
Suele parecer sencillo: marcar el punto, encender el taladro y perforar. Pero basta un pequeño error para astillar la madera, deformar el metal o agrietar la pared. Cada superficie responde de manera distinta y requiere una herramienta específica, una broca concreta y una presión medida. La precisión depende tanto del material como del conocimiento previo de cómo tratarlo.
En los hogares y talleres, la improvisación suele ser el primer enemigo de los buenos acabados. De ahí la importancia de entender qué tipo de broca usar y cómo regular la velocidad o la potencia. No se trata solo de agujerear algo: se trata de hacerlo bien, con seguridad y sin dañar lo que rodea.
Madera: suavidad, control y brocas de punta afilada
La madera es un material noble pero delicado. Requiere una entrada progresiva y una velocidad media para evitar que la broca queme la superficie. Las brocas para madera —con punta centradora y dos filos laterales— están diseñadas para cortar sin astillar.
Un buen taladro, como el Bricoset Taladro Percutor de Ferrestock, permite ajustar la velocidad en dos marchas: una lenta para iniciar la perforación y otra más rápida cuando el orificio ya está guiado. Con un diámetro máximo de perforación de 10 mm, es ideal para estanterías, marcos o muebles de interior.
El secreto está en sujetar firmemente la pieza y retirar el polvo con frecuencia para evitar sobrecalentamiento. Así se logra un acabado limpio, sin bordes irregulares ni grietas.
Metal: precisión y refrigeración constante
Taladrar metal exige precisión y paciencia. A diferencia de la madera, el acero o el aluminio no perdonan errores: una presión excesiva puede romper la broca o deformar la pieza. Las brocas para metal, fabricadas en acero al cromo-vanadio, ofrecen resistencia al calor y durabilidad.
Conviene usar siempre lubricante o aceite para reducir la fricción. El modo de rotación continua del taladro ayuda a mantener la temperatura bajo control, mientras el par de giro ajustable —hasta 35 Nm en el modelo de Ferrestock— permite adaptar la fuerza al tipo de material.
En estructuras metálicas o tuberías, la clave es mantener la velocidad baja y evitar la percusión. La regularidad del pulso es más importante que la potencia.
Pared y ladrillo: cuando la fuerza marca la diferencia
Las superficies duras como el ladrillo o el hormigón exigen otro enfoque. Aquí entra en juego el modo percutor, una función que combina giro y golpeo para abrir paso entre los granos del material. Las brocas para pared, con cabeza de widia, soportan el impacto sin perder filo.
Activar el percutor solo cuando el taladro está apoyado evita rebotes o daños en el revestimiento. En este tipo de perforaciones, la segunda velocidad del taladro Ferrestock (hasta 1850 rpm) y la batería de 21 V Li-Ion ofrecen la potencia necesaria sin depender de cables ni tomas de corriente.
Para mantener el control, es recomendable sujetar con ambas manos y marcar el punto con un punzón. Así se evita que la broca resbale y se logra un orificio más limpio.
Errores comunes al perforar (y cómo evitarlos)
Uno de los fallos más habituales es usar la misma broca para distintos materiales. También lo es aplicar demasiada fuerza, lo que puede dañar tanto la herramienta como la superficie. Otro error frecuente es no limpiar el polvo entre pasadas, algo que reduce la eficacia y aumenta el riesgo de sobrecalentamiento.
Los expertos recomiendan mantener un set completo de brocas específicas —madera, metal y pared— y revisar su estado con frecuencia. En maletines como el Bricoset de Ferrestock, los juegos de brocas y puntas están clasificados y protegidos, listos para cualquier tarea sin necesidad de improvisar.
Seguridad y mantenimiento: la parte que nunca se ve
Más allá de la técnica, la seguridad es esencial. Usar gafas protectoras, fijar bien las piezas y comprobar que la batería está correctamente cargada son pasos básicos. El taladro debe mantenerse limpio, sin restos de polvo ni grasa, y guardarse en un maletín cerrado para proteger sus componentes.
El acero al carbono y el CRV con los que están fabricadas las piezas del set Ferrestock aseguran una larga vida útil, siempre que se conserven adecuadamente. Un pequeño gesto —limpiar tras cada uso, revisar las brocas, lubricar— marca la diferencia entre una herramienta que acompaña años y otra que se oxida en el cajón.
Conocer la superficie, elegir la broca y ajustar la velocidad: tres pasos sencillos que separan un trabajo improvisado de uno bien hecho. Y con un maletín completo como el Bricoset Taladro Percutor + Herramientas, cualquier proyecto doméstico se convierte en una tarea precisa y segura.


