
Se ha cumplido en el pasado mes de septiembre el centenario del nacimiento de una de las más importantes actrices cinematográficas, Lauren Bacall. Estuvo casada durante algo más de once años con el legendario Humphrey Bogart. Formaron el matrimonio perfecto en el Hollywood de la época. Todo un símbolo de estrecha unión. Luego resultó que él enfermó gravemente. Meses antes de su dramático final, Lauren Bacall cayó rendida en los brazos de Frank Sinatra. Y éste, sin sensibilidad y oportunidad, le pidió a Lauren, estando Humphrey de cuerpo presente, irse a la cama.
Viuda, a poco de ser enterrado su marido, ella continuó aquel idilio. Que pudo terminar en boda, pero injustamente Frankie la acusó de hacerse publicidad a costa suya. Y rompieron el compromiso. Lauren contrajo después un segundo matrimonio: con Jason Robards, que era un alcohólico compulsivo, y por eso también terminó con él. Madre de tres hijos, fue una estrella del cine de los años 40 y 50, para después triunfar con los musicales en Broadway y finalmente, ya octogenaria, todavía interviniendo en series televisivas.
Hay cuatro películas, sobre todo las tres primeras que citamos, "Tener o no tener", "El sueño eterno" (que en España se estrenó con otro título, valga este anecdótico dato, por poco tiempo, "Al borde del abismo") "Cayo largo" y "La senda tenebrosa", que son títulos imprescindibles en la historia del mejor cine negro. Y las tres tuvieron como protagonistas a quien ya era un veterano actor de la pantalla, Humphrey Bogart y la entonces aún desconocida Lauren Bacall. Filmes que continuamente vienen reponiéndose en las televisiones de todo el mundo. Son ya clásicos. Razones para que las vidas de ambos ídolos sean recordadas a menudo. Hoy lo hacemos con la de Lauren, en razón de que nació hace cien años, en el Bronx, barrio de Nueva York, el 16 de septiembre de 1924.
Hija de padre alcohólico que abandonó a la familia cuando la futura actriz contaba seis años. Ella se llamaba en realidad Betty Joan Perske y había nacido en el seno de una modestísima familia obrera. Con la huida del progenitor, madre e hija resolvieron cambiarse de apellido, tomando el de una de las abuelas. Mala estudiante, aquella niña Betty sintió prematuramente una inclinación hacia el teatro.
Le quedaba, obviamente, mucho camino por recorrer hasta ser actriz. Entró en la Universidad. Pero aquel trasiego diario hasta llegar a las aulas, desplazamientos largos e incómodos en autobuses y estaciones de "Metro" acabaron por aburrirla. "Decidí que saldría a conquistar el mundo", escribió en su primer libro de memorias, "Por mí misma", que aparecieron en 1978 y luego en 2005 las amplió con otra edición. Allí contaba la época juvenil cuando iba recorriendo ilusionada las fachadas de los teatros de Broadway. Encontró en uno de ellos el puesto de acomodadora. También se llegaba hasta las puertas del restaurante "Sardi´s", famoso porque a él iban las celebridades del espectáculo, estrellas, actores, productores. Se acercaba a ellos para venderles un ejemplar de la revista "Cue. Y más adelante en su búsqueda constante de oportunidades, halló la de modelo fotográfica y apareció en la portada de Harper´s Bazaar. La editora de esta influyente revista, Diana Vreeland, la eligió, proporcionándole una larga sesión fotográfica. También aparecería en otra portada, de Vogue, una de las más acreditadas publicaciones de modas.
