
La dictadura de la corrección política y la susceptibilidad en redes sociales se han cobrado una nueva víctima. Violeta Mangriñán ha tenido que recurrir a la seguridad privada tras la virulenta campaña de acoso sufrida por publicar un vídeo mostrando jamón al inicio del Ramadán.
Pese a asegurar que no piensa fustigarse eternamente, la valenciana admite haber pasado "miedo real" por la integridad física de sus hijas ante las graves amenazas recibidas, lo que le ha obligado a proteger sus movimientos cotidianos.
Mangriñán, que ha recibido el apoyo de compañeras como María Pombo, asume con resignación la lección impuesta por los ofendidos: "Hay que cuidar cada cosa que se dice y eso también quita libertad".
Aunque descarta abandonar Madrid o España, la influencer claudica ante la presión y garantiza un cambio radical en su contenido: "No voy a hacer ninguna broma más sobre ninguna religión, te lo puedo garantizar".
