El cuerpo "no compensa" la inactividad con el gimnasio: la solución metabólica está en el NEAT
La "gimnasia invisible" regula la glucosa y el metabolismo mediante acciones cotidianas que rompen con la peligrosa inactividad del teletrabajo.
Durante años, el gimnasio ha sido presentado como el templo indiscutible de la salud física. Pero la ciencia del metabolismo está cambiando el foco: no todo el movimiento que cuenta ocurre en ropa deportiva. Existe otra forma de actividad, silenciosa pero poderosa, que sucede entre reuniones, trayectos y tareas domésticas. Los expertos la llaman NEAT (Non-Exercise Activity Thermogenesis), y podría ser la pieza que faltaba en la lucha contra el sedentarismo moderno.
El concepto también se conoce como "Gimnasia Invisible", porque se trata de toda la energía que gastamos fuera del ejercicio estructurado: caminar por la casa, subir escaleras, gesticular al hablar, limpiar, cocinar o simplemente permanecer de pie.
El problema del "sedentario activo"
La cultura del bienestar ha generado una paradoja: personas que entrenan una hora al día pero pasan el resto de la jornada sentadas. A este perfil se le denomina "sedentario activo". Aunque cumpla con su sesión de gimnasio, su metabolismo pasa demasiadas horas en modo ahorro de energía. Además, según los especialistas, el cuerpo humano no compensa largos periodos de inactividad con picos aislados de ejercicio intenso. La fisiología funciona mejor con movimiento frecuente y repartido a lo largo del día.
Aquí es donde entra el NEAT. Mientras que el ejercicio planificado puede representar una pequeña fracción del gasto calórico diario, la actividad cotidiana puede suponer una porción mucho mayor. La diferencia entre una persona con NEAT alto y otra con NEAT bajo puede traducirse en cientos de calorías diarias sin necesidad de entrenamiento formal.
Pequeños gestos, gran impacto metabólico
La clave está en entender que el metabolismo responde al movimiento constante, por leve que sea. Permanecer muchas horas sentado reduce la actividad de enzimas que ayudan a procesar las grasas. Levantarse, caminar unos minutos o cambiar de postura reactiva esos procesos casi de inmediato. La Gimnasia Invisible propone integrar movimiento en situaciones donde normalmente no lo habría:
- Caminar mientras hablas por teléfono
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Usar escaleras en lugar de ascensor
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Levantarte cada 45–60 minutos si trabajas sentado
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Permanecer de pie en transportes o salas de espera
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Realizar tareas domésticas con mayor intensidad
El poder de los pasos (y algo más)
Aumentar los pasos diarios es una de las estrategias más simples. Aparcar más lejos, bajarse antes del transporte público o dar un paseo tras las comidas suma movimiento sin sensación de "entrenamiento".
Pero el NEAT va más allá de caminar. Actividades como limpiar, jardinería, cocinar o bailar también elevan el gasto energético. Incluso acciones menos evidentes —como reír a carcajadas o moverse mientras se trabaja de pie— contribuyen a mantener activo el metabolismo. En conjunto, estos micro-movimientos crean un entorno fisiológico más dinámico que favorece el control del peso, la regulación de la glucosa y una mejor salud cardiovascular.
La rebelión contra la comodidad
La vida moderna está diseñada para que no tengamos que movernos: compras a domicilio, teletrabajo, transporte motorizado y ocio frente a pantallas. Esta "economía del mínimo esfuerzo" ha reducido drásticamente el movimiento diario sin que apenas lo notemos.
La Gimnasia Invisible surge como una forma de reintroducir movimiento sin necesidad de fuerza de voluntad extrema. No exige cuotas de gimnasio ni rutinas complejas, sino recuperar gestos que antes eran parte natural de la vida cotidiana.
Un cambio de mentalidad
Adoptar el NEAT como filosofía elimina la idea de que solo "cuenta" lo que se suda. Si un día no hay tiempo para entrenar, no significa que sea un día perdido si se ha caminado más, se han usado escaleras o se ha evitado pasar horas seguidas sentado.
Al final, el cuerpo no distingue entre calorías quemadas en una cinta de correr o fregando el suelo: responde al movimiento. Y cuanto más frecuente sea ese movimiento, mejor funcionará el sistema.
La Gimnasia Invisible no reemplaza necesariamente al ejercicio tradicional, pero sí lo complementa y, en muchos casos, lo hace más sostenible. Porque antes de correr una maratón, el primer paso hacia una vida activa puede ser tan simple como levantarse de la silla.
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