Fatiga y desmotivación: las claves para superar la dura cuesta de enero emocional
El regreso a las obligaciones y la presión por cumplir nuevos objetivos provocan un bajón anímico que afecta a la salud mental este invierno.
Cuando se menciona la "cuesta de enero", la imagen habitual es la de una economía doméstica resentida tras los excesos navideños. Sin embargo, existe una pendiente menos visible y, para muchos, más difícil de transitar: la cuesta de enero emocional. Entre el 23 y el 25 de enero, cuando las fiestas ya han quedado atrás y la rutina se impone sin concesiones, el cansancio psicológico se hace especialmente evidente.
El apagado de las luces navideñas no solo marca el fin de un periodo festivo, sino también el regreso a una realidad más exigente y menos estimulante. Este fenómeno no responde únicamente a una falta de motivación puntual, sino a un estado complejo en el que confluyen agotamiento biológico, resaca social y presión psicológica. El cuerpo y la mente, tras semanas de sobreestimulación, reclaman una pausa que no siempre llega.
El impacto del invierno en el estado de ánimo
La llamada cuesta emocional de enero se manifiesta a través de fatiga, tristeza y desmotivación, y suele verse amplificada por la tristeza invernal. La reducción de horas de luz solar altera el ritmo circadiano y afecta a la producción de serotonina y melatonina, influyendo directamente en el estado de ánimo y en los niveles de energía. No es casualidad que enero sea uno de los meses más delicados para la salud mental.
La Sociedad Española de Psiquiatría advierte de que una amplia mayoría de adultos experimenta cambios en el sueño, la energía y el ánimo con el cambio estacional. Durante diciembre y enero aumentan los casos de ansiedad, estrés, tristeza y síntomas depresivos, un contexto que se ve reforzado por el final de las fiestas y la vuelta a las obligaciones diarias.
La presión de empezar "de cero"
A este escenario se suma la carga emocional asociada a la propia idea del inicio de año. Enero se presenta socialmente como un momento de reinicio, de propósitos y de objetivos ambiciosos. Sin embargo, esta expectativa puede convertirse en una fuente de frustración cuando la realidad no acompaña. La comparación entre el "yo ideal" que se desea construir y el cansancio real del momento genera una disonancia emocional que erosiona la autoestima.
El psiquiatra Víctor Navalón subraya que enero es uno de los meses en los que más se acentúan los trastornos afectivos estacionales, no solo por la falta de luz, sino por el contraste entre la euforia festiva y la rutina. El vacío que dejan las celebraciones, los encuentros sociales y el descanso relativo se hace palpable en las primeras semanas del año.
Señales que no deben ignorarse
Aunque este bajón suele ser temporal, existen señales de alarma que conviene atender. La persistencia de tristeza o sensación de vacío durante más de dos semanas, la irritabilidad, la pérdida de interés por actividades habituales, la fatiga constante o las alteraciones del sueño y del apetito son indicadores claros de que algo no va bien. A ellos se suman síntomas cognitivos y conductuales como dificultad para concentrarse, aislamiento social o pensamientos negativos recurrentes.
Los datos epidemiológicos reflejan esta realidad, con una elevada prevalencia de trastornos de ansiedad, del sueño y depresivos durante este periodo. Identificar el origen del malestar es clave para diferenciar entre un trastorno afectivo estacional y una depresión mantenida, y para intervenir de forma adecuada.
Estrategias para suavizar la pendiente
Superar la cuesta emocional de enero no implica forzarse a rendir más, sino cambiar el enfoque hacia el autocuidado. Retomar la rutina de forma progresiva, exponerse a la luz natural siempre que sea posible y mantener una actividad física moderada ayuda a estabilizar el ánimo. También resulta fundamental fijar metas realistas y reducir la autoexigencia.
Validar las propias emociones, en lugar de juzgarlas, permite comprender que el cansancio forma parte de un proceso de adaptación. Pequeñas acciones, como caminar unos minutos, escribir un diario o desconectar de las redes sociales, pueden marcar la diferencia. La clave está en entender que descansar no es rendirse, sino preparar el terreno para el resto del año con una mente más equilibrada y saludable.
Lo más popular
-
"Hasta aquí hemos llegado. Basta ya. Es intolerable": la chispa que provocó el portavoz de Ayuso a PSOE y Más Madrid -
Estufas eléctricas de bajo consumo: la solución inteligente para calentar tu hogar gastando menos -
El embajador de Irán se niega a dar la mano a la Reina Letizia -
El Gobierno filtra las conversaciones con Emergencias para generar confusión y diluir responsabilidades -
El extrañísimo silencio sobre 'Torrente presidente' a semanas del estreno
Ver los comentarios Ocultar los comentarios