Lo primero es esperar a que el pato se descongele para marinarlo durante 18 horas con sales, especias y verduras. Pasado ese tiempo encuajan el pato para quitarle el exceso de sal para que tenga el mejor sabor y les permita luego laquearlo. Antes de laquearlo lo asustan, como al pulpo gallego, con agua hirviendo y vino chino para que la pile quede firme y que no se rompa en el momento del horneado. Después de ese susto se deja secar durante dos horas y ya se pasa a laquearlo.
En el momento del laqueado usan maltosa y otros ingredientes que son los que resaltan el color amarillo cobre, le dan las notas dulces y generan crocante en la piel en el momento del horneado. A continuación, se deja en una cámara durante dos días con tiempo y temperatura controlada, lo que garantiza la piel crujiente y que la carne va a estar suave y jugosa.
Finalmente, cuando se pide en mesa lo terminan en el horno a dos temperaturas, primero a 140º para que se termine de cocinar bien y los últimos 10 minutos se hace a 180º, de esa manera garantizamos que la piel va a estar bien tostada. Como acompañamientos para los rollitos, puerro, pepino, membrillo y salsa foshan que ayuda a jugar con todos los matices de sales, dulces, amargos... así vamos a tener todo el umami en la boca.

