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Finlandia no es sólo nieve: un recorrido por sus parques nacionales para ver osos, renos y miles de lagos

El país nórdico muestra una cara totalmente diferente en verano, sus Parques Nacionales rebosan naturaleza virgen donde viven osos o renos.

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El país nórdico muestra una cara totalmente diferente en verano, sus Parques Nacionales rebosan naturaleza virgen donde viven osos o renos.
La otra cara de Finlandia: calor, animales sueltos y días sin noche

Un viento fresco, pero no helador, nos despierta al rozar las mejillas después de bajar del pequeño avión de hélices que acaba de aterrizar en Kuusamo. Poco más de una hora del vuelo interno que une Helsinki con esta ciudad donde se ubica el aeropuerto de Laponia. Esta no es una bienvenida cualquiera, es uno de los mejores recibimientos que un viajero puede tener: aire puro que limpia los pulmones y aclara la mente. Un breve vistazo alrededor permite descubrir el leitmotiv que veremos durante los próximos días: árboles y más árboles, además de un cielo azul perfecto. Es curioso como durante los primeros minutos es posible percibir y sentir físicamente esa pureza natural que podría ser la tarjeta de presentación ideal de esta parte del país del los mil lagos.

La riqueza natural de Finlandia se eleva decenas de metros sobre su terreno: un país cubierto en tres cuartas partes por frondosos bosques en los que habitan decenas de especies de animales que disfrutan de este éxtasis de vida, (casi sin interferencias humanas) durante la época de verano. Una extensión de vida abrumadoramente grande, apreciable a través de la pequeña ventanilla del avión, minutos antes de tomar tierra. Todo un gran horizonte cubierto con una mezcla de tupidos y verdosos bosques, junto con miles de lagos de agua cristalina, algo que convierte a esta parte de la Tierra un vergel absolutamente impresionante. Es, sin lugar a dudas, un paraíso terrenal para los amantes de los grandes espacios naturales, la tranquilidad, el silencio y las grandes distancias donde la falta de contacto humano es un añadido.

Después de una hora de trayecto en carretera hacia el norte, llegamos a Ruka, un oasis de civilización en medio de la inmensidad del bosque infinito, o más bien un pequeño pueblo en medio de la nada y al lado de una pequeña montaña y pista de esquí, que en invierno aumenta su población como si de una peregrinación se tratara, congregándose centenares de esquiadores. Este pequeño punto en el mapa de Laponia "me recuerda a Canadá", comenta uno de mis compañeros de viaje al compartir una primera impresión a la llegada, después de fijarse en el estilo arquitectónico y decorativo del emplazamiento, intercalado con la orografía natural.

En cualquier viaje, la primera vez que se descubre un lugar, una cultura o un espacio natural es un momento mágico e irrepetible. En este caso, el primer contacto con el sol de medianoche, esa primera noche, fue absolutamente mágico y extraño, al mismo tiempo. La sensación de que la noche no llegaba nunca (y en verdad es así) ya que el sol se iba acercando en un eterno descenso al horizonte, para no ponerse del todo. Desde el punto más alto de Ruka es posible distinguir la luz y los colores anaranjados que regala el Sol, minutos después de la media noche.

Como si de un roadtrip cinematográfico se tratara, es decir, recorrer un lugar en coche (en inglés suena más aventurero) hacerlo por Laponia a través de sus carreteras (que no autopistas), es parte de la experiencia terapéutica de este viaje. Estar en constante movimiento, disfrutando de su infinita colección de árboles interrumpida por una divertida e inesperada parada para ver cómo un grupo de renos atraviesa el asfalto, es impagable.

En este país hay miles de renos y en verano campan a sus anchas con total libertad por casi todo el territorio, en realidad su casa. No hay ciudades grandes en la zona de Laponia pero sí pequeños pueblos y granjas que van apareciendo a lo largo de sus carreteras y caminos, un trocito de la superficie del planeta donde sus gentes tienen la costumbre de vivir casi aislados, en comunión con el entorno que les rodea, casi sólo con lo necesario, aunque eso sí, una muy notable y rápida conexión a internet, incluso en medio de un bosque de nombre impronunciable, después de haber recorrido un pedregoso camino entre los árboles y no tener a otro ser humano en varios kilómetros alrededor.

Oulanka y Kuusamo, osos, renos, huskies y mucho más

Es el parque nacional más antiguo de Finlandia, después de la primera guerra mundial fue reconocido con esta clasificación. Esta gran colección de bosques, rápidos y senderos se extiende hacia Rusia, donde lo llaman con otro nombre puesto que Finlandia perdió este territorio después de la Primera Guerra Mundial. Durante todo el recorrido del parque es posible toparse con una serie de refugios, antiguos molinos o casas de granjeros, que ahora son rincones donde un caminante puede quedarse, un máximo de cuatro noches, totalmente gratis, con las comodidades mínimas imprescindibles para sobrevivir.

