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Lolita, fuego en el cuerpo: "Estoy abierta al amor, pero a mis 66 años lo veo difícil"

Lolita Flores confiesa que se ha enamorado muchas veces y ha llorado muchísimo por lo que sufríó. Aún así, está abierta a enamorarse de nuevo.

Lolita Flores confiesa que se ha enamorado muchas veces y ha llorado muchísimo por lo que sufríó. Aún así, está abierta a enamorarse de nuevo.
Lolita, en esRadio. | David Alonso Rincón

Se ha recuperado Lolita de un ligero bache en su salud, que la obligó a suspender algunas funciones de "Poncia", un trasunto lorquiano de "La casa de Bernarda Alba", monólogo que, con éxito, viene representando hace meses. Esa faceta de presentadora o "coach" la asumió en "Tu cara me suena", con acierto. La verdad es que su actividad artística ha sido intensa en estos últimos tiempos.

Hace ya alrededor de cinco años que no graba discos, ni canta. Sin embargo estos días ha marchado a Miami para recoger un Grammy latino en reconocimiento a su carrera musical. Ello la ha llenado de ilusión: puede que el año próximo intente programar una gira para volver a cantar y dejando entonces momentáneamente de lado el teatro, que tantas satisfacciones le ha reportado en los últimos tiempos. Respecto a su vida personal, comenta que está abierta a enamorarse, aunque lo ve difícil dada su edad, sesenta y seis años. También que está escarmentada de las heridas sentimentales que dejaron en ella cuantos hombres pasaron por su vida.

Enamoradiza, con trece años ya tuvo su primer novio; se llamaba Rufino García, era hijo de unos amigos de sus padres, el chico tres o cuatro años mayor que ella. A sus diecinueve años se mató montando en moto. Lolita sufrió el primer doloroso episodio de su vida sentimental.

Conforme se hizo mayor, alcanzando la mayoría de edad, tuvo otros romances, de corta duración, con Manolo Lapique (hermano de Cari) y con el torero Sebastián Palomo Linares. No tuvieron apenas trascendencia. Por cierto: Lolita tomó a broma la manera con la que Lapique se dirigía a ella, llamándola ¿cariñosamente? "Cucaracha". Extraño humor, como asimismo era el que "Paquirri" utilizaba para motejarla con el adjetivo "enana".

Lolita frecuentaba Marbella los veranos. Eran los años 70 cuando la denominada capital de la Costa del Sol estaba de moda, y allí acudían personajes populares. En ese ambiente festivo, de "glamour", Lolita vino a enamorarse de un curioso tipo llamado Antonio Arribas, abulense que había trabajado como especialista en el cine, doblando escenas de riesgo de los protagonistas; tuvo que retirarse por una grave lesión en los pies, y en adelante vivió a cuerpo de rey con un grupo llamado Los Chorys, cuatro componentes en total que dilapidaron la herencia de uno de ellos, Yeyo Llagostera.

Arribas conquistó a Lolita, aunque no estaba en sus propósitos casarse. Ella quedó deslumbrada por él. "Me enseñó lo que es la vida. Y perdí la inocencia". Se lo contó en seguida a su madre. Lola Flores sólo le preguntó: "¿Te ha dolido mucho?". Y es que entre madre e hija nunca existieron secretos.

Terminaron aquellos cuatro años de amor intermitente con Arribas. Y fue entonces cuando apareció Francisco Rivera "Paquirri" cortejándola. De nuevo, Lolita se sintió atraída por el que fue su segundo gran amor. Y convivió con él en las dos fincas del torero, "Cantora" y "El Robledo", la primera harto localizada en la provincia de Cádiz, la segunda, en Constantina (Sevilla). Él la engañó con varias mujeres, una de ellas sabido es fue Bárbara Rey. Lo chusco de esta relación es que el infortunado matador de toros le contaba a Lolita con cuantas se acostaba. Y ésta aguantaba sus celos, porque lo quería. A sus veintiún años sufrió otra decepción cuando "Paquirri" le comunicó el final de su idilio, porque iba a casarse con Isabel Pantoja.

En ese ir y venir de su vida sentimental, Lolita también sintió una atracción especial hacia Joan Manuel Serrat, pero éste siempre la trató cariñosamente como si fuera su hermana pequeña y nunca quiso herirla, haciéndola comprender que no podían sostener relaciones íntimas. Años después, en 2014, Lolita fue muy feliz al cantar "Mediterráneo" a dúo con él en un programa de televisión.

Lolita necesitaba un hombre a su lado, que se enamorara de verdad de ella, para casarse y tener hijos. Y eso es lo que pensó cuando llegó a su vida el argentino Guillermo Furiase. No parecía tener éste "ni oficio ni beneficio". Inútiles fueron las advertencias de personas del entorno de Lolita, acerca de la inconveniencia de casarse con él, que no surtieron efecto. El recuerdo de su boda celebrada el 23 de abril de 1983 en la iglesia de la Encarnación de Marbella, totalmente abarrotada, pertenece ya al anecdotario de Lola Flores cuando, ante las dificultades del sacerdote por la avalancha de fieles y curiosos para casar a Lolita con Furiase, tuvieron que refugiarse en la sacristía Fue en esos momentos cuando "La Faraona" a grito pelado soltó lo que sigue a la muchedumbre: "¡Si me queréis, irse!" Frase ya propiedad del vulgo para cualquier ocasión festiva que se preste a pronunciarla.

Lolita fue feliz un tiempo con Guillermo y sobre todo por el nacimiento de sus dos hijos, Elena, en 1988, y Guillermo, en 1993, la primera hoy actriz y el segundo, músico.

En 2001 se divorciaron. Un palo para Lolita, que no esperaba esto del argentino. Y no se comprometió con ningún otro hombre hasta que representando una comedia teatral "Ana en el trópico" volvió a encandilarse con su compañero, un fogoso cubano, Pablo Durán, que le duró un quinquenio, a partir de 2010.

Un decenio se cumplirá en los próximos meses que Lolita vive en soledad, aunque cuando ve a sus hijos y a sus nietos, la mitiga, con su sentido permanente del amor a la familia, que siempre la inculcó su madre. Llegado a este punto, las reflexiones que Lolita hace, con su acostumbrada sinceridad, la definen como una mujer sensible que no ha conseguido nunca la felicidad completa con los hombres que han pasado por su vida, pues casi todos, si no todos, fueron los que rompieron con ella.

"Me he enamorado muchas veces y he llorado muchísimo por lo que sufrí", manifiesta haciendo recuento de sus parejas.

Lolita ha sido siempre una mujer luchadora. Ha vencido momentos difíciles en su vida, cuando no tenía contratos y recurría a las revistas del corazón, que le pagaban por acceder a reportajes familiares. En los últimos tiempos, a pesar de su fracaso con aquella tienda de ropa infantil con la que perdió mucho dinero, ha sobrevivido con sus apariciones televisivas sobre todo. El teatro no deja mucho si no eres empresaria, pero le ha aportado credibilidad como actriz. Piensa grabar un disco como sea dentro de unos meses y reemprender sus actuaciones musicales. No quiere enfrentamientos con nadie, ni siquiera con Isabel Pantoja, con quien tuvo sus más y sus menos hace ya bastante tiempo. Ha dicho que le gustaría verse con ella y olvidar lo pasado. Lolita quiere vivir en paz y no caer nunca más en aquel periodo que la llevó a consumir algunas drogas. Un episodio negro en su biografía que confesó personalmente ante las cámaras. Podía haber sido su ruina total, no en vano era consciente de lo que le ocurrió a su hermano Antonio con sus adicciones.

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