
Decíase, al menos no hace demasiado tiempo, aquello de "vives como un rey" para definir un elevado estatus social. Pero no siempre los monarcas han disfrutado en general de una existencia tranquila, no exenta de problemas tan complicados o más que el resto de los mortales. El rey Harald de Noruega, tanto desde su juventud como más adelante, ha tenido que soportar adversidades del destino en su propia familia. Desde luego asimismo fue partícipe de inmensa dicha cuando fue autorizado para casarse con la mujer de su vida. Fue el primer príncipe europeo en contraer matrimonio con una plebeya. Ahora, cuando viene luchando con su debilitada salud, ha tenido que afrontar serios problemas con sus hijos y con el hijo de Mette-Marit, Marius Borg que se comporta como un delincuente que podría ir a la cárcel: el 3 de febrero es la fecha del juicio. Más de treinta acusaciones pesan sobre él, quien ya se declaró culpable de un delito de transporte de drogas. La condena a la que se enfrenta es de dieciséis años privado de libertad.
Puede que afectado por cuanto le sucede a este muchacho rebelde o por razones que desconocemos, el caso es que hace escasas fechas Harald de Noruega ha renunciado por unos días a ejercer sus obligaciones como monarca, ausentándose de Oslo con destino inconcreto. Su hijo Haakon ha vuelto a ostentar la regencia. Por esta y otras ausencias los noruegos son reticentes a la hora de valorar a su Rey. Éste se siente superado por los problemas que hemos referido y mucho más al saberse que su nuera, la esposa del príncipe heredero padece una fibrosis pulmonar y deberá ser operada de un posible trasplante de pulmón.
El duro exilio causado por la invasión de Hitler
Harald de Noruega nació el 21 de febrero de 1937. Tardaría en ascender al trono en 1991, tras la muerte de su padre, Olaf V. Fue el primer príncipe que nació en Noruega a lo largo de quinientos sesenta y siete años. Al estallar la II Guerra Mundial su progenitor y su abuelo, Haakon VII, tuvieron que exiliarse una vez invadida Holanda por las tropas nazis. Ambos se establecieron en Londres junto a los componentes del gobierno noruego, en tanto Harald y sus hermanas viajaron hasta Maryland, Estados Unidos hasta que concluida la contienda bélica pudieron regresar a su país.
Finalizando los años 50 del pasado siglo XX, Harald conoció a Sonia Haraldsen perteneciente a una familia burguesa, hija de un comerciante. Ambos contaban con veintidós años. Las leyes noruegas no aprobaban el matrimonio morganático de la pareja. Harald tuvo que esperar largo tiempo hasta poder casarse con la mujer que amaba. Su padre lo envió a Oxford para que se olvidara de su prometida, y en su Universidad hubo de cursar Ciencias Económicas y Políticas, Historia entre los años 1990 y 1992. Suponemos que entre él y Sonia mantuvieron una correspondencia epistolar y otra por vía telefónica. No existía otra manera para estar en contacto que no irritara al progenitor del heredero noruego.
Sonia enfermó. Al enterarse Harald fue a buscarla a Suiza, despidiéndose definitivamente de sus estudios en Oxford. De regreso a Oslo en conversación muy tensa con su padre, el Rey, Harald fue tajante: si no aprobaba el Parlamento su matrimonio, renunciaría al trono y dejaría Holanda para casarse con su amada.
Diez años transcurrieron hasta que aquel conflicto pudo superarse. Harald, de todas formas, supo tener paciencia. Demasiada. En esas cuitas su padre quiso que olvidara a Sonia y buscara a una princesa casadera. Sofía de Grecia hacía tiempo que no ocultaba sus simpatías hacia el príncipe noruego. Aún, por supuesto, no había aparecido en su particular horizonte sentimental la figura de Juan Carlos de Borbón. Pero Harald, que conoció a la futura reina de España, le hizo ver en una de las ocasiones que se encontraron, que no era la mujer que él elegiría para casarse.
El Rey Olaf acabó desistiendo de su empecinado proceder y como el Parlamento noruego acabó también por aceptar aquella boda que parecía no iba a tener lugar nunca, al fin triunfó el amor, como las crónicas de la época titularon aquella historia. Si en el pasado era normal que en las familias reales hubiera siempre bodas por conveniencia, Harald y Sonia rompieron aquella tradición. Y se casaron en la Catedral de Oslo en 1968 con la asistencia de representaciones de todas las Casas Reals europeas.
