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Meg Ryan: de reina de la comedia romántica a olvidada en Hollywood por su desnudo, infidelidad matrimonial y divorcio

Meg Ryan pasó de ser la novia de América a bajar su popularidad por culpa de unas malas decisiones y una película con escenas sexuales.

Meg Ryan pasó de ser la novia de América a bajar su popularidad por culpa de unas malas decisiones y una película con escenas sexuales.
Cordon Press

La actriz norteamericana Meg Ryan, que acaba de cumplir sesenta y tres años, ya no es la reina de la comedia romántica como fue denominada tras sus repetidos éxitos cinematográficos, entre los que se cuentan: "Top Gun" junto a Tom Cruise; "Tienes un e-mail", y sobre todo "Cuando Harry conoció a Sally". ¿Qué ocurrió para que las productoras le dieran de lado al comprobar que sus películas ya no eran taquilleras como en el pasado? No era porque hubiera cambiado su físico. El desnudo en una de ellas, no gustó. Y quienes la adoraban entre sus millones de seguidores, quedaron decepcionados al saber que le había puesto los cuernos a su marido, Dennis Quaid, con Russell Crowe, y luego se divorció.

La biografía de quien se llama realmente Margaret May Emily Anne Hyra, nacida el 19 de noviembre de 1961 en el estado de Connecticut, hija de un profesor de matemáticas y una profesora de inglés y ex actriz, que adoptó como apellido artístico, Ryan, el de su abuela materna, aborda sus estudios universitarios en Nueva York. Quería ser periodista pero cambió ese designio al decidirse por los de Arte Dramático. Compartió sus enseñanzas con sus primeras actuaciones. Tuvo fortuna en su debut en la pantalla, con un papelito en "Ricas y famosas", la última película que dirigió George Cukor, donde era la hija del personaje encarnado por Candice Bergen. Hasta su consagración cinematográfica, Meg Ryan se ganó la vida en series televisivas en la década de los 80.

El año 1987 fue decisivo para ella, cuando rodó "Viaje insólito" junto a Dennis Quaid, y después asimismo a su lado en "Muerto al llegar". Enamorados en la ficción y en la vida real. Se casaron el día de San Valentín de 1991. Tuvieron un varón, Jack, nacido al día siguiente.

Meg Ryan no era precisamente fuera de los rodajes la misma dulce y algo ingenua joven de algunas de sus románticas apariciones en la pantalla. Le gustaba provocar de vez en cuando. Sucedió que, estando ya casada, cierto día fue a almorzar con su compañero en "Cuando Harry conoció a Sally", Billy Cristal y a mitad del ágape, con el restaurante a rebosar, fingió tener un orgasmo, con el natural escándalo entre quienes compartían unas mesas contiguas. A Meg empezaban a divertirle esas reacciones, porque dada su popularidad las críticas no le afectaban: se creía invulnerable. El mentado Billy Cristal dijo de ella que le parecía una belleza asexuada.

El matrimonio con Dennis Quaid fue entrando en barrena. Disimulando, Meg declaraba en sus entrevistas periodísticas que creía en las parejas unidas por la familia, cuando ya su unión con Dennis naufragaba. Gran culpa de eso la tuvo él, pues le era infiel y además se drogaba, adicto a la cocaína desde que estaba soltero. Meg Ryan, antes de dar el paso de la separación, le puso los cuernos a Quaid en justa correspondencia. Lo hizo cuando coprotagonizaba "Prueba de vida" junto a Russell Crowe, el año 2000, que es cuando tras nueve años de convivencia ella dejó a Dennis.

No todas las películas de Meg Ryan fueron de corte sentimental y romanticismo. Ella misma quiso romper un poco con esos personajes dulzones. Así, en 1998 hizo de "stripper" cocainómana en "Caos mental", la ocupación de esas mujeres que deslizándose por una barra aparecen en tugurios llenos de exaltados varones les introducen billetes en el interior de su ropa íntima.

Como su ego no la abandonaba, sintiéndose una diva, se permitió el lujo de rechazar guiones que le llegaban abundantes a su casa o a la oficina de su representante. Nada menos que dijo no a rodar "Magnolias de acero", que en su lugar protagonizó con éxito Julia Roberts. También se negó a intervenir en "Ghost", que le sirvió a Demi Moore para apuntarse un triunfo. Y Brooke Shields aceptó aparecer en "Amor eterno" cuando no quiso hacerla Meg Ryan. Su mayor error tal vez fuera rechazar el papel que le ofrecieron en "Pulp Fiction", que fue a parar a Uma Thurman.

Con todos esos detalles, que iban minando su credibilidad como actriz, lo peor sucedería en 2003, como protagonista de un "thriller" erótico, "En carne viva", donde sin pudor alguno se regodeaba en escenas muy explícitas de sexo. Al público habituado a ver películas románticas de Meg Ryan no le gustó ese cambio tan brusco de la actriz. Y le fueron dando de lado. Siendo una actriz de las más taquilleras en las décadas 80 y 90, su cotización iba bajando escandalosamente. Ya no era la chica perfecta, "la novia de América", como fue motejada en algunas publicaciones. Ella se disculpaba en las entrevistas aduciendo que tenía que ocuparse de su hijo y de una niña china que adoptó en 2005, por lo que estuvo varias temporadas alejada de las cámaras.

Tras aquel criticado filme de sus desnudos, la actriz sólo intervino en ocho películas, dos de ellas como directora. Una de aquellas aún como protagonista, fechada en 2008 fue "Mi novio es un ladrón", compartiendo reparto con Antonio Banderas. Se estrenó en España pero no en Estados Unidos, donde ninguna distribuidora quiso saber nada de ella. Otras películas suyas sólo se comercializaron en video.

Debutó tras las cámaras en 2016 con una cinta basada en "La Odisea", de Homero, "Íthaca", aunque con muy libre adaptación. Y en 2023 fue la última vez que ejerció de realizadora en "What Happens later". Entre medias de esas dos fechas, declaró en 2019 que había perdido el interés por el cine "y además – agregó – nunca me sentí actriz vocacional". Asimismo decía esto en otra entrevista: "Cuando llegas en esta profesión a los sesenta, ya estás acabada".

Ella, desde luego, ha seguido trabajando pero ya no como actriz: le atrae dirigir, aunque eso ocurra de vez en cuando. En películas que no han trascendido. Satisfacción le produjo que en una de ellas trabajara como actor su hijo Jack, quien ha continuado el paso profesional de sus progenitores, tras su debut en "Los juegos del hambre", para la productora Marvel.

De vez en cuando en los certámenes cinematográficos se acuerdan de las viejas glorias y Meg Ryan, aun con sesenta y tres años y todavía con rasgos atractivos (tras varias operaciones) fue homenajeada en abril de este año en el BCN Film Festival de Barcelona.

Su vida sentimental apenas ha trascendido en los últimos años, salvo cuando en 2020 convivía con el joven John Mellencamp y estuvo a punto de casarse con él, mas suspendió su celebración al estar descontenta de la operación de nariz a la que se había sometido. Al menos, de esa manera se disculpó ante los medios informativos.

Ha debido de recapacitar y, en un momento de lucidez, ha dicho que está conforme como está a sus sesenta y tres años, repetimos, que acaba de cumplir. Consciente de que ha perdido el aurea de aquella jovencita que conquistó al público con sus historias del corazón.

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