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Muere Paul Ehrlich, el profeta del apocalipsis medioambiental que nunca se cansó de equivocarse

Muere a los 93 años de edad el heredero de las tesis demográficas de Malthus y principal impulsor de las políticas de control de población.

Muere a los 93 años de edad el heredero de las tesis demográficas de Malthus y principal impulsor de las políticas de control de población.
EARTH DAYS, Paul R. Ehrlich, 2009. Ph: Robert Stone/©Zeitgeist Films/Courtesy Everett Collection fotograma 249/cordon press | Cordon Press

"La batalla por alimentar a toda la humanidad ha terminado". Con esta contundente y memorable frase comenzaba The Population Bomb, el best seller coescrito por el biólogo Paul R. Ehrlich y su esposa Anne H. Ehrlich y publicado en 1968. Sus apenas doscientas páginas arrancaban con una predicción terrible y, como sabemos, falsa:

En la década de los 70 y 80, centenares de millones de personas se morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que se emprenda ahora. A estas alturas nada puede impedir un sustancial incremento en la tasa de mortalidad mundial, aunque muchas vidas podrían ser salvadas mediante drásticos programas para ampliar la capacidad de la tierra incrementando la producción alimentaria y distribuyendo más equitativamente el alimento disponible. Pero estos programas sólo proporcionaran un aplazamiento a menos que se acompañen con esfuerzos decididos y exitosos de control de la población.

Paul Ehrlich, profesor emérito de Biología en la Universidad de Stanford, murió el pasado 13 de marzo a los 93 años de edad en la residencia de jubilados donde residía, según confirmó su hija Lisa Marie Daniel a The New York Times. Nacido el 29 de mayo de 1932 en Filadelfia, Ehrlich se doctoró en la Universidad de Kansas y desarrolló gran parte de su carrera en Stanford. El entomólogo dedicó su actividad intelectual a promover el control demográfico para evitar que la población sobrepasara la capacidad de la Tierra para alimentarla, pero sus predicciones de grandes hambrunas en todo el planeta, que incluían la predicción de "antes del año 2000" unos "65 millones de norteamericanos" iban a "perecer por inanición", fracasaron ante el avance científico y tecnológico que supuso la Revolución Verde liderada por Norman Borlaug, probablemente el héroe más importante y desconocido del siglo XX.

Ehrlich no hizo otra cosa que ponerle un poco de pintalabios ecologista moderno al cerdo malthusiano. El reverendo Thomas Robert Malthus publicó en 1798 su Ensayo sobre el principio de la población, en el que aseguraba que mientras que la producción alimentaria crecía en progresión aritmética, la población lo hacía en progresión geométrica, lo que inevitablemente llevaría a gigantescas hambrunas. El inglés se limitó a extrapolar tendencias sin ser capaz de pensar que estas pudieran cambiar, algo en lo que el ecologismo, del que Ehrlich fue uno de los pioneros, se ha encargado con enorme éxito de trasladar a nuestros tiempos.

Pero donde más claro se vio el carácter de Ehrlich fue en las medidas que propuso para acabar con el problema. En el mundo desarrollado propuso toda serie de incentivos para reducir la natalidad, llegando a valorar la posibilidad de poner anticonceptivos en el suministro de agua. Para el tercer mundo, propuso acabar con toda ayuda externa para reducir la carestía de alimentos: mejor que mueran de hambre ahora a que mueran de hambre de todos modos unos años más tarde aún más personas.

La apuesta con Julian Simon

Las tres millones de copias vendidas del libro de Ehrlich lo llevaron a ser entrevistado por uno de los programas de televisión más vistos de la época, The Tonight Show, con Johnny Carson. Entre los espectadores estaba un economista, Julian Simon, que hacía mucho que había dado el maltusianismo por inútil y carente de toda relación con los datos empíricos, tal y como explica Antonio Mascaró Roger en su ensayo en La Ilustración Liberal sobre la controversia entre ambos.

A lo largo de los años, Ehrlich y Simon se enfrentaron por escrito hasta que el economista tuvo una idea para demostrar de una vez por todas que el entomólogo estaba equivocado. Propuso una apuesta en la que su rival podría escoger cinco materias primas no controladas por el Gobierno y una década después habría que pagar la diferencia de precio entre su valor original y el que tuvieran un periodo suficientemente largo para evitar que las inevitables fluctuaciones escondieran la tendencia a largo plazo. Si bajaban cobraba Simon, que era quien argumentaba que el ingenio del ser humano, liberado por la economía del libre mercado, permitiría reducir la escasez de materias primas. Si subía sería él quien tuviera que pagar a quien apostara en su contra, dando la razón a quien pensaba que estamos consumiendo por encima de nuestras posibilidades y acercándonos de esa manera al desastre.

Paul Ehrlich aceptó la apuesta junto a su esposa y sus colegas John Holdren y John Harte, escogiendo cinco metales que a su parecer sufrirían grandes aumentos en sus precios: cromo, cobre, níquel, estaño y tungsteno. La apuesta sería de doscientos dólares sobre el precio de cada uno de ellos, tomando como índice los precios del 29 de septiembre de 1980 y un periodo de diez años. En octubre de 1990, Ehrlich le envió un cheque por 576,07 dólares para saldar la deuda, sin nota adjunta. Y sin corregir sus equivocadas tesis, por supuesto.

"Algunas de mis predicciones no se han cumplido", dijo en 2004 Ehrlich. "Por ejemplo, las hambrunas han sido menores de lo que yo, o más bien los especialistas en agricultura que consulté, esperaban. Pero sigue siendo horrible, con cerca de 600 millones de personas hambrientas y miles de millones con problemas de malnutrición". Lo que no dijo fue que las cifras no habían hecho sino mejorar desde hacía décadas. Porque entre la verdad y el trabajo de su vida, el activismo medioambiental que lo había hecho famoso, siempre escogió lo segundo.

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