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Efecto Dunning-Kruger: cuando los que menos saben son los más tajantes

Reconocer un "no lo sé" es señal de lucidez ante una realidad social donde la verborrea suele esconder una absoluta falta de preparación técnica.

Reconocer un "no lo sé" es señal de lucidez ante una realidad social donde la verborrea suele esconder una absoluta falta de preparación técnica.
Pexels/CC0/Ketut Subiyanto

En redes sociales, tertulias y conversaciones de bar se repite una escena familiar: alguien opina con total seguridad sobre epidemiología, economía o geopolítica sin tener formación en el tema. No se trata solo de arrogancia. La psicología lleva décadas estudiando este patrón y le ha puesto nombre: efecto Dunning-Kruger.

Este sesgo cognitivo describe una paradoja incómoda: las personas con menos habilidad en un área tienden a sobreestimar su competencia, mientras que quienes sí dominan la materia suelen infravalorarse. La clave está en un concepto llamado metacognición, es decir, la capacidad de evaluar con precisión lo que sabemos… y lo que no.

La doble carga de la incompetencia

El efecto fue descrito en 1999 por los psicólogos David Dunning y Justin Kruger. Sus investigaciones mostraron que quienes obtenían peores resultados en distintas pruebas eran, al mismo tiempo, quienes más sobrevaloraban su rendimiento. No solo cometían errores: carecían de las herramientas mentales necesarias para darse cuenta de que se estaban equivocando.

Es lo que los investigadores llamaron una especie de "doble carga". La falta de habilidad impide hacer bien la tarea, pero también impide evaluar correctamente el propio desempeño. Para saber que algo se está haciendo mal, hace falta un mínimo de conocimiento sobre cómo debería hacerse bien.

En el extremo opuesto, las personas más competentes tendían a pensar que su rendimiento era normal o incluso mediocre. No porque se evaluaran mal a sí mismas, sino porque asumían que los demás también lo hacían igual de bien. Este fenómeno se relaciona con otro sesgo, el falso consenso: creer que lo que a uno le resulta fácil también lo es para el resto.

La curva de la confianza

El efecto Dunning-Kruger suele representarse como una curva. Al principio del aprendizaje, cuando alguien adquiere nociones básicas sobre un tema, su confianza puede dispararse. Con muy poca información, se tiene la sensación de "haberlo entendido todo".

Sin embargo, a medida que el conocimiento aumenta, también lo hace la conciencia de la complejidad. Aparecen matices, excepciones, contradicciones. La seguridad inicial se desploma y deja paso a la duda. Paradójicamente, cuanto más sabe alguien, más consciente es de lo mucho que ignora.

Por eso los verdaderos expertos suelen expresarse con cautela, mientras que los principiantes más desinformados pueden mostrarse rotundos y tajantes.

Del individuo a la sociedad

Este sesgo no solo afecta a decisiones personales, como elegir una carrera o valorar el propio desempeño laboral. También tiene consecuencias colectivas. En entornos donde la información circula sin filtros, las voces más seguras no siempre son las más informadas.

Las personas menos preparadas pueden sentirse especialmente confiadas, compartir contenidos erróneos y resistirse a corregirse, porque no perciben sus propias lagunas. Al mismo tiempo, quienes sí tienen conocimientos pueden dudar en intervenir o pensar que su aportación no es tan especial. El resultado es un desequilibrio: la seguridad se confunde con competencia, y la prudencia con falta de autoridad.

¿Se puede evitar caer en la trampa?

Nadie está a salvo del efecto Dunning-Kruger. Todos somos principiantes en muchos ámbitos y, por tanto, vulnerables a sobreestimar lo que sabemos. La diferencia está en cómo reaccionamos ante esa posibilidad.

Algunas estrategias útiles pasan por cuestionar nuestras certezas, buscar la opinión de personas con más experiencia y mantener una actitud de aprendizaje continuo. Reconocer un "no lo sé" no es un signo de debilidad, sino de lucidez. Al final, este fenómeno nos deja una lección incómoda pero valiosa: la confianza no siempre es una señal de conocimiento. A veces, es justo al revés.

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