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Científicos logran que un minicerebro de laboratorio aprenda a jugar a un videojuego

Un equipo de la Universidad de California logra que organoides cerebrales aprendan a equilibrar un poste virtual mediante impulsos eléctricos.

Neuronas cerebro conexiones | Libertad Digital

En un avance que parece extraído de una novela de Philip K. Dick, un equipo de investigadores de la Universidad de California ha demostrado que organoides corticales —pequeñas estructuras de tejido cerebral humano creadas en laboratorio— son capaces de exhibir un aprendizaje dirigido a objetivos. El estudio, publicado en la prestigiosa revista Cell Reports, revela cómo estos "minicerebros" lograron aprender a equilibrar un poste virtual, una tarea clásica de control y estabilidad, mediante estímulos eléctricos adaptativos.

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Entrenamiento eléctrico: el "maestro" de los organoides

El experimento utilizó un sistema de circuito cerrado para conectar los organoides a un entorno virtual. Mediante estimulación eléctrica adaptativa, las neuronas recibieron retroalimentación en tiempo real sobre su desempeño en la tarea de equilibrio. Los resultados son contundentes: los organoides sometidos a este entrenamiento superaron con creces a aquellos expuestos a estímulos aleatorios o nulos, demostrando una plasticidad funcional sin precedentes fuera de un organismo vivo.

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Los investigadores identificaron que el éxito en el aprendizaje está directamente relacionado con la conectividad causal evocada por el estímulo. Es decir, el tejido cerebral no solo reacciona, sino que reorganiza sus redes de comunicación para mejorar su eficiencia ante el reto planteado. Este fenómeno de aprendizaje se vio totalmente anulado al aplicar bloqueadores farmacológicos de la transmisión glutamatérgica, lo que confirma que estos minicerebros utilizan los mismos mecanismos biológicos fundamentales que un cerebro humano completo.

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Hacia la computación biológica y la medicina del futuro

Este hallazgo abre la puerta a la encarnación de organoides en sistemas virtuales y robóticos, lo que podría revolucionar el campo de la inteligencia biológica artificial. Más allá de la computación, el estudio ofrece una plataforma única para estudiar trastornos neurológicos y el efecto de fármacos en el aprendizaje humano sin necesidad de sujetos vivos. La capacidad de estos cultivos para aprender tareas complejas redefine los límites de la neurociencia experimental y nos acerca a una nueva era de sistemas híbridos bio-digitales.

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