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Qué es el "trastorno por déficit de naturaleza" y cómo evitarlo con la regla de los 20 minutos

Pasear por parques reduce el cortisol y mejora la memoria. Los expertos recomiendan dos horas semanales para fortalecer el sistema inmunitario.

Pixabay/CC/3345557

En un mundo dominado por el hormigón, las pantallas y las notificaciones constantes, pasamos cerca del 90% del tiempo en interiores. Esta desconexión del entorno natural ha sido bautizada por algunos expertos como "trastorno por déficit de naturaleza". Frente a ello, la ciencia propone una solución sencilla y accesible: la llamada Vitamina N, de naturaleza.

El término, popularizado por el autor Richard Louv, no es una metáfora poética, sino una necesidad biológica. Investigaciones realizadas por universidades como Stanford, Michigan o Chicago, así como los estudios pioneros del Shinrin-yoku japonés (los conocidos "baños de bosque"), coinciden en una conclusión: bastan entre 20 y 30 minutos en un entorno verde para provocar cambios medibles en el cerebro y el cuerpo.

La caída del cortisol y el efecto antiestrés

Uno de los efectos más inmediatos es la reducción del cortisol, la principal hormona del estrés. Estudios de la Universidad de Michigan y análisis difundidos por Harvard Health señalan que ese intervalo de 20 minutos es suficiente para generar la mayor caída en los niveles de esta hormona.

El impacto no es solo subjetivo. Se ha comprobado una disminución de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial tras un paseo en un parque o bosque. La sensación de calma puede prolongarse durante horas, incluso hasta el día siguiente. En términos prácticos, caminar entre árboles actúa como un ansiolítico natural sin efectos secundarios.

El fin de la rumiación mental

Más allá del estrés fisiológico, la naturaleza también actúa sobre los pensamientos repetitivos y negativos. Caminar en un entorno verde reduce la actividad de la corteza prefrontal subgenual, una región del cerebro asociada con la rumiación mental.

Mientras que una avenida concurrida exige "atención dirigida" —esquivar coches, interpretar señales, procesar estímulos publicitarios—, la naturaleza activa lo que los psicólogos llaman "atención suave". El movimiento de las hojas, el sonido del agua o la luz filtrada entre las ramas captan el interés sin exigir esfuerzo cognitivo. Esa diferencia permite que el cerebro descanse y que el bucle de pensamientos obsesivos pierda intensidad.

Más memoria y mejor concentración

Los beneficios no se limitan al estado de ánimo. Según Marc Berman, director del Laboratorio de Neurociencia Ambiental de la Universidad de Chicago, una caminata de 50 minutos en la naturaleza puede aumentar hasta un 20% la memoria de trabajo. Incluso la exposición indirecta, como observar imágenes de paisajes o escuchar sonidos naturales, puede generar mejoras del 10%.

El entorno natural funciona como un restaurador cognitivo. Reduce el agotamiento mental y mejora la capacidad de concentración, algo especialmente relevante en contextos urbanos marcados por la sobreestimulación. También se han observado efectos positivos en niños con TDAH, con mejoras en la autorregulación y la atención tras actividades al aire libre.

Una farmacia natural en el aire

El impacto no es solo psicológico. Los árboles liberan fitoncidas, compuestos orgánicos que utilizan para protegerse de insectos y hongos. Al inhalarlos, el organismo humano aumenta la actividad de las células Natural Killer (NK), fundamentales en la defensa frente a virus y células tumorales.

Esta respuesta inmunitaria, sumada a la reducción del cortisol y la mejora cardiovascular, convierte a la naturaleza en una herramienta preventiva accesible. No se trata de sustituir tratamientos médicos, pero sí de incorporar un hábito que refuerza el bienestar general.

Creatividad y claridad mental

La naturaleza también estimula la red neuronal por defecto, asociada con la introspección y la creatividad. Al reducir la carga de estímulos digitales y urbanos, el cerebro recupera su capacidad para establecer conexiones nuevas.

Un estudio de la Universidad de Utah apuntó a que profesionales creativos mejoraban hasta un 50% su capacidad de resolución de problemas tras pasar tiempo en entornos naturales. El paseo, lejos de ser una pausa improductiva, puede convertirse en el detonante de nuevas ideas.

Pequeños gestos, grandes efectos

No es necesario viajar a un bosque remoto para obtener estos beneficios. Caminar por un parque, sentarse bajo un árbol o incluso observar el movimiento del follaje desde una ventana son acciones válidas. La evidencia sugiere que el impacto comienza a ser significativo a partir del minuto 17 y que sumar unas dos horas semanales de contacto con la naturaleza puede marcar una diferencia notable en la salud física y mental.

En ciudades donde el ritmo acelerado y la escasez de zonas verdes dificultan la conexión, la recomendación es aprovechar cualquier oportunidad: una pausa en la comida, un trayecto alternativo por una zona arbolada o unos minutos al aire libre al finalizar la jornada.

La Vitamina N no requiere receta médica ni condiciones perfectas de clima. Basta con salir y caminar. En una sociedad que empuja a la hiperconectividad constante, dedicar 20 minutos a la naturaleza puede ser uno de los gestos más simples y eficaces para recuperar el equilibrio.

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