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La "resaca" de carbohidratos: por qué te despiertas agotado tras cenar pizza o pasta

Los picos de insulina y la caída de glucosa nocturna activan el cortisol, fragmentando el sueño y restando lucidez al despertar.

Pixabay/CC/StockSnap

Seguramente te ha ocurrido: cenas pizza, pasta o un postre abundante, duermes las horas habituales y, aun así, al despertar sientes un cansancio profundo. La mente va lenta, la concentración cuesta y el cuerpo parece no haber recuperado energía. No es falta de sueño ni casualidad. Este fenómeno se conoce como la "resaca" de carbohidratos y está relacionado con el consumo nocturno de harinas refinadas.

Aunque no interviene el alcohol, los síntomas se parecen mucho a una resaca clásica: pesadez, irritabilidad, dolor de cabeza y, sobre todo, una persistente neblina mental o brain fog. La causa no está en la cantidad de comida, sino en la forma en que el cuerpo procesa los carbohidratos de absorción rápida mientras intentamos descansar.

La montaña rusa de la glucosa nocturna

Las harinas refinadas, como el pan blanco, la pasta no integral o los dulces, se digieren con rapidez y se transforman casi de inmediato en glucosa. Este proceso provoca un pico brusco de azúcar en sangre, al que el organismo responde liberando grandes cantidades de insulina para reducirlo.

El problema aparece horas después, durante la madrugada. Tras ese pico inicial, el nivel de glucosa puede caer de forma pronunciada, generando una hipoglucemia reactiva. Mientras duermes, el cerebro detecta esa bajada y activa hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina para restablecer el equilibrio. El resultado es un sueño fragmentado y poco profundo, aunque no seas consciente de ello.

Serotonina, melatonina y descanso alterado

Los carbohidratos también influyen en los neurotransmisores. Al aumentar el triptófano, favorecen la producción de serotonina, que posteriormente puede transformarse en melatonina, la hormona del sueño. Aunque esto puede facilitar conciliar el sueño, altera su calidad cuando se produce en exceso.

Además, la combinación de picos de glucosa, insulina y cambios hormonales interfiere con las fases profundas del descanso. Así, aunque pases varias horas en la cama, el sueño no es reparador, y el cuerpo se despierta sin haber completado adecuadamente sus procesos de recuperación.

Pero es que el impacto no se limita al descanso. De hecho, las comidas con alto índice glucémico pueden provocar una inflamación de bajo grado. Esta respuesta inflamatoria afecta a la energía general y a la claridad mental al despertar.

Debemos recordar que la conexión entre el intestino y el cerebro es directa. Por ello, cuando el organismo dedica la noche a gestionar excesos de azúcar, se alteran procesos clave como la producción de la hormona del crecimiento, esencial para la reparación celular. El resultado es una sensación de pesadez física, rostro hinchado y una mente que funciona a menor velocidad.

El ciclo del hambre al despertar

Uno de los efectos más desconcertantes de la resaca de carbohidratos es el hambre matutina. A pesar de haber cenado en abundancia, el cuerpo reclama alimentos, especialmente dulces o más harinas. Esta señal responde al intento del organismo de corregir la bajada de azúcar nocturna.

Si se cae en ese impulso y se repite el consumo de carbohidratos refinados en el desayuno, se inicia un ciclo de picos y caídas energéticas que afecta al estado de ánimo y a la productividad durante todo el día.

Cómo evitar la resaca sin eliminar la cena

No se trata de eliminar los carbohidratos, sino de elegir mejor y combinarlos de forma adecuada. Es importante priorizar carbohidratos complejos, como vegetales, granos integrales o legumbres, ya que ayuda a que la glucosa se libere de forma gradual.

Combinar estos alimentos con proteínas y grasas saludables ralentiza la absorción del azúcar y evita picos bruscos de insulina. Mantener una buena hidratación y realizar una breve caminata tras la cena también contribuye a estabilizar la glucosa y mejorar el descanso.

En definitiva, la claridad mental de la mañana se decide la noche anterior. Comprender cómo afectan las harinas refinadas al sueño y al cerebro es el primer paso para despertar con más energía y decir adiós a la neblina mental.

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