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Francisco Rivera: la alegría y la tristeza que le esperan en Semana Santa

Francisco Rivera y su mujer, Lourdes Montes, serán padres de su tercer hijo en breve, mientras Francisco vivirá su Semana Santa más triste.

Francisco Rivera y su mujer, Lourdes Montes, serán padres de su tercer hijo en breve, mientras Francisco vivirá su Semana Santa más triste.
Francisco Rivera y Lourdes Montes compartieron desfile acompañados de la presidenta de Baleares, Margalida Prohens. Lourdes, muy acorde con la ocasión, con vestido blanco de inspiración ibicenca. | Gtres

Francisco Rivera y su esposa Lourdes Montes se llevaron una sorpresa al saber que iban a ser de nuevo padres, después de serlo de Carmen, nacida en 2015 y de Francisco (Curro) en 2019. Parece que será un varón, aunque no lo hayan dicho públicamente y en ese caso sería bautizado como Marcos, o Nicolás. Si fuera niña, pensaron al principio que podría llamarse África, o bien Catalina. La fecha del alumbramiento será a partir de Semana Santa, mediado el mes de abril y si se retrasa la llegada del bebé acaso rondaría las fechas de la feria sevillana, que este año cae en mayo.

Tal acontecimiento familiar que hará felices a este matrimonio tendrá un revés en los días de la Santa Pasión, cuando Francisco Rivera no podrá ya ser costalero de la Hermandad del Cristo de las Tres Caídas, en Triana, como lo venía haciendo desde hace bastantes años. Se lo impide la Junta de Gobierno de dicha institución religiosa por haber cumplido el torero medio siglo de vida, y con esa medida así dar entrada a otros devotos más jóvenes que desean portar esa venerada imagen.

Francisco Rivera conoció hace unas semanas tal decisión y no ha logrado que el Hermano Mayor de tal cofradía lo reciba, con la pretensión de que por lo menos este año lo dejaran por última vez portar las andas, dado que el año anterior llovió de tal manera que la imagen no pudo salir del templo. Inútiles han sido sus gestiones, junto a las de otros cofrades en la misma situación de jubilados de esa procesión. Ha llorado en la intimidad, lo mismo que le ocurrió en la Semana Santa de 2024 cuando repetimos que el Cristo no pudo desfilar por las calles del barrio trianero a causa del temporal.

Se refugia Francisco en su esposa, una comprensiva Lourdes que ha sido un bálsamo para él al sentirse tan dolorido por no cumplir un año más su costumbre de costalero, una devoción que físicamente deja extenuados a cuantos llevan las andas de su imagen más querida.

Después de su fracaso matrimonial con Eugenia Martínez de Irujo, con quien estuvo casado desde 1998 hasta 2002, padres de una hija, Tana, y de una estela anterior repleta de fugaces romances, la vida del torero primogénito de "Paquirri" y Carmen Ordóñez dio un giro importante. Aquellos ardores de Francisco sin encontrar una estabilidad hogareña fueron poco a poco calmándose a partir de su enamoramiento de Lourdes Beatriz Montes Parejo, abogada y diseñadora sevillana, a quien conoció a través de unos amigos en 2011 en pleno ferial sevillano. Con el historial amoroso del diestro, ella se mantuvo firme cuando él la acosaba continuamente a través de constantes llamadas telefónicas para salir de paseo. La tenacidad de quien en su adolescencia era llamado Fran tuvo sus frutos, después de tres meses tratando de conquistarla. "Yo voy en serio contigo", le decía.

No pudieron en principio casarse por la Iglesia. Su divorcio de la hija de la Duquesa de Alba se lo impedía, y hubieron de resignarse a celebrar una ceremonia de carácter civil en 2013, en la finca "El Recreo", en Ronda, que el novio y su hermano Cayetano heredaron del abuelo materno, Antonio Ordóñez. Menos mal que consiguieron luego poder bendecir esa unión ya religiosa, ante la imagen de la Esperanza de Triana. Desde entonces, ya no ha existido mujer alguna que pudiera poner en peligro su matrimonio.

Lourdes, que tiene una hermana psicoanalista, ha llegado a la conclusión de que su felicidad se debe a que ella y Francisco son diferentes, sosteniendo la idea de si una pareja tiene intereses opuestos o iguales, los dos extremos, termina tirándose los trastos a la cabeza. Pero si, como es su caso, mantienen algunas diferencias, las solventan con inteligencia y comprensión, de manera que no lleguen a la ruptura.

Francisco Rivera ha cumplido cincuenta y un años a comienzos de año. Ya no reaparecerá como lo hizo en otras ocasiones en los ruedos. Es un empresario afortunado, que ha diversificado su elevado capital ganado a fuerza de jugarse la vida ante los toros, en negocios de inmobiliarias, hostelería, ganadería, vinícolas, aparcamientos en Sevilla, además de regentar la histórica plaza de toros rondeña y el coso de la Malagueta, junto a otros socios. Además, lleva unas temporadas colaborando en programas de televisión donde se desenvuelve con naturalidad y oficio. En su vida privada, es muy casero, prefiere estar con su mujer e hijos cuando ya en el pasado tuvo más tiempo para ir de juergas y discotecas.

Si de vez en cuando la añoranza del toreo se le despierta, puede satisfacerla en algún tentadero, pero no va a insistir siquiera en anunciarse en algún festival, porque ha engordado y dice que los toreros han de ser jóvenes, estar físicamente preparados para enfrentarse al riesgo, que puede ser mortal, como él vivió siendo casi un niño cuando murió su progenitor en 1984 ante las astas de un toro en la plaza de Pozoblanco. Además, otra desgracia lo endureció tempranamente, como a su hermano Cayetano, tras el trágico fallecimiento asimismo de Carmen, su madre, en dramáticas circunstancias, siendo todavía joven. Los dos Rivera Ordóñez fueron superando el dolor de tales desdichas, pensando en sus compromisos taurinos, viviendo en el campo, alejados de lugares y personas que les recordaran a su madre. A su manera también sortearon sus diferencias con sus dos otros hermanos, Julián y Kiko, con el primero de ellos no quieren saber nada y con el segundo mantienen contacto, aunque no muy constante.

Francisco Rivera ha sido un luchador toda su vida. Y ahora disfruta en familia desde que Lourdes ocupó su corazón.

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