El motivo científico por el que los ojos del reno se vuelven azules en invierno
La ciencia explica cómo el ojo del reno se adapta a meses sin sol cambiando de color para ver mejor en la penumbra.
Los renos no tienen una nariz roja que brille en la noche, pero sí una adaptación visual poco común que les permite sobrevivir al invierno ártico. Investigaciones científicas han demostrado que los ojos del reno ártico (Rangifer tarandus) cambian de color según la estación, un fenómeno ligado directamente a la cantidad de luz ambiental y a su capacidad para ver en condiciones extremas de penumbra.
Un cambio visible entre verano e invierno
Durante el verano, cuando en el Ártico hay largas jornadas de luz solar, los ojos del reno reflejan tonos dorados y turquesa, similares al brillo verdoso que presentan los gatos en la oscuridad. Sin embargo, cuando llega el invierno y el sol apenas aparece, ese reflejo ocular se transforma en un azul profundo. Este cambio no es estético ni anecdótico, sino una adaptación fisiológica asociada a la visión.
El fenómeno fue descrito por científicos en 2013 y analizado posteriormente en distintos trabajos académicos, entre ellos un artículo publicado en The Conversation, medio especializado en divulgación científica firmado por investigadores y expertos universitarios.
La importancia de la "hora azul"
Los renos se alimentan principalmente al amanecer y al anochecer. En el invierno ártico, el crepúsculo puede extenderse durante más de un tercio del día, generando una iluminación dominada por tonos azules. Los artistas llaman a este periodo "la hora azul", y en ese entorno los contrastes son bajos y la visibilidad limitada.
Según los investigadores, la adaptación ocular del reno permite reflejar mejor la luz azul, haciendo que esa escasa iluminación atraviese la retina más de una vez. De este modo, los fotorreceptores captan más información visual, lo que ayuda al animal a detectar depredadores como los lobos y a localizar líquenes, su principal alimento.
Ver más luz, aunque con menos detalle
El beneficio de este sistema es una visión mucho más luminosa del entorno, que puede llegar a ser hasta mil veces más brillante que sin esta adaptación. El coste es una pérdida de resolución: la imagen es menos nítida, comparable a observar a través de un cristal empañado. Aun así, en un entorno donde la prioridad es detectar movimiento y contraste, esta ventaja resulta decisiva para la supervivencia.
Un tapetum lucidum diferente
Como otros mamíferos, los renos poseen una estructura reflectante detrás de la retina llamada tapetum lucidum. Sin embargo, los científicos no conocen ningún otro animal cuyo tapetum cambie de estructura de forma estacional como el del reno.
En un artículo publicado en The Conversation , el oftalmólogo Robert Fosbury comparó este proceso con el ajuste de los neumáticos en invierno: liberar presión para mejorar la tracción. En el caso del reno, la liberación de fluido en el tapetum permitiría optimizar la visión en condiciones de baja luz.
Lo que aún no se sabe
En 2022, Fosbury y su equipo estudiaron ojos de renos fallecidos en distintas estaciones. Sus resultados apuntan a que la dilatación constante de la pupila en invierno altera el equilibrio de fluidos del ojo, provocando cambios estructurales leves pero funcionales. Aun así, los propios investigadores reconocen que los mecanismos exactos siguen sin conocerse y que el proceso debe ser reversible.
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