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Neblina mental: por qué nos sentimos aturdidos y cómo "resetear" el cerebro sin fármacos

Expertos vinculan el aturdimiento y la falta de claridad al agotamiento de la corteza prefrontal por el exceso de estímulos y la multitarea digital.

Pexels/CC0/Tara Winstead

Seguramente te ha pasado hoy mismo: abres el navegador para buscar un dato concreto y, veinte minutos después, te descubres leyendo algo totalmente distinto, con diez pestañas abiertas y sin recordar qué estabas buscando. Esa sensación de aturdimiento, lentitud mental y pérdida de foco tiene nombre: brain fog o neblina mental.

Aunque durante años se asoció a causas químicas o enfermedades, cada vez más expertos coinciden en que existe una versión no química, estrechamente ligada a nuestro estilo de vida acelerado y a la hiperestimulación constante.

¿Qué es exactamente la neblina mental?

La neblina mental no es una enfermedad, sino un estado de saturación cognitiva. Se manifiesta como una falta de claridad mental persistente que dificulta pensar con agilidad, tomar decisiones o mantener la atención. Entre sus síntomas más comunes se encuentran:

El síndrome del navegador mental

Nuestro cerebro no ha evolucionado para procesar el volumen de información que consumimos a diario. La metáfora del navegador es especialmente acertada: cada tarea pendiente, cada notificación y cada estímulo digital consume "memoria RAM" mental.

Cuando creemos que estamos haciendo multitarea, en realidad forzamos al cerebro a realizar cambios de contexto constantes. Este proceso agota la glucosa de la corteza prefrontal —responsable de la atención, la memoria de trabajo y la toma de decisiones— y deja esa sensación de "mente espesa" al final del día. En España, donde las jornadas laborales suelen alargarse y el uso del móvil y las redes sociales está entre los más altos de Europa, este fenómeno se ha cronificado.

Las causas más frecuentes (no químicas)

También puede aparecer de forma temporal durante la abstinencia de cafeína o en personas con condiciones como fibromialgia o fatiga crónica.

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Cómo "resetear" el cerebro sin fármacos

La buena noticia es que la neblina mental no química es reversible. Para despejar la mente, los expertos recomiendan aplicar hábitos de higiene cognitiva:

La neblina mental es el precio que pagamos por intentar vivir a la velocidad de la fibra óptica. Recuperar el enfoque no es un lujo, es una necesidad. Cerrar pestañas —en el navegador y en la mente— puede ser el primer paso para volver a pensar con claridad. A veces, el mayor acto de productividad es parar.

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