La esposa de Howard Hawks, célebre director y productor cinematográfico, Nancy, hojeando aquel ejemplar de Harper´s Baazar, se lo pasó a él, sugiriéndole que podría ser un descubrimiento suyo para la pantalla. Y Howard dio con ella, le hizo unas cuantas pruebas, le firmó un contrato tras cambiarle el nombre y así es como debutó en su primera película anunciada como Lauren Bacall. Apelativo que no fue de su agrado: hubiera preferido el suyo propio, herencia judía. Tenía sólo diecinueve años, mucha ambición pero nula preparación como actriz. Y, sin embargo, entró por la puerta grande de la Warner Bross emparejada nada menos que con un ya acreditado primer actor, maduro galán: Humphrey Bogart. Al principio ella se sintió incomoda en los primeros días del rodaje. Físicamente, él no le gustaba. Pero él, veinticinco años mayor, veterano en el cine y en la vida, logró tranquilizarla. Y no sólo eso: a las tres semanas, Humphrey, que le había dado la impresión de ser algo tímido, se acercó a ella en su camerino y la besó. Cuando concluyeron aquella película que los había unido en los títulos de crédito, "Tener o no tener", se casaron el 21 de mayo de 1945.
Ella no había tenido hasta entonces ningún novio, aunque tonteó siendo jovencita con un primerizo Kirk Douglas. En cuanto a Bogart, se había casado tres veces, la última con la actriz Mayo Methot, que era alcohólica. Como quiera que él también abusaba del whisky, tenían unas peleas diariamente. Acordaron divorciarse, lo que hicieron en uno de sus pocos momentos sobrios.
Humphrey continuó abusando de la bebida, ya casado con Lauren, aunque ella procuraba moderar sus excesos. Estaba locamente enamorada de él, sobre quien escribió en sus memorias esto: "Quise darle a Bogie (era el sobrenombre familiar del actor) todo lo que yo no había tenido. Todo el amor a un hombre, a un padre invisible. No podía haber elegido a otro como él".
Las cuatro películas que rodaron juntos acabarían siendo el mejor ejemplo de una sensacional pareja como nunca había existido en Hollywood. Se filmaron entre los años 1944 y 1948. Puede que desde el punto de vista crítico no todas ellas fueron las que mejor interpretó la actriz, quien por ejemplo, tenía por preferida "Mi desconfiada esposa", que iba a protagonizar Grace Kelly, junto a Gregory Peck, en 1957, pero su boda con Raniero de Mónaco lo impidió. Un año antes también rodó "Escrito sobre el viento", considerada como una de las obras destacadas de su director, Douglas Sirk, donde tuvo como compañero a Rock Hudson. Y en esa etapa, sin tener al lado a Humphrey Bogart, fue una de las estrellas de un título muy comercial, "Como casarse con un millonario", compitiendo en belleza y "sexy" con Marilyn Monroe, en el apogeo de su leyenda, estrenada en 1953.
Al citar toda esa filmografía, queremos hacer hincapié en que Lauren Bacall tuvo su época dorada en la pantalla desde mitad de la década de los 40 hasta entrada la de los 60, pues después, aunque siguió trabajando hasta acercarse a su senectud, ya su fama cinematográfica había descendido, coincidiendo con la muerte de Humphrey Bogart.
El matrimonio había tenido dos hijos, Leslie y Stephen Humphrey. Solían celebrar cenas y reuniones con algunos colegas, entre ellos Frank Sinatra. Llegó un momento en el que Humphrey le dijo a su mujer: "Lauren, empiezo a sospechar que Frankie se reúne con nosotros, pero no para verme a mí". Y es que, efectivamente, había dado en el clavo. Conforme iba avanzando su enfermedad, un cáncer de esófago (no de pulmón como figura en algunas biografías equivocadas), el cantante presionaba a Lauren para verse. Y sus encuentros acabaron con el deseo ardiente que "La Voz" tenía para acostarse con ella. Cuando Bogart falleció, Sinatra y la Bacall ya llevaban un tiempo, varios meses, siendo amantes, lo que llevaron con muchísimo sigilo. En la capilla ardiente estuvo Frank para sentirse apenado por la desaparición de Humphrey. Eran buenos amigos, lo que no quita para que el "crooner" le pusiera los cuernos. Entonces, la viuda contaba treinta y dos años y era madre de dos hijos menores.
