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Victoriano Valencia festejó en familia su 95 cumpleaños

El veterano diestro sopló velas arropado por su hija Paloma Cuevas, que vive un dulce momento sentimental junto al artista mexicano Luis Miguel.

Paloma Cuevas y Victoriano Valencia. | Instagram

Días pasados, Victoriano Valencia cumplió noventa y cinco años, celebrándolo en familia. Su hija Paloma Cuevas siempre es quien en los últimos tiempos se ha encargado de organizar algunas fiestas íntimas para alegrar la vida de su progenitor. El cariño entre ambos ha sido siempre mutuo. Porque él fue quien más acompañó a su hija en la tristeza de su separación matrimonial de Enrique Ponce, por inesperada decisión del diestro valenciano enamorado de una joven almeriense, Ana Soria, con quien continúa su idilio.

Victoriano Valencia desciende de una saga taurina que inició su abuelo, José Roger, que era subalterno de un mítico matador llamado Manuel García Cuesta, alias el Espartero, a quien llamaron Valencia I por su origen levantino, nacido en la localidad de Torrente. Luego, sus sucesores utilizaron el mismo apelativo, siguiendo una numeración cronológica.

En el caso del actual Victoriano, cuyos apellidos reales son los de Cuevas Roger, vino al mundo en el barrio madrileño de Chamberí, el 30 de mayo de 1931. Su padre era comisario de policía, cargo que le supuso ser trasladado a Barcelona donde Victoriano vivió su adolescencia y parte de su juventud. Allí le entró la afición taurina, desde que una tarde en el coso de Las Arenas vio torear a Manuel Rodríguez, alias Manolete. Su progenitor no estaba por la labor de que su hijo fuera torero, pero éste, ya sabedor de su descendencia por parte materna, quiso emular a sus antepasados: sobrino del matador José Roger Serrano y del hermano de éste, Victoriano, quien al parecer consta en el historial taurino como el primero en cortar un rabo en Madrid.

El padre de Victoriano le prometió que lo dejaría vestirse de luces, siempre que estudiara antes una carrera universitaria. Obedeció Victoriano, quien concluyó sus estudios de Derecho en Salamanca, donde por cierto se hizo muy amigo de otro condiscípulo, Adolfo Suárez. La elección de la Universidad salmantina fue para alternar sus estudios con la práctica taurina, capital donde abundan las ganaderías.

Alternativado el 27 de julio de 1958 en Barcelona, desarrolló su carrera en los ruedos hasta su retirada en 1971, en la plaza turística de Ibiza. Pocos fueron esos trece años haciendo el paseíllo en plazas de primera, desarrollando una carrera muy irregular en cuanto a resultados. Ha sido reconocido por críticos e historiadores del toreo como un artista clásico que firmó faenas memorables, la mayoría no culminadas con el estoque. De línea clásica, su nombre en los carteles fue más pródigo en la plaza Monumental de Madrid, donde actuó en veinte ocasiones. De ellas, cuatro sensacionales, en concreto una cuando se despedía de novillero, y realizó la más completa faena de su vida profesional al toro Carpeto de la ganadería portuguesa de los Palha. Tal perfección en el ruedo fue aquella que así lo consideró la crítica, lamentando su poco acierto a la hora de la suerte definitiva, habitual en su carrera. Coincidió aquella fecha veraniega de 1958 con la muerte de su padre; en su memoria llevó un brazalete de luto.

Un personaje de la vida social que pudo ser príncipe

La personalidad de Victoriano Valencia estaba adornada no sólo con su título de abogado, sin ejercer como tal, sino por su condición de matador de toros, y por un físico atractivo, un carácter afable con todo el mundo. Si hacemos caso al origen latino de su nombre, es derivado de Víctor, que significa vencedor, conquistador. Y esto último era también potestad suya, pues ejerció de seductor con las mujeres en muchas ocasiones. Se le veía con frecuencia invitado a eventos sociales en buena compañía femenina siempre. Y el romance que más trascendió en la prensa de aquellos años 60 fue el que sostuvo con una de las hijas del ex rey de Italia, Humberto, llamada Beatriz de Saboya, familiarmente conocida como Titi y en la prensa con el apelativo de la Princesa Rebelde.

La relación entre ambos fue impetuosa, más por parte de ella. Y cuando Victoriano la dejó, Beatriz sufrió tal decepción que intentó quitarse la vida con una pistola. Ni que decir que el incidente saltó a la prensa internacional. El entonces ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne instó a los directores de los medios informativos españoles a que no utilizaran la palabra suicidio al difundir la noticia, pero es lo que en realidad trató de cometer la princesa, quien fue internada un tiempo en una clínica psiquiátrica. Yo la conocí unos años después en su chalé de Marbella, cuando ya estaba casada con un diplomático argentino.

