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La planta que no hace la fotosíntesis y aún así sigue creciendo bajo tierra

Un estudio genético revela cómo una planta parásita ha eliminado casi toda su maquinaria fotosintética y ha prosperado.

Balanophora subcupularis | Future/iNaturalist

A primera vista parece un hongo salido del suelo del bosque, pero no lo es. Balanophora, una planta parásita con un aspecto tan extraño como su biología, ha llevado la adaptación evolutiva a un extremo poco común: ha abandonado prácticamente por completo la fotosíntesis, el proceso que define a la inmensa mayoría de las plantas, y aún así ha logrado sobrevivir y diversificarse.

Una planta que ya no necesita la luz

La fotosíntesis se realiza en los plastidios, orgánulos celulares que contienen su propio material genético, conocido como plastoma. En la mayoría de las plantas terrestres, ese plastoma tiene entre 120.000 y 170.000 pares de bases. Sin embargo, un nuevo análisis genético de siete especies de Balanophora ha descubierto que su plastoma se ha reducido hasta apenas 14.000–16.000 pares de bases, una décima parte de lo habitual.

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El estudio, publicado en la revista científica New Phytologist, analizó muestras procedentes de 12 poblaciones localizadas en zonas de difícil acceso de Taiwán y Japón. Los resultados muestran que lo que queda del plastoma es una reliquia vestigial, inútil para transformar la luz solar en energía.

Vivir como un hongo, pero sin serlo

En lugar de producir su propio alimento, Balanophora se conecta directamente a las raíces de los árboles para absorber nutrientes. Su estrategia recuerda a la de los hongos, y no por casualidad: su aspecto y su modo de vida son tan similares que durante años ha despertado confusión.

La diferencia clave es que no existe ningún intercambio beneficioso. A diferencia de los hongos micorrícicos, que ayudan a las plantas a absorber agua y minerales, Balanophora no devuelve nada a su huésped. Es un parásito estricto.

"Balanophora ha perdido gran parte de lo que la define como planta, pero ha conservado lo suficiente como para funcionar como parásito", explica Petra Svetlikova, botánica del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (Japón) y autora principal del estudio.

Un genoma mínimo, pero funcional

Pese a la drástica reducción genética, los investigadores descubrieron que el plastoma restante sigue siendo metabólicamente activo, aunque no participa en la fotosíntesis. Esto indica que la planta ha conservado solo los genes esenciales para mantener procesos básicos compatibles con su estilo de vida parasitario.

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Este hallazgo sugiere que la pérdida de fotosíntesis no implica necesariamente la desaparición total de la maquinaria plastidial, sino una optimización extrema. Además, los datos genéticos indican que esta reducción ocurrió en un ancestro común, antes de que el género se diversificara en múltiples especies.

Reproducción sin pareja en islas

El estudio también detectó otro rasgo llamativo. Las especies de Balanophora que quedaron aisladas en islas desarrollaron la capacidad de reproducirse asexualmente, y en algunos casos esa es hoy su única vía reproductiva.

Este tipo de estrategia es poco habitual en plantas parásitas obligadas, pero podría suponer una ventaja decisiva para colonizar nuevos territorios, donde encontrar pareja o un huésped adecuado resulta complicado.

Un modelo extremo de evolución

Para los investigadores, Balanophora se ha convertido en un modelo clave para entender cómo las plantas pueden perder la fotosíntesis sin desaparecer. En palabras del propio equipo, este grupo permite reconstruir los cambios evolutivos asociados a una de las transiciones más radicales conocidas en plantas terrestres.

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