Meses después de que Bogart se fuera de este mundo, Lauren y Bacall continuaron juntos. Planearon casarse. A punto estuvieron de hacerlo. Pero de pronto, como apuntamos líneas atrás, el genio insoportable del cantante saltó por los aires cuando le espetó a ella que se estaba aprovechando publicitariamente de él al revelar que iban a contraer matrimonio. Quien publicó la noticia fue Louella Parsons, una de las cotillas de Hollywood más celebradas. Se enteró no por boca de Lauren, sino por el representante de Sinatra.
La boda se fue al garete, no hubo tal. Y Sinatra dejó a la Bacall, porque además por entonces sostenía una fogosa relación con Kim Novak. Acerca del maltrato que Lauren Bacall recibió de Sinatra, ella contó cuanto sigue en sus memorias: "Se comportó conmigo como un auténtico mierda. Nunca conocí a un reptil como él".
Aunque sus dos volúmenes de memorias los escribió Lauren Bacall con la ayuda de un periodista, no dudamos de su propio ingenio, pues recogemos algunas frases suyas, a modo de aforismos, que la revista Elle recogería en sus páginas: "Nunca pensé que el matrimonio fuera una institución duradera. Estar casada cinco años era para mí como estarlo para siempre". Y esto otro: "Una mujer no está completa sin un hombre. Pero ¿dónde puedes encontrar a un hombre, un hombre de verdad en estos días?".
En 1961, olvidado Sinatra para siempre, Lauren Bacall se casó con Jason Robards Jr. Tuvieron un hijo, Sam. Se divorciaron en 1969. Ella estaba hasta el gorro de aguantarle sus habituales borracheras.
Como los del cine se habían olvidado de ella, dedicó en adelante más atención al teatro, tanto a la comedia como a los musicales de Broadway, el mejor escaparate mundial de ese último género. Representó "Flor de cactus", divertida pieza; "Aplausos" y "La mujer del año", cantando y moviéndose en el escenario con la agilidad de una joven, cuando ya no lo era. Del cine, citemos su aparición en una cinta coral, "Asesinato en el Orient Express", según la novela de Agatha Christie. Y en el teatro, todavía en 1999, con setenta y cinco años, representó otra comedia del muy ocurrente Noël Coward, "Waiting in the Wings". En 2014 prestó su voz, de sonoridad ronca, para un episodio de la serie "Family Guy". De igual modo que apareció en otra de gran difusión, "Los Soprano".
En definitiva, a Lauren Bacall no le faltaron ocasiones en el último tramo profesional de su vida para seguir de alguna manera en candelero, aunque ya sin el protagonismo de antaño. Aceptó promocionar marcas de joyas, de café, de una cadena de descuentos y hasta de una comida para gatos.
¿Y el amor? ¿Se jubiló de nuevas relaciones sentimentales con el paso de los años? Pues, no. Con el político Adlay Stevenson se la relacionó una temporada. Y fue evidente el romance mantenido con Harry Guardino, su compañero en las representaciones del musical "La mujer del año". Eso cuando Lauren ya era madurita.
Lauren Bacall unía a su muy personal atractivo, sus bonitos ojos verdes, el pelo pelirrojo siempre que podía llevarlo, una personalidad única, en la que destacaba su grado de cinismo e ironía, que los directores de sus películas supieron aprovechar, sobre todo en aquellas películas junto a Bogart. De soñadora ambiciosa podríamos calificar su idiosincrasia.
Cuando se acercaba a los 90 años, entre otras reflexiones, recogemos ésta: "He vivido mucho tiempo, pero insuficiente para mí". En esa última etapa residía en un edificio emblemático de Nueva York, el Dakota, no sólo por su destacada arquitectura sino porque a sus puertas un psicópata acabó con la vida de su admirado John Lennon. Allí le sorprendió también la muerte a esta gran actriz, quien como la hormiguita del cuento dejó una fortuna para sus tres hijos, estimada en veintisiete millones de dólares, que repartieron a partes iguales. Pero por encima de esa circunstancia de mujer trabajadora que ahorró cuanto pudo, que fue mucho, nos quedó para sus admiradores el legado de unas películas lejanas que siguen estando presentes en nuestra memoria.