Una novia jovencita que iba para bailarina profesional

Victoriano conoció a una jovencita madrileña, Paloma Díaz Combarro, hija de un acomodado empresario, que le hizo olvidar para siempre sus amoríos anteriores. Ella era bailarina y soñaba con ser una figura de la danza española cuando estudiaba en la academia de Paco Reyes y Gloria Librán. El director cinematográfico Rovira Beleta quiso contratarla como protagonista de El amor brujo, pero ella no quiso.

Fue largo el noviazgo de la pareja, seis años, entre que ella era todavía menor de edad y él estaba centrado en su carrera taurina. Pero se casaron, todo un acontecimiento para la sociedad de la época y la prensa rosa. La ceremonia tuvo lugar el 15 de octubre de 1971, poco después de que el novio, de treinta y seis años, le hubiera prometido a Paloma que se retiraría de los toros para casarse con ella. Ofició la ceremonia en la iglesia madrileña de la Concepción, fray Justo Pérez de Urbel, primer abad del templo del Valle de los Caídos. Hubo después la celebración nupcial, y tras el banquete, una fiesta campera en la que los novios dieron unos capotazos al alimón a un becerro. También Lola Flores se arrojó al ruedo de la placita de aquella finca Cortijo Blanco, en la sierra madrileña. La asistencia de famosos de la vida social y el espectáculo fue numerosa. Entre los invitados, varios nietos de Franco.

De cómo su hija Paloma conoció a Enrique Ponce

El matrimonio de Victoriano y Paloma fue muy dichoso desde el principio, tuvieron tres hijos, aparecían a menudo en la prensa del corazón. Tras su retirada, el matador de toros se convirtió en empresario de varias plazas y andando el tiempo en apoderado de figuras de la fiesta: Miguel Abellán, Ortega Cano, Julio Robles, El Juli y Enrique Ponce.

Fue otro apoderado, Manuel Morilla, que llevó los destinos de Jesulín de Ubrique, quien presentó a Enrique Ponce y a Paloma. Ésta ya lo había visto torear una tarde: fue con su padre a la plaza de Algeciras y se fijó en el joven matador valenciano. Pasado un tiempo, Victoriano llevaría la carrera de Ponce, y su hija Paloma se convirtió en novia de Enrique. Pareja atractiva para las revistas. Se casaron en octubre de 1995 en la Catedral de Valencia y la televisión regional retransmitió la boda con todo lujo de detalles. Fueron padres de Paloma y Bianca. Con casa en Madrid, la mayor parte del año residieron en la inmensa finca que Enrique había adquirido en el término municipal de Navas de San Juan, Jaén, Cetrina de nombre.

Paloma Cuevas había estudiado para ser diseñadora y empresaria, con resultados muy positivos en sus negocios. Enrique amasó una gran fortuna. Sus hijas crecían sin problemas. Victoriano y Paloma, padres y suegros, los contemplaban felices. La familia vivió inesperadamente un luctuoso suceso: Victoriano Roger Díaz, alias Nano, de cuarenta y un años, murió de infarto. El hijo varón de Victoriano, que lo ayudaba en sus empresas taurinas, dejó en él y en todo el clan un insufrible dolor.

Victoriano acusó aquel duro golpe del destino, continuó con sus negocios empresariales. Y cuando ya había superado unos problemas cardíacos y, viviendo con su esposa en Madrid, quería descansar de tantos años de lucha, la noticia de la separación matrimonial de su hija y Enrique Ponce le supuso, junto a su esposa, una terrible decepción. Ampararon a Paloma en su tristeza, la animaron y se centraron en sus dos preciosas nietas para darles todo el cariño que pudieron.

Los años han pasado y Paloma recobró la felicidad perdida con un antiguo conocido de ella, de Victoriano y de su familia: el cantante mexicano Luis Miguel. Pareja que aún no se ha decidido a dar el paso hacia el matrimonio porque él, con todo su historial amoroso que arrastra, no ha querido nunca firmar papel alguno en sus aventuras amorosas, por muy serias que parezcan, como ésta.

En cualquier caso, ellos están muy contentos de mantener su relación a distancia, aun cuando se vean a menudo. Y Victoriano Valencia y su mujer comparten esa felicidad de su hija. Con Enrique Ponce, Victoriano rompió toda relación, y a la inversa, claro está desde que aquel se desvinculó de su mujer.

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