona, acudió a ese encuentro. Ese zorro, asqueroso productor sin escrúpulos no quería perder el tiempo y nada más llegar la joven actriz le dijo que se dispusiera a darle un masaje, a lo que ella se negó. Ya desnudo en la ducha, pretendió que entrara con él y tampoco Ahsley estuvo dispuesta. Weinstein echaba espuma por su boca y la echó de la habitación con cajas destempladas, amenazándola de que le sería difícil en adelante abrirse un hueco en el cine. Recordarán que un número amplio de actrices, a las que el mencionado productor había seducido, se unió dando lugar al movimiento "Me too". Juzgado después Harvey Weinstein de aquellas duras acusaciones, acabó en 2020 condenado a prisión durante veintitrés años. Y en una celda sigue, purgando su miserable conducta.

Ashley, tras aquella denuncia en "Variety" donde, insistimos, no identificaba a Wenstein, sí que lo hizo en 2017 en el "New York Times". Y un año más tarde lo demandó judicialmente, pero el escrito fue rechazado. La actriz se sintió desprotegida, mucho más al comprobar que las amenazas del encausado sí tuvieron repercusión en el futuro laboral de la actriz, quien iba a rodar "El señor de los anillos" y no la contrataron.

Aunque alternamos cronológicamente los avatares de su inestable vida, nos ocupamos a continuación de la única vez que decidió casarse. Transcurría el final del decenio de los 90 cuando se enamoró de un piloto de carreras italo-escocés, Dario Franchetti, con quien contrajo matrimonio en 2001. Aparentemente ese episodio le sirvió a Ashley para estabilizar su día a día. Hasta que en 2013 se divorciaron. Ella no quería ser madre por nada del mundo. Sus razones tendría. En sus memorias confesó que había donado parte de sus ahorros a una institución que vela por la asistencia sanitaria, alimenticia y escolar a niños desprotegidos. Esa actitud de colaboración con fines humanitarios la extendió a los enfermos de Sida, lo que le supuso en 2002 ser nombrada embajadora mundial de una entidad que velaba por la salud de aquellos.

Para olvidar cuanto pudiera ser de su pasado hizo un viaje por el Congo. Con tan mala suerte que sufrió una caída, produciéndole rotura por varias partes de una de sus piernas. De regreso a Los Ángeles hubo de permanecer varios meses recuperándose. Pareciera que era gafe, cuando ya laboralmente únicamente aparecía en papeles menores en películas de serie B y en telefilmes de escasa entidad. Otro golpe añadió más dolor en ella: la muerte en 2022 de su madre.

No puede decirse que pese a que la suerte le era esquiva ella no ha luchado en los últimos tiempos para salir adelante. Empezando porque hace unos años, ante la falta de propuestas de trabajo como actriz, siguió un máster de Administración de Empresas en la Universidad de Harvard. Nunca, por otra parte, ha descuidado su físico, recurriendo a frecuentes retoques en su rostro.

En una palabra: quien fuera una estrella de la pantalla en los años 90 nunca ha arrojado la toalla. Un ejemplo de supervivencia.

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