
En pleno verano y con las altas temperaturas azotando en gran parte del territorio español, el momento de subirse al coche puede ser un suplicio y más si está aparcado en la calle. Con el volante, asideros o guarnecidos ardiendo y un calor asfixiante, se antoja necesario enfriar el interior del coche lo más rápido posible.
Un coche aparcado bajo el tórrido sol se calienta por radiación. La energía del sol calienta el techo, y el calor que esta enorme superficie de metal capta se reparte al resto del coche por contacto. De ahí que intentemos aparcar a la sombra en verano. En realidad, lo que pretendemos es evitar la radiación térmica, aunque no sepamos exactamente que es eso lo que hacemos.
Pero, ¿esto qué significa? Que cuando el sol incide sobre el coche, las ruedas, la chapa, el cristal, etcétera, se calientan y en consecuencia elevan la temperatura del aire en el interior del coche.
Por tanto, la solución es evidente. Si logramos aparcar a la sombra o en un garaje, la temperatura no subirá tanto en el interior del coche y, por ende, facilitaremos el proceso de enfriar el coche incluso sin aire acondicionado, algo que se logra por convección.
Sin embargo, uno de los errores clásicos cuando se está conduciendo en verano y se quiere refrescar el coche se encuentra en el acceso del aire acondicionado. Normalmente, fuera del vehículo hace todavía más calor y nosotros damos acceso a ese aire, por lo que el coche no se enfría todo lo que debería y consume más.
Si queremos enfriar el coche con rapidez, lo mejor es tener activado el botón de recirculación del aire. Ese que suele tener una flecha circular que sale del coche para volver a apuntar hacia él. Lo que hace es coger el aire del coche, que está más frío que el del exterior, y volver a enfriarlo una y otra vez. Mucho más efectivo que con el aire exterior, que suele estar más caliente y solo se enfría una vez.
Pero no es el único método. Si cuando nos montamos en el coche lo primero que hacemos es bajar las ventanillas además de encender el climatizador o el aire acondicionado para que eche aire frío, se genera una corriente de aire desde el exterior hacia el interior que ayuda a rebajar la temperatura del habitáculo.
De esta forma conseguimos ventilar el vehículo y un intercambio de temperatura entre el coche, que puede alcanzar una temperatura en el habitáculo de hasta 70ºC según la DGT, y el aire exterior.
Y partiendo de este punto, también cobra sentido el clásico truco de abanicar el coche moviendo enérgicamente la puerta del conductor con la ventanilla bajada, pues así logramos acentuar la convección.
El procedimiento es sencillo: basta con bajar la ventanilla del acompañante y a continuación abrir y cerrar la puerta del conductor con vehemencia, a fin de acelerar el movimiento del aire y rebajar así la temperatura del interior varios grados. Este método además es más rápido que los demás y podrás montar en el coche antes.
Una vez iniciamos la ruta, circular con las ventanillas bajadas durante unos minutos también fomentará ese proceso y ayudará al climatizador o aire acondicionado del coche a enfriar el interior, pues la temperatura del habitáculo disminuirá más rápidamente.
Sin embargo, no se debe olvidar que cuando circulamos a una velocidad entre 80 y 90 km/h, llevar las ventanillas bajadas consume más energía que si circulamos con el aire acondicionado activado.
¿Para qué nos sirve saber este dato? Porque significa que por ciudad sí que podríamos ahorrarnos el climatizador y abrir las ventanillas, siempre que la temperatura nos lo permita, pero no así en vías rápidas. ¿Por qué? Si circulamos a una velocidad de 120 km/h siempre consumiremos menos energía con el aire acondicionado en marcha y llevando las ventanillas cerradas.
El parasol no hace milagros, pero ayuda
Por otra parte, es habitual utilizar un parasol que cubra las lunas en un intento de atenuar la subida de temperatura en el interior del vehículo, o incluso cubrir los asientos con telas que absorban el calor para retirarlas justo antes de subir al coche, persiguiendo el mismo fin.
El parasol es un elemento muy útil, y a veces indispensable, para evitar poder iniciar la marcha sin quemarnos las manos por contacto con el volante tras haber estado el coche unas cuantas horas al sol.
No obstante, este elemento no puede evitar que el calor se transfiera por contacto desde el techo hasta el resto del habitáculo, e incluso por convección hacia el aire del interior.

