Un estudio confirma que la dieta mediterránea dispara el rendimiento sin ayudas externas
Un informe cifra en un 45% los carbohidratos y un 37% las grasas necesarios para evitar fármacos y fortalecer el sistema inmune.
Un nuevo estudio titulado La Dieta Mediterránea en el rendimiento y en la salud del deportista ha puesto de manifiesto la capacidad de este modelo nutricional para potenciar las capacidades físicas sin recurrir a ayudas externas. La investigación ha sido liderada por la directora del Departamento de Biomedicina y Odontología de la Universidad Europea de Andalucía, Cristina López de la Torre, junto a Fernando Mata, profesor de Fisiología y Nutrición de la Universidad Europea de Madrid.
El análisis detalla que este patrón alimenticio garantiza un equilibrio de macronutrientes exacto para el ámbito deportivo: un 45% de carbohidratos, un 37% de grasas y un 15% de proteínas. Según López de la Torre, este aporte energético resulta crucial para soportar la exigencia de entrenamientos y competiciones, mientras que el consumo de vegetales asegura un estado de hidratación óptimo.
Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo reside en la eficacia de los antioxidantes naturales frente a los compuestos sintéticos. A diferencia de los suplementos en altas dosis, que pueden entorpecer la adaptación al ejercicio, los nutrientes presentes en los alimentos actúan en sinergia para reducir el estrés oxidativo. Además, elementos como los polifenoles y los ácidos grasos Omega-3 son determinantes para modular la inflamación y reparar los tejidos dañados.
El estudio también subraya el valor profiláctico de la dieta mediterránea contra patologías graves, desde enfermedades cardiovasculares y metabólicas, como la diabetes tipo 2, hasta trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer. La riqueza en fibra y la calidad de las grasas ingeridas favorecen una microbiota intestinal saludable, reforzando así la inmunidad natural del atleta.
En el terreno de la prevención de lesiones, el informe vincula este hábito alimenticio con una mayor densidad mineral ósea y un descenso en el riesgo de fracturas por estrés. Asimismo, se ha observado que los nutrientes esenciales son clave para preservar la masa muscular en etapas de inmovilización forzosa.
Finalmente, los investigadores destacan el impacto en la función cognitiva, vital para deportes que requieren una toma de decisiones rápida.
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