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La paradoja del viernes: por qué somos más productivos justo antes del fin de semana

El sistema de recompensa cerebral y la urgencia por cerrar tareas pendientes explican el alto desempeño previo al ocio, según diversos expertos.

El sistema de recompensa cerebral y la urgencia por cerrar tareas pendientes explican el alto desempeño previo al ocio, según diversos expertos.
Unsplash/Vitaly Gariev

Es una escena habitual en oficinas y espacios de teletrabajo: el lunes por la mañana cuesta arrancar, el café parece no surtir efecto y la concentración tarda en llegar. Sin embargo, al acercarse el viernes, algo cambia. A pesar del desgaste acumulado de toda la semana, muchas personas experimentan un pico de productividad durante las primeras horas del día. Este fenómeno, conocido como la paradoja del viernes, ha sido analizado por diversos estudios sobre rendimiento laboral.

Por ejemplo, un informe de la consultora de recursos humanos Randstad, basado en 3.000 entrevistas a empleados de entre 18 y 65 años, concluye que la productividad varía de forma notable según el día de la semana. Los martes y miércoles se consolidan como los días de mayor rendimiento, mientras que los niveles más bajos se registran el lunes por la mañana y el viernes por la tarde. Aun así, el viernes por la mañana mantiene cifras relativamente altas, lo que alimenta esta aparente contradicción.

Martes y miércoles: el pico real de productividad

Los datos de Randstad muestran que la productividad alcanza sus valores más altos los martes y miércoles por la mañana, con puntuaciones de hasta 8,1 sobre 10. En esos días, el cerebro ya ha superado la inercia del inicio de semana y aún no siente la presión del cierre. El trabajador está "caliente", concentrado y con margen mental para sostener el esfuerzo durante varias horas.

A partir del jueves, el rendimiento comienza a descender de forma progresiva, aunque todavía se observan ligeros repuntes matinales. De hecho, el viernes por la mañana se mantiene en torno a los 7,8 puntos, pero por la tarde cae con fuerza hasta convertirse en uno de los momentos menos productivos de la semana.

La dopamina de la meta cercana

Entonces, ¿por qué el viernes por la mañana se percibe como un momento especialmente eficiente? La respuesta está en la anticipación del descanso. El cerebro humano funciona mediante un sistema de recompensa que libera dopamina no solo cuando se alcanza una meta, sino cuando se percibe que está cerca.

El viernes actúa como una línea de meta psicológica. El fin de semana está a pocas horas y esa cercanía activa la motivación, mejora el enfoque y reduce la procrastinación. El lunes, en cambio, la siguiente recompensa parece demasiado lejana, lo que genera una sensación de fatiga mental incluso antes de empezar.

Otro factor clave es el llamado efecto de cierre. Las personas tienen una aversión natural a dejar tareas incompletas, lo que genera una presión interna al llegar al final de la semana. El viernes por la mañana se activa una especie de "urgencia eficiente": se prioriza lo esencial, se toman decisiones más rápidas y se reducen distracciones como reuniones poco productivas. Este impulso por cerrar pendientes antes del descanso convierte esas horas en un período de alta concentración, aunque no siempre sostenible a largo plazo.

Por el contrario, el lunes arrastra la inercia del fin de semana y una acumulación inicial de correos, tareas y planificación. La carga mental es mayor y la motivación tarda más en activarse. De hecho, es el único día en el que algunos trabajadores se sienten ligeramente más productivos por la tarde que por la mañana, según Randstad.

¿Se puede replicar el efecto viernes?

Los expertos señalan que esta paradoja demuestra que gran parte de la productividad es psicológica. Crear "mini cierres" o hitos a mitad de semana podría ayudar a replicar parte del impulso del viernes. Sin embargo, hay algo único en esa mañana: la certeza de que, tras el último esfuerzo, llega el descanso.

Por eso, si un viernes por la mañana sientes que avanzas más rápido que el lunes entero, no es casualidad. Es tu cerebro celebrando que la meta, por fin, está cerca.

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