Durante el mismo día, por la tarde tocaba adentrarse más en profundidad en este parque nacional, casi rozando la frontera rusa, para poder ver osos en su hábitat natural. Al principio el entusiasmo y la motivación fue muy grande ya que esperábamos tener contacto con los animales en poco tiempo. Fue necesario aguantar más allá del tiempo establecido, unas 5 horas, para que al final, en el tiempo de descuento, casi coincidiendo con el atardecer y el sol de medianoche, apareciera en escena un gran oso acompañado de dos oseznos en una especie de epifanía animal a la que se unieron un grupo de aves autóctonas junto con los últimos rayos de sol atravesando los árboles y reflejándose sobre el agua de un pequeño lago junto a ellos. Ese precioso y silencioso instante daba la impresión de que los propios animales, en un razonamiento puramente humano, hubieran elegido ese momento mágico del día para tomar su descanso y comer en paz y tranquilidad. Mi cámara no daba más de sí para captar decenas de fotos de esa estampa irrepetible.

Aunque los renos tengan más protagonismo en invierno formando parte de la bella imagen de una Navidad permanente bajo las auroras boreales, con toda la superficie de Finlandia nevada por completo, durante la primavera y el verano estos animales son igualmente agradables. En Laponia existen varias granjas de renos donde poder verlos campar a sus anchas y con todos los cuidados posibles. Palossari Reinder Farm, o lo que es lo mismo, la granja de renos de Palossari, a unos 15 minutos de la ciudad de Kuusamo, tocar a estas bestias y sentirse parte de su pequeño mundo animal durante unos minutos es posible. En esta casa aprender, de primera mano, cómo es la austera vida de un pescador finlandés, mientras el sentido del olfato percibe el delicioso olor de una sopa de salmón que él mismo está preparando, forma parte de la tranquilidad y pausada vida de la que disfrutan por estos lugares. Otra de estas acogedoras granas es Kujala, cerca de Posio, donde aprender la historia de la relación de los pobladores humanos con estos preciosos animales.

Los huskies son otra de las especies animales más famosa que puebla Finlandia y acompaña al hombre como si de un fiel amigo se tratase. En Laponia existen también numerosos recintos, particulares o empresas, dedicadas al cuidado de estos perros, cuya función para el transporte en trineo es tan valiosa en invierno y que en verano viven sus particulares vacaciones estivales, eso sí, sin dejar de corretear libremente y con mucho ímpetu por los caminos y llanuras. En nuestro recorrido a través de las carreteras poco transitadas de Laponia paramos en Kota-Husky, una granja familiar dedicada a los safaris con estos animales, justo al lado del Parque Nacional de Riisintunturi. Nos recibe una joven madre, rodeada de varios perros y empujando un carrito donde todavía duerme su bebé, de pocos meses y un pelo rubio platino. Los animales parece haber acogido a este niño en su manada, como si fuera una curiosa variante de Mowgli, pero finlandés. En el interior de este conjunto de casas viven más de 80 huskies (sólo una de ellas es la residencia particular de la familia) la mayoría en sus respectivas jaulas, aunque un pequeño grupo de elegidos pasean por el recinto sin ninguna restricción.

Posio, Riisintunturi y su postal natural más famosa

La parte de la Laponia finlandesa recorrida en este viaje se encuentra muy cerca del Círculo Polar Ártico, en el norte del país, formando una especie de triángulo de parques naturales, entre Kuusamo, Posio y Riisintunturi.

A los finlandeses les encanta la tranquilidad, un estilo de vida muy recomendable para los que viven el estrés de las grandes ciudades o quieran desconectar completamente durante unos días. Este estilo nórdico, saliendo de la rutina diaria para entrar en contacto con la naturaleza y apreciar el paso del tiempo sin más preocupaciones que las imprescindibles es posible recorriendo alguno de sus miles de rutas en el interior de sus parques nacionales. Uno de ellos, cuyo nombre cuesta trabajo recordar y pronunciar, Riisintunturi, se encuentra entre varios lagos de agua cristalina y conserva la esencia pura de la vida natural y salvaje del lugar. Hay una enorme diferencia al ser recorrido en verano, con respecto al invierno, ya que en los meses más calurosos del año la vida se abre camino como si fuese una explosión de luz y color, no tanto como en invierno, donde es posible ser testigo de una de las vistas más famosas de toda Finlandia, desde lo alto del parque, con toneladas de nieve cubriéndolo todo hasta donde alcanza la vista.

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