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Marisa Paredes: su amor imposible con Fernán-Gómez y la negativa a casarse con otras parejas

Marisa Paredes, que ha fallecido a los 78 años, declaró: "He tenido muchos novios y nunca quise casarme con ninguno".

Marisa Paredes, que ha fallecido a los 78 años, declaró: "He tenido muchos novios y nunca quise casarme con ninguno".
La actriz Marisa Paredes, en esRadio. | David Alonso Rincón

La muerte de Marisa Paredes ha conmocionado al mundo artístico. De manera inesperada, acudió este pasado lunes a la Fundación Jiménez Díaz, en Madrid, acompañada por su pareja, Chema Prado. Su fallecimiento ha sido por problemas coronarios. Tenía setenta y ocho años. Madre soltera de una hija, María, ahora con cuarenta y nueve años, que ha seguido la profesión de su madre y del padre, el director Antonio Isasi-Isasmendi. La biografía profesional de la extraordinaria actriz precisaría de un espacio que no disponemos. Les escribo sobre su vertiente sentimental. Ella misma declaró en diferentes ocasiones: "He tenido muchos novios y nunca quise casarme con ninguno".

Era de familia humilde. La cuarta hija de una portera, Petra y de un trabajador de la fábrica de cervezas, "El Águila", Lucio. Vivían en la plaza madrileña de Santa Ana, frente al teatro Español. Allí, este miércoles, le rendirán un último homenaje. Desde que tenía cinco años quiso ser actriz y paseando por los alrededores de su vivienda contemplaba la llegada de muchos actores al mencionado coliseo. Marisa Paredes triunfó en el teatro y asimismo en el cine, donde entre otros realizadores fue dirigida por Pedro Almodóvar. Reconocía que gracias a él su carrera en la pantalla tuvo una presencia internacional.

Era muy jovencita cuando tuvo sus primeros amores, si es que así podía considerarlos ella misma, a una temprana edad. Lo curioso es que fueron con dos hermanos que había conocido, ambos toreros. Al mayor, Faustino Inchausti, le cortaron una pierna y hubo de dejar los ruedos. En la pasada feria de otoño, en Las Ventas, lo vi como asesor de la presidencia, detrás de mi asiento. Tuvo más fortuna su hermano José Manuel, apodado "Tinín", fallecido no hace mucho quien al cortarse la coleta trabajó como relaciones públicas de Camilo Sesto. Ninguno de esos dos diestros dejarían mucha huellas en el corazón sensible de Marisa Paredes.

Contaba la actriz apenas dieciséis años y ya era muy enamoradiza. Hacía un año que fue contratada por Conchita Montes en su compañía de comedias cuando Fernando Fernán-Gómez se fijó en ella. Y a sus treinta años, el pelirrojo actor y director fue para la neófita actriz una especie de dios de la escena. Confesaría ella: "Fue para mí un maestro de vida". Y añadía que le deslumbró su inteligencia, la cultura no exenta de un gran sentido del humor… Pero ¿fue el gran amor de su vida a la hora de hacer recuento Marisa en su madurez? Aunque en la etapa que estuvo con Fernando fue muy feliz, respondería que "no hay un solo amor". Al menos, tuvo otros.

Reconocía que le era fascinante irse con un hombre a vivir una apasionada experiencia, aunque fuera única, a un hotel. Era algo así como una aventura inexplorada, como contemplaba en muchas películas. Luego, a lo mejor pensaba: "si te he visto… no me acuerdo". Amores fugaces que nunca dejaron secuelas en ella. En esos establecimientos a veces lujosos se sentía muy a gusto, recordando su niñez y adolescencia en la portería atendida por su madre: "Ser rico, se hereda – le decía ésta – y ser pobre, también". Esa pobreza, reflexionaría Marisa muchas veces, "marcó mi vida".

No piense nadie que Marisa fue una mujer libertina, aunque para la historia queda que su entrada en el cine fue con un papel excesivo para los catorce años que contaba. Se había acercado, curiosa, muy cerca de su casa, al rodaje de una película dirigida por José María Forqué, "091 policía al habla", que protagonizaron Adolfo Marsillach y José Luís López Vázquez. De pronto, Forqué, se dirigió a ella, proponiéndola si quería rodar una breve escena. Ella, sorprendida, respondió afirmativamente. Y el personaje que hizo fue el de una prostituta.

