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Dieciséis años sin calentamiento global cambian el debate del clima

La cruda realidad empieza a enfriar las predicciones sobre el aumento de las temperaturas.

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Nubes sobre Nueva Zelanda. | CC/Flickr/Satoru Kikuchi

Algo está cambiando en los últimos meses en el campo de la climatología. Pese a que los alarmistas de siempre siguen llamando "negacionistas" a los escépticos, cada vez más investigaciones científicas están dando la razón a quienes piensan que la ciencia no está ya establecida y que nos queda mucho aún por saber antes de afirmar que las temperaturas van a aumentar de forma catastrófica este siglo.

Aunque muchas discusiones se siguen centrando en la paleoclimatología, el estudio de las temperaturas pasadas, el campo de batalla más importante ahora mismos es la llamada "sensibilidad climática". Dado que nuestro clima es un sistema extraordinariamente complejo y caótico, no podemos saber con exactitud qué consecuencias provoca cualquier cambio como, por ejemplo, el incremento del dióxido de carbono en la temperatura. De ahí que se intente estimar lo sensible que es el clima a dichas variaciones.

El efecto directo del CO2 sobre el clima es conocido: aproximadamente un grado centígrado de aumento cada vez que se dobla su concentración en la atmósfera. La teoría alarmista asegura que ese cambio produce a su vez retroalimentaciones positivas. La sensibilidad del clima al aumento del dióxido de carbono sería mayor que ese grado; en concreto, el último informe del IPCC lo sitúa alrededor de los 3°C.

Sin embargo, cada vez más estudios reducen esa cifra (Annan, J.D., and J.C Hargreaves, 2011; Lindzen, R.S., and Y-S. Choi, 2011; Aldrin, M., et al., 2012; Ring, M.J., et al., 2012; Hargreaves, J.C., et al., 2012; Lewis, N. 2013...), principalmente debido a que el clima durante los últimos dieciséis años no se ha comportado como debería de ser la sensibilidad climática tan alta como afirma el IPCC, lo que ha provocado que el aumento de temperaturas real esté por debajo de los escenarios más optimistas del organismo de la ONU.

De hacer caso a estos estudios, habría que reducir la sensibilidad de 3 a 2 grados al menos. El más reciente, del investigador independiente Nic Lewis –cuyos estudios ya han obligado a rectificar al IPCC–, da un rango entre 1 y 3 grados, con 1,6 como el valor más probable.

¿Qué hará el IPCC?

La discrepancia y el debate que está teniendo lugar sobre la sensibilidad climática ha provocado que medios tan proclives a dar la razón al lado alarmista del debate como The Economist, The New York Times o la agencia Reuters empiecen a dar voz a este problema.

Lo que debería suceder, dado que se supone que el IPCC se limita a agregar el conocimiento del clima de forma objetiva, es que el próximo informe reduzca la estimación de la sensibilidad del clima y que los modelos que emplee para hacer predicciones empleen esa nueva cifra. Sería lo lógico, pero iría en contra de lo que siempre ha hecho este organismo. De hecho, entre los 19 modelos presentes en el borrador del próximo informe no hay ninguno que parta de una sensibilidad climática tan baja y la media de los mismos es de 3,4°C, mayor incluso que la dada por el anterior informe del IPCC.

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