
Forman una atractiva pareja tras quince años juntos, sin ganas de contraer matrimonio, padres de tres hijos, que han superado varias crisis durante ese tiempo, predominando siempre, cuando se han enfadado, el deseo de continuar unidos. Llevan, aparte de su vida íntima, a la que ninguno de los dos quiere referirse con los periodistas, una actividad profesional intensa, ella como actriz y él como empresario.
El año lo ha empezado ella como protagonista de una serie en Telecinco, "Pura sangre", que se emite desde el 28 de enero, donde el argumento mezcla drama, misterio y un romance en el seno de una rica familia dedicada a la cría de caballos. Hay una trama de envenenamiento. Con Amaia Salamanca, encabezando el reparto está la veterana Ángela Molina.
Sabe compaginar sus papeles de madre y actriz
La madrileña con ascendientes vascos Amaia Salamanca, de treinta y siete años, ha sabido hasta la fecha combinar sus deberes como esposa y madre con su profesión de actriz. Nunca ha renunciado a esa responsabilidad materna, cuando ya, digamos que ha transcurrido el tiempo en el que sus retoños van pasando de la infancia a la adolescencia: Olivia es la primogénita, con once años; le siguen Nacho, de diez y el benjamín Mateo, de nueve.
Amaia, entonces con veintitrés años, se enamoró del empresario sevillano Rosauro Varo casi al instante de entablar su primer contacto cuando veraneaban en Ibiza el año 2010. Fue conocerse e iniciar una apasionada relación durante cuatro días, pasados los cuales ella se reunió con sus padres, confesándoles que había conocido al hombre de su vida. De película.
Y así, hasta el presente, han estado siempre juntos, aunque como decíamos, a veces han tenido que sobreponerse a algunas nubes negras en su convivencia. Amaia, como otras muchas mujeres, ha sentido celos, creyendo que su marido, que lleva una intensa vida social, ha podido engañarla. Pero eso son suposiciones y ciertas o no siempre ha prevalecido el sentido común de no romper una idílica convivencia, desarrollada en varios lugares. Habitualmente en su chalé madrileño de La Moraleja, con una inmensa parcela de dos mil seiscientos metros cuadrados. Y en verano, disfrutando en Marbella en una lujosa villa, cuando no han pasado alguna temporada en Sevilla, donde poseen una casa del siglo XVIII en el barrio de Santa Cruz, con vistas a la Giralda. Propiedades que con los millones que ha ganado Rosauro con sus empresas no ha tenido problemas para hacerlas propias. Sólo ha tenido un fracaso en sus múltiples negocios, hace ya tiempo, cuando montó una boutique. Por lo demás, es un avispado empresario desde que empezó a serlo a los diecisiete años. Ha diversificado su dinero en hostelería, inmobiliarias, tecnología, siendo socio de Cabify. También a nombre de Amaia Salamanca figuran acciones en bolsa y ha ganado un buen dinero como administradora de su empresa No Insistas S.L. dedicada a eventos artísticos. Fue modelo de la firma Women’s Secret.

"No me importaría ser de nuevo la reina Letizia"
Madrileña del barrio de Coslada, Amaia desarrolló siendo niña la práctica deportiva, siendo campeona de España en la categoría infantil de atletismo. Conforme estrenó la juventud ayudó a su padre, dueño de una óptica, como cartero comercial, repartiendo folletos de propaganda por los buzones de las casas. Estudió en la Universidad Administración y Finanzas, pero pudo más su afición artística. A lo largo de los años combinó sus actuaciones en la pantalla y en la televisión. En este último medio es donde se dio a conocer en el personaje de "Los hombres de Paco" (dos capítulos) y sobre todo como Cata en "Sin tetas no hay paraíso".
Una de sus satisfacciones artísticas fue incorporar la vida de la Reina en la serie televisiva "Felipe y Letizia". Tanto es así que ha manifestado: "No me importaría volver a interpretarla".
Para el cine, su última intervención ha sido en la película de David Trueba "Siempre en invierno", estrenada en el pasado noviembre. Antes, se exhibió en el Festival de San Sebastián, donde ella fue elogiada tanto como actriz como muy elegante cuando desfiló por la alfombra roja del certamen.
De las escasas veces que ha accedido a hablar sobre su matrimonio ha dicho que el éxito como marido y mujer estriba en que ella y Rosauro son muy diferentes y se complementan así mejor. Ella, por cierto, lo llama Ros en la intimidad. El cariño y amor que mantienen lo representan sus tres hijos, que se llevan sólo unos meses entre sí.

