La gran mentira del color azul en la naturaleza: no es pigmento, es un truco de luz
Casi ningún ser vivo posee el pigmento real. El fenómeno se debe a una compleja ingeniería de nanoestructuras que dispersan la luz en el iris.
El azul es, según diversas encuestas, el color favorito de la humanidad. El motivo es que habitualmente lo asociamos con la calma del cielo y la inmensidad del mar, pero si bajamos la mirada hacia la fauna y la flora, nos daremos cuenta de una realidad inquietante: el azul es el gran ausente.
A diferencia del verde de las hojas, el rojo de las frutas o el amarillo de las flores, el azul es un "unicornio" biológico. De hecho, la mayoría de lo que percibimos como azul en la naturaleza no es más que un sofisticado truco de la luz.
El problema de la química y los pigmentos
En el mundo natural, los colores suelen ser el resultado de pigmentos: moléculas químicas que absorben ciertas longitudes de onda y reflejan otras. Por ejemplo, los flamencos nacen grises y adquieren su tono rosado debido a los carotenoides de los crustáceos que comen. Es un proceso sencillo y común para colores como el rojo, el naranja o el marrón.
Sin embargo, producir un pigmento azul de forma estable es una tarea titánica para la evolución. Prácticamente ningún vertebrado en el planeta posee pigmentos azules en su cuerpo. Según el Dr. Bob Robbins, experto en lepidópteros, entre las miles de especies de mariposas conocidas, solo una —la Nessaea aglaura— produce un pigmento azul real. El resto de la naturaleza ha tenido que "hacer trampas" para conseguir este tono.
Coloración estructural: La magia de la luz
Si el azul no existe como químico, ¿cómo es que vemos mariposas Morpho o arrendajos azules? La respuesta está en la física, concretamente en la coloración estructural. El motivo es que, en lugar de usar tintes, estos organismos han desarrollado nanoestructuras microscópicas en sus plumas o escamas que actúan como prismas.
Estas estructuras están diseñadas para cancelar todas las longitudes de onda de la luz excepto una: el azul. Por ello, cuando la luz blanca choca contra las alas de una mariposa Morpho, la arquitectura de sus escamas dispersa la luz de tal manera que solo el azul llega a nuestros ojos. Es una ilusión óptica tan real que nos engaña por completo. La prueba de este fenómeno es fascinante: si observamos una pluma de arrendajo azul a contraluz, el color desaparece y se vuelve marrón. El "azul" no está en la materia, sino en cómo la luz rebota en ella.
De los ojos azules al reino vegetal
Este fenómeno llega incluso a los seres humanos. Las personas con ojos azules no tienen pigmento de ese color en el iris; lo que ocurre es que carecen de melanina suficiente, permitiendo que las fibras de colágeno del ojo dispersen la luz azul de forma similar a como lo hace la atmósfera terrestre, un proceso conocido como dispersión de Rayleigh. Técnicamente, los ojos azules son una estructura física, no un tinte biológico.
En el reino vegetal, la situación es igual de compleja. Las flores azules son raras y suelen ser el resultado de una modificación química de pigmentos rojos o morados mediante cambios en el pH celular. Es un proceso energéticamente costoso y difícil de mantener, lo que explica por qué, por mucho que lo intentemos, no existen las rosas azules naturales.
Una herramienta de supervivencia
A pesar de su dificultad, aves e insectos evolucionaron para poder ver y "crear" el azul porque les otorgaba ventajas competitivas. El azul destaca con fuerza en entornos verdes o terrosos, convirtiéndose en una señal de comunicación perfecta para el apareamiento o la defensa del territorio.
La rareza de este color no solo ha fascinado a los biólogos, sino que marcó la historia humana. Durante siglos, conseguir tintes azules era tan difícil y caro que el color se reservó para la realeza y la divinidad. Hoy sabemos por qué: la naturaleza prefiere la simplicidad de la química, y el azul requiere la perfección de la ingeniería microscópica. Un color que, aunque lo veamos en todas partes al mirar al cielo, es el tesoro más escaso bajo nuestros pies.
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