Una hija transgresora
El reinado de los reyes Harald y Sonia ha sido ejemplar en líneas generales. Modernizaron desde un primer momento de casados las normas ancestrales de la monarquía, para que resultara más cercana para su pueblo. Con menos presión del ejército sobre la sociedad. Tuvieron detalles muy personales, sobre todo a cargo de la Reina, cuando se empeñó en cambiar la cocina, que había quedado obsoleta, convirtiéndola en cantina para los empleados de palacio. Su comportamiento hacia todos ellos fue modélico, tratando tanto a los mayordomos como hasta la última limpiadora con una manera menos distante que en anteriores reinados.
No siempre acertaron pues al plantearse que el palacio real precisaba cambios necesarios, dado que se había construido en el siglo XVIII, hubo protestas populares al conocerse el gasto previsto, que superó lo presupuestado.
Querían los noruegos pasar de una monarquía conservadora a otra manera, más liberal, transparente. La prensa, por ejemplo, fue un tema a debatir, para que informara sin trabas ni censuras como las que existían en tiempos pasados.
Así es que, desde que llegaron al trono el 17 de enero de 1991, hace justo ahora treinta y cinco años, los monarcas noruegos han ido cada vez siendo más atentos al sentir de sus súbditos, aceptando este vocablo no a título de que el pueblo perdiera su libertad.
Tuvieron dos hijos: Marta Luisa y Haakon. La primogénita casó en 2002 con Ari Mikael Behn, artista de profesión. Al emparejarse con él, la princesa renunció a sus derechos sucesorios. Y se fueron a vivir a Londres, donde él falleció en 2016. Al enviudar, Marta Luisa atravesó por un difícil periodo. Hasta que conoció a un chamán llamado Durek Verrett. La relación entre ambos durante el tiempo que fueron novios fue un problema difícil de aceptar en la Corte noruega, empezando por los Reyes y terminando tanto por el Parlamento como los ciudadanos en general. Pero Marta Luisa erre que erre se empeñó en celebrar una boda extravagante que duró varios días de festejos. Harald y Sonia terminaron por ceder, acudiendo a la ceremonia de su enlace.
El heredero, Mette-Marit y Marius Borg
Si Marta Luisa creó muchos líos con su segunda boda, tampoco Haakon, el heredero de la corona noruega, se lo puso fácil a sus padres cuando les comunicó sus deseos de casarse con Mette-Marit. Y no porque ésta no procediera de ninguna familia de sangre azul. El pasado de la joven no era precisamente idílico. Había tenido una juventud azarosa y aportaba al matrimonio un hijo de una anterior relación, Marius Borg. Antes de que el Rey aprobara ese enlace, quiso conocerla; ella se presentó en palacio, le contó a su futuro suegro sus andanzas y cuando concluyó su confesión, comprensivo, tolerante, Harald se despidió de ella afectuosamente, diciéndole: "Si no hay nada más, ¡adelante!". Tengamos en cuenta que Mette Marit iba a ser, casándose con el príncipe Haakon, algún día reina de Noruega.
Cuando su hijo de soltera fue creciendo ya dio muestras de su carácter rebelde. Hoy, con veintiocho años, trae de cabeza a sus padres. No tiene desde luego tratamiento real pero siendo quién es, su comportamiento es indigno: ha cometido ya unos cuantos delitos y no sería improbable que algún día de éstos acabara tras las rejas. Otro innecesario contratiempo que los Reyes han sobrellevado lo más discretamente posible.
Harald vivió entre 2023 y 2024 un periodo preocupante. Primero padeciendo un cáncer de vejiga urinaria, y en el segundo año citado cuando pasaba unas vacaciones en Malasia, sufrió una estenosis cardíaca que precisó de cirugía, reemplazándole una válvula e implantándosele un marcapasos. Haakon ha sido regente desde entonces en más de una ocasión. En las últimas semanas el Rey parecía recuperado, pero siguiendo estrictas medidas de descanso. Quizás haya pensado abdicar en el supuesto que se agravara su estado. Sonia, permanece siempre pendiente de los movimientos de su querido esposo.