Su padre, sabedor de los sueños de Marisa, la increpó: "¿Pero es que te crees que eres Lola Flores?" Y Marisa le hizo poco caso. Era muy delgada y cuando entró a trabajar por vez primera como aprendiz de modista, la motejaron como "Pajarito".

Tuvo, ya avanzada su juventud, nuevos amores de corta duración. No acababa de encontrar al hombre que llamara en ella una poderosa atracción, y no precisamente por el físico: apreciaba más su cultura. Después de que Fernán-Gómez no quiso continuar aquella amistad entre ambos, ella acertó a conocer a un maduro director, Antonio Isasi-Isasmendi, una noche que entró en la discoteca "Bocaccio", donde se reunían gentes del cine, la política y el periodismo. Para entonces, la actriz tenía alrededor de veintiocho años. "Era un hombre maduro, sólido". Quería tener un hijo con él pero sin comprometerse al matrimonio. Al enterarse de aquella relación, el padre de Marisa le armó una bronca descomunal, sabiéndola embarazada, con un hombre mucho mayor, con quien quería irse a vivir sin pasar por la iglesia. No hubiera sido madre de no estar segura que el padre podría proporcionarle al bebé que alumbraba en sus entrañas una infancia segura. Isasi-Isasmendi reunía cualidades suficientes para ello. Así es que María, la niña que tuvieron, creció en un hogar donde no existían problemas económicos. Lo contrario a lo que vivió Marisa en aquella portería de la plaza de Santa Ana. Desde luego, nunca alardeó de su dura infancia como tampoco de su otra vida confortable. Con Antonio Isasi-Isasmendi vivió algo más de seis años, estables. En Ibiza estuve un rato con ambos, sabiéndolos tranquilos, felices. Él la dirigió en una original película, "El perro".

Se deduce en seguida que, siendo ya mayor de edad, sobradamente, Marisa no tenía por qué obedecer los designios de su progenitor. Siempre en su vida hizo lo que quiso. Mujer comprometida en asuntos de ideología política, a la izquierda, con declaraciones y actos que le originaron severas críticas desde sectores conservadores. En las películas que le dirigió Almodóvar se sintió más libre que nunca como actriz. Y estando en el Festival de Venecia en aquellos días en los que el manchego presentó "Entre tinieblas", donde Marisa fue "Sor Estiércol", la actriz quería conocer a Bernardo Bertolucci, que presidía el jurado, y lo admiraba mucho. Pero antes de conseguirlo cruzó con la mirada la de José María (Chema) Prado, director de la Filmoteca Nacional. Pidió a Pedro que se lo presentara. Flechazo inmediato. Ha sido el último hombre en la vida de Marisa Paredes. Tampoco aceptó contraer matrimonio con él. Al respecto, le contaba a su biógrafo Juan Francia: "Sin duda el ser humano está hecho para compartir las cosas con alguien, pero también es cierto que existe un espacio para la variabilidad. Y ahí llega el conflicto".

Chema Prado, acreditado conocedor del cine y sus problemas, ha sido desde 1983, su mejor compañero, la pareja con la que Marisa Paredes ha sentido la complicidad de dos seres enamorados: "Apareció en un momento de cierto relax personal, no diré vacío. Y lo llenó con dulzura y ternura, esa mezcla de fragilidad y fortaleza, porque tiene las dos cosas al mismo tiempo".

Chema ha estado a su lado hasta que Marisa expiró este doloroso martes, 17 de diciembre. Marisa, con un historial donde figuran sus importantes galardones (Premio Nacional de Cinematografía en 1996, Medalla de las Bellas Artes en 2007 y Goya de Honor en 2018) y la etapa en la que estuvo al frente de la Academia del Cine Español (2000-2003), con una filmografía notable y un extenso número de representaciones del mejor teatro y series en Televisión Española, es sin ninguna duda un nombre de oro entre nuestras grandes y mejores actrices. Seguía ilusionada con su trabajo y ya ensayaba para los próximos meses el estreno de un monólogo, "Cargada de futuro", mezcla de poemas y recuerdos cinematográficos, con un prestigioso director, Lluís Pasqual. Merece ser recordada por su extraordinario